Sugerencias y pensamientos en voz alta…de una posible reforma de la Educación/Formación Vial en las Escuelas Particulares de Conductores


Como profesionales que queremos ser de la Educación/Formación Vial y, por consiguiente, implicados en la Seguridad Vial y la Movilidad Sostenible, deberíamos saber y conocer  que nuestra misión no consiste tan solo en complacer a nuestros alumnos, buscando “formas”, “trucos” o “subterfugios”, para memorizar preguntas y respuestas que les ayuden  a superar las pruebas  o exámenes para “sacar” u “obtener” el Permiso de Conducir. Más bien, nuestro objetivo o misión debería consistir en ser unos verdaderos docentes, salir del área de servicios, tan controlada por la impertinente y desagradable Comisión Nacional de Mercados y Competencia que nos convierte más en comerciantes que  en docentes de la Formación Vial,  desarrollando una labor social importante y necesaria de que, los aprendices a conducir vehículos automóviles mediante destrezas y habilidades para el manejo de los mismos, también sepan “circular” por las vías públicas con la mayor seguridad, eficacia y responsabilidad posible, mediante buenos comportamientos, hábitos, actitudes y valores; sin olvidarse nunca del uso solidario y cívico  de las mismas. 

Las Administraciones Públicas o CEE deberían estar obligadas a reconocer a las Academias Particulares  de Conductores, en estos nuevos tiempos de innovación, creatividad y avances tecnológicos, como “Centros de Educación/Formación Vial y Auxiliares para el Transporte” y que, además, son los centros más adecuados para tomar en consideración y como referencia para transmitir o comunicar a los ciudadanos usuarios de las vías públicas los conocimientos necesarios y suficientes para que comprendan la importancia que tiene el “factor humano” como actor y protagonista en los siniestros viales. Cuestión ya denunciada y reconocida por las Asociaciones de las Víctimas de Siniestros en el Tránsito

Es nuestra obligación, como profesionales de la formación vial, ser extremadamente cautos y exigentes  con la formación de las nuevas promociones de “Profesores de Educación/Formación Vial“, con el fin de conseguir profesionales altamente cualificados y de calidad exquisita para desarrollar la importante tarea de prevenir los riesgos viales y ayudar al desarrollo de la Movilidad Sostenible en las ciudades, y que, en un futuro próximo, puedan ser “homologados” como idóneos para opositar  a ser evaluadores de los exámenes de tráfico y poder así calibrar, por su experiencia, las capacidades  de los futuros conductores en sus distintas modalidades, especialidades y disciplinas (examinadores de calidad). Por todo ello, en estos concursos para otorgar la concesión y confianza de la formación de estos profesionales, ha de extremarse en que este servicio no recaiga sobre la más baja oferta o empresas fantasma sin historia alguna, que solo busquen o traten de sacar lucro o negocio de esta misión que debe de considerarse seria; su importancia y transcendencia en la formación de “calidad” de estos nuevos profesionales de la formación vial ha de ser vital y considerarse de gran importancia para no tener formadores viales certificados con sello de caucho.

El campo de actuación de las Escuelas Particulares de Conductores no debe limitarse únicamente y exclusivamente a los aspirantes a la obtención del Permiso de Conducir, sino que debe ampliarse, necesariamente, con la formación adecuada, a la “reeducación” de los conductores infractores, participando en los cursos de sensibilización y concienciación de estas personas que incumplieron las normas sociales de convivencia, utilización de forma ordenada y cívica de las vías públicas, los llamados “peligrosos viales“. También sería bueno utilizarlos, con la preparación suficiente, especializada y conveniente, para ser colaboradores con las Policías Locales, coordinados por los Profesores de los Colegios, para iniciar a los alumnos como futuros usuarios de las vías en los cumplimientos de las normativas viales y respecto a las señales de las mismas, como garantía de una seguridad vial efectiva y de prevención de los siniestros viales. 

También sería importante para los Profesores de Formación Vial, con la formación idónea, ser utilizados para dar conferencias a personas mayores, gratuitas y subvencionadas por la Administración por la recaudación de multas de tránsito, previas a la renovación del Permiso de Conducir, sobre nuevas normas y señalizaciones viales que hayan surgido en ese periodo, quedando las anteriores ya obsoletas o sin uso. Sin olvidar los avances en las nuevas tecnologías en la conducción muy necesarias para estos conductores.

Por todo ello, se hace imprescindible y necesaria una formación “continua  y permanente” de estos profesionales, para que se olvide ya la sociedad civil de aquellos viejos, aguerridos y valiosos instructores  que se les mal llamaba. injustamente, “pisapedales“., cuando eran unos inmejorables instructores en destrezas y habilidades para manejar aquellos vehículos automóviles.

                                                   José Manuel López Marín

¿Estamos bien formados y capacitados para desarrollar nuestras tareas educativas/formativas?


En esta profesión de formadores viales, se impone romper con los malos hábitos, malas costumbres y las rutinas tóxicas que se fueron creando en estos últimos años, orientadas más al mercantilismo que al aprendizaje o la verdadera formación vial instruccional de los futuros conductores.

Necesitamos estar bien formados y capacitados para desarrollar nuestra labor docente, siempre con una permanente renovación de conocimientos y las artes de saber comunicar aprovechándonos de las nuevas tecnologías didácticas como auxiliares de una buena comunicación. pero siempre sin perder la conexión dicente/discente en el aula, ya que es el tesoro a conservar por las autoescuelas el verdadero magisterio del profesor, siempre en contacto permanente con sus alumnos.

Necesitamos ser buenos comunicadores de conocimientos y conceptos razonados de las normas y las señales, aún más importante, de los factores de riesgo para los conductores de los vehículos automóviles. Creer en la importante labor que desarrollamos como formadores /educadores, y ser guía y modelo de aprendizaje para un alumnado que viene a nuestros centros con una educación errónea y vicios, adquirida por simpatía o por imitación a lo largo de su experiencia familiar o exterior.

Muchos de nosotros, en ciertos momentos, nos sentimos confundidos y desnortados, no tenemos claro si somos profesionales de la enseñanza de la conducción o vendedores de entrenamientos para “sacar” el premiso de conducir. Pero, sin duda y por fortuna, muchos de nosotros, contamos con la formación vial suficiente y necesaria para educar/formar buenos y responsables conductores de vehículos automóviles, por tanto, algo tenemos que decir en este sentido y sin embargo, por culpa de “algunos” hemos perdido prestigio y no estamos reconocidos  en ninguno de esos dos ámbitos.

Aunque en los últimos años se ha mejorados los sistemas de formación del profesorado adaptándolos a las nuevas tecnologías y otras especialidades, seguimos sin contar con una “titulación académica o profesional“. Por otra parte, la formación de conductores no está reglada mediante unos programas con buenos contenidos y con un desarrollo obligatorio/controlado en el aula de la autoescuela. A los profesores se les limita a un simple “certificado” de tener unos conocimientos que les habilite instruccionalmente para formar conductores y todo sigue siendo competencia de un Ministerio  que, poco o nada, tiene que ver con la “educación en actitudes”.

En cuanto al sistema de evaluación de este proceso enseñanza/aprendizaje de los  conductores es completamente obsoleto y arcaico, se centra más en la formación que en la educación para superar la prueba, mediante memorización de preguntas y respuestas o sea, conocimientos conceptuales relativos y repetitivos basados en la memoria de los alumnos.

En el práctico, de habilidades y destrezas, en circuitos repetitivos, cansinos y rutinarios de determinados evaluadores, pero nos seguimos olvidando de la enseñanza y evaluación de los conocimientos actitudinales de normas, señales, valores de los comportamientos y factores de riesgo, tan importantes para conseguir un proceso  educativo/formativo de “calidad”y, a su vez, de desarrollar un cambio de mentalidad de toda una sociedad necesitada de conocimientos del tránsito por las vías públicas de forma segura, con responsabilidad y cortesía.

El sistema de evaluación limita mucho nuestro campo de actuación como profesores de formación vial, puesto que convierte la obtención o “sacar” el permiso de conducir en un mero trámite administrativo, visto por una sociedad hipócrita y la CNMC, como algo especulativo, de mercado barato,  y prácticamente desvinculado de la educación/formación vial por culpa de “algunos descerebrados” que, por ganar dinero fácil”  han perdido la identidad de formadores /educadores.

No existe la menor duda, que existen muchas academias de conductores o de manejo, que se centran más en el negocio y la codicia que en la educación/formación de conductores seguros, competentes y responsables, sensibilizados en la problemática actual del tránsito. ¿Hasta dónde llegaremos con estas ideas? ¿Es un simple negocio o también un centro de formación de conductores? Sobre nuestras conciencias debe recaer el gran peso de no haber cumplido con nuestra labor educativo/formativa y no haber proporcionado a nuestros alumnos las herramientas necesarias y suficientes para ser conductores seguros, prevenidos y responsables ante cualquier situación de riesgo en las vías públicas. ¡¡Sres de la CNMC estamos hablando de vidas humanas!! Somos una mayoría los que deseamos desempeñar nuestras tareas con profesionalidad, dedicación y entrega, para conseguir y dotar a nuestros alumnos de una enseñanza de “calidad”.

                                                     jOSÉ MANUEL LÓPEZ MARÍN

Las Leyes,Reglamentos,el Capa….y la importancia de los profesores de Educación/Formación vial


Los españoles y los argentinos somos los  más proclives a legislar mucho para luego….no hacer nada,,, de nada… y hacer una buena y certera aplicación de lo legislado. Se lleva más  a efecto y a la práctica  aquello de que: << quien hizo la ley, también hizo la trampa>> Lo vemos en el actual Reglamento de Academias Particulares de Conductores de muy difícil aplicación e interpretación en las diversas Jefaturas Provinciales de Tráfico y Locales, muy policromado en sus interpretaciones. Lo estamos viendo con el CAPA, que beneficia a unas provincias de máxima producción y perjudica a las “pobriñas” que viven al día, todo para resolver un problema laboral de funcionarios en detrimento de unas tareas que se deben dar de calidad a la ciudadanía que paga unas excelentes tasas por ese servicio de exámenes o evaluaciones para obtener el permiso de conducir. De todo esto, es experto el usurpador de funciones  orensano, que es un lince en tergiversar estatutos en provecho propio y conseguir recompensas personales para vivir del cuento o la sopa boba como ha hecho durante muchos años.

Hace pocos años con la LOE (2006), Ley Orgánica de Educación, asistimos al comienzo o aparición de una asignatura medio política en el sistema educativo español, denominada “Educación para la ciudadanía“, que sonaba bien en los oídos, enfocada a resolver conflictos generados por una sociedad en constante evolución, donde uno de los temas a tratar sería el de la “seguridad vial”, pero, desgraciadamente, con poca incidencia.

En lo referente a la “formación vial” es donde nuestro colectivo entra en función. La “educación no formal“, que es la nuestra, tiene un papel muy importante dentro de esta sociedad, puesto que, aunque carezca de una mediación pedagógica explícita, está latente dentro de la comunidad y en contacto directo con todos los ciudadanos, abarcando un tramo de edad muy amplio, desde que se comienza la obtención del permiso de ciclomotor.

Las Academias Particulares de Conductores y, por supuesto, los Profesores de Formación Vial, surgen en respuesta a la creciente demanda de a formación de conductores de vehículos automóviles, sin apenas legislación, organización o métodos oficiales de enseñanza, pero con mucho sacrificio, esfuerzo y dedicación. Es a partir de 1969, año siguiente en en que murió mi padre, cuando, con la aparición del primer Reglamento de Academias Particulares de Conductores se comienzan a fijar nuestras funciones y competencias; seguro que aún no habría nacido el ambicioso y vividor “afilador” ourensano. Llevamos dedicándonos a la Formación Vial desde hace más de un cuarto de siglo y nuestro papel dentro de la sociedad, aunque a veces no se contempla así por algunos desaprensivos, es fundamental, importante  y necesario para prevenir riesgos viales y salvar vidas, ya que cada día que pasa intentamos mejorar nuestras enseñanzas y acciones educadoras/formativas, dirigiéndolas a una educación/formación de calidad.

El profesor de formación vial tiene un bagaje histórico y larga experiencia en torno a la seguridad vial, pero todavía nos queda mucho por hacer y bastantes singladuras para navegar hasta arribar a buen puerto.

La educación/formación vial precisa de una continuidad a lo largo de la vida de las personas, no solo en el ámbito escolar. Nosotros como profesores de formación vial, con una especialización en esta materia, deberíamos ser las figuras idóneas para dar ayuda y respuesta a esta demanda social actual de generar actitudes comportamientos y conductas en los que van a ser futuros conductores de automóviles y que están en los colegios.

Por otro lado, al igual que ocurre en la legislación de la educación vial, la nuestra va quedando obsoleta y rutinaria en los días en que vivimos. No hace mucho, relativamente reciente, se prepara en Pedagogía y Psicología a los futuros profesores de autoescuelas, complementados con pequeños recursos didácticos y metodológicos. Hasta la llegada del Reglamento de 1984 no aparecen aspectos de formación pedagógica en  del profesorado de las autoescuelas, base fundamental para que podamos tener herramientas necesarias y útiles para poder transmitir a los alumnos conceptos y los conocimientos necesarios y constructivos para conseguir unos buenos y responsables conductores.

En todo proceso de enseñanza o aprendizaje se trabaja con tres tipos de conocimientos: A) Conceptuales B)Procedimentales (destrezas y habilidades) C) Actitudinales. Es imposible quedar solo con los dos primeros; la mera transmisión de habilidades y destrezas en torno al manejo del vehículo automóvil y a la enseñanza de conceptos relacionados con la seguridad vial y normas en general es poco significativo; sino que debemos trabajar con conocimientos actitudinales para dar una formación integral y de calidad a los futuros conductores.

En contraposición “algunos cerebros” del sector, que solo piensan en el dinero fácil, inventaron los conocidísimos cursos mercantilistas denominados “exprés” o “intensivos“, bajo la pasividad tolerante de la Administración, realizados en cinco días o fines de semana, enfocados a técnicas o trucos para superar el examen, en detrimento de la seguridad vial y también a un deterioro de la figura del profesor de formación vial. Ya no digamos  los cursos “low cost” que más se semejan a un zoco árabe pero del agrado de la CNMC donde vale todo, menos las vidas humanas. A lo que hay que añadir la llegada de internet y nuevas tecnologías de memorización de preguntas y respuestas. Los TIC (Tecnologías de la Información y Comunicación), que en vez de hacer un buen uso de ellas como herramientas pedagógicas auxiliares, son utilizadas como sustituto del profesor, lo que hace imposible trabajar con las actitudes de los alumnos, al no existir la interacción presencial profesor/alumno, por no existir asertividad y empatía, bases de la comunicación y la dinámica de grupos. Por todo ello, el aprendizaje de la conducción se está convirtiendo en un negocio, mediante un sistema “memorístico” y “repetitivo“. Similar a las antiguas escuelas donde te obligaban a aprender de memoria los ríos de España, la lista de los “Reyes Godos” o los ministros de la reina Isabel II. Lo grave, es que la DGT propicie y facilite esta situación, colgando baterías de preguntas de examen en su página web.

Con todas estas cosas, la figura del profesor de formación vial está desapareciendo en el aula de las autoescuelas, es usurpada o suplantada por personas sin formación ni certificación oficial o por máquinas a distancia de las llamadas “plataformas digitales” que algunos políticos ineptos amparan como pago del voto. Es muy difícil impartir clase, ya que los alumnos solo les interesa “sacar” el carnet de conducir, el reto de un buen profesor consiste en enseñar constructivamente y no, dar simplemente información o corregir test para que puedan superar el examen. Es necesario y muy importante comunicar las normas, pero mucho más importante razonarlas y fundamentarlas, para que no solo vean los alumnos que vienen de una imposición reglamentaria, sino como algo beneficioso para ser sociables y convivir con los demás usuarios de las vías. A la vez, sean capaces  de integrarlas  dentro de su conducta, también asimilarlas como algo positivo para prevenir situaciones de riegos viales, y para poder salvar vidas.

                                           José Manuel López Marín

¿Academias de Conductores o de Manejo, Autoescuelas o Centros de Educación y Formación Vial?….???????


Hacer comentarios o hablar cómo debe ser la formación vial en las autoescuelas, para que pueda ser interesante en el “cambio de actitudes” de los alumnos, supone audacia y un atrevimiento, por lo que previamente quiero hacer unas aclaraciones o consideraciones.

En primer lugar, quiero dejar claro o matizar desde mi humildad que no es mi pretensión o deseo dar lecciones a nadie y menos a ningún profesor de formación vial, de los que, de “algunos“, tenemos mucho que aprender en esta vida, máxime en estos momentos que el “acuerdo ruin de las escaleras” entre unos “villanos” trata de destruir, enmierdar, degradar o echar por los suelos los estatutos de una digna Federación que fue ejemplo durante muchos años para toda España por su buen hacer, acciones, compañerismo y contribución al bien común de todos. ¿Del día a la noche, cambiaron las cosas? ¿qué motivo oculto existe?¿Toca obtener algún premio o botín, para tanto interés?. Realmente,…¡Qué pasa?

Dejando atrás estas “vanalidades”, “desagradecimientos” e “incomodidades” de la vida, solo pretendo o deseo aportar, insisto, con humildad, algunas ideas o reflexiones de un anciano incompetente y vacío de ideas, próximo a la demencia senil según unos “listillos”, eminentes  y jóvenes valores, por si sirven o pueden  contribuir o ayudar a mejorar la formación vial y, sobre todo, el “cambio de actitudes” de los alumnos que acuden a las autoescuelas con la intención o finalidad de aprender a conducir vehículos automóviles.

En segundo lugar, soy consciente de que algunas cosas que voy a enumerar sobre la formación vial son muy deseables, pero no son todas posibles o se acercan a la utopía en esos momentos. Pero las ideas y pensamientos se aportan para ver si con el tiempo y la razón se puede conseguir ponerlas en práctica, al menos algunas de ellas. Tenemos suerte de tener en estos momentos un buen Director de la DGT, inteligente, receptivo y un buen equipo en su entorno como colaboradores que le acompañan para el buen fin de la Educación/ Formación vial.

Por otro lado, tengo el convencimiento que todos coincidimos en que trabajar solo las “aptitudes“, las capacidades y no hacerlo en las “actitudes” no es suficiente si se quiere consolidar un buen modelo de formación vial

Por todo ello, no voy a tener la pretensión, atrevimiento,arrojo u osadía de hacer con tan pocas palabras un programa completo de formación vial en el “cambio de las actitudes“. Si no tratar conceptos con humildad, de forma sencilla, lógica y razonable.

Incidir en “actitudes” y mejorar  el sistema de formación vial en las autoescuelas no es  baladí ni nada fácil. Son muchos y muy complejas las cuestiones a considerar, por lo que  se puede dividir el el tema y considerar en varias dimensiones  o ámbitos. que deberían tenerse en cuenta si se desea trabajar las actitudes en la formación vial.

Todo esto puede parecer algo teórico, de demencia senil de un soñador, o que carezca de interés, pero puedo asegurar que no se trata de eso. Según la concepción que tengamos del siniestro en el tránsito o de la seguridad vial, se desprende una forma u otra del sistema de enseñanza o aprendizaje de los conductores en las Autoescuelas o Centros de Formación Vial.

Durante muchos años se pensó que el problema del siniestro en el tránsito solo estaba  en la ejecución incorrecta de las maniobras o manejo del vehículo, por lo que las estrategias formativas se dirigían exclusivamente en potenciar las “aptitudes“, mediante el sistema tradicional y clásico de enseñanza de destrezas y habilidades del manejo del volante, algo que ha estado en uso siempre en las viejas concepciones de las autoescuelas, que en algunas aún se mantienen, no solo en los países hermanos iberoamericanos, también en España, con una parte teórica apps de algunas autoescuelas mercantilistas que para practicar el “low cost”, tan bendecido por la CNMC, solo enseñan a sus alumnos trucos o a memorizar preguntas y respuestas para superar la prueba exigida para “sacar” el Permiso de Conducir.

En la década de los años cincuenta se llega al resultado y conclusión definitiva de que los siniestros en el tránsito no son solo consecuencia del mal manejo o ejecuciones incorrectas de las maniobras en el volante. Se llega a conclusiones que un adelantamiento no se hizo mal, es que no se debería haber realizado. Que el problema del siniestro vial, normalmente y la mayoría de las veces, está en el momento previo a la maniobra, en lo que podríamos calificar o denominar como fase de “la toma de decisiones“. Ese preciso momento, los conocimientos, conceptos viales, la buena educación/formación vial y, sobre todo, las actitudes, valores, comportamientos y responsabilidad del conductor desempeñan un valor necesario y fundamental.

Según sean las “actitudes” de los conductores y su formación vial presencial en el aula de las autoescuelas en conocimientos claros de interpretación racional de las normas y reconocimiento de los valores de las señales, los factores de riesgo como: el consumo de drogas y alcohol, sus efectos dañinos y peligros sobre el cuerpo humano en el momento de la conducción, las distracciones al volante, el uso inadecuado de la velocidad, los medicamentos, etc.. , van a influir en las decisiones que se van a tomar y el estilo de conducción va a ser muy diferente. Es pues evidente,que en el proceso de enseñanza no basta que se memorice lo que dicen las normas ni se aprendan de memoria las señales, es ir mas lejos, generar en las autoescuelas un prestigio por buenos conocimientos  y preparación, para llegar a ser ser necesarias, imprescindibles e importantes para la sociedad, contribuir a la disminución de los siniestros en el tránsito formado buenos y responsables conductores y con ello mejorar la salud pública.

Tengo el convencimiento pleno, que estos “centros docentes” deberían ser los mejores lugares o sitios idóneos para la formación de “actitudes” en los futuros conductores o para la renovación de conocimientos de los ya existentes. El nombre que se les da, no es el adecuado. Ese nombre Autoescuela o Academia de Conducir o de de Manejo, responde al viejo modelo “aptitudinal” (conseguir destrezas y habilidades de los conductores al volante) de lo que se creía era el tránsito o la conducción y la seguridad vial, aprender a manejar un automóvil. Si los educadores/formadores se llaman Profesores de Formación Vial no tiene sentido llamar a estos centros autoescuelas o academias de conducción o de manejo.

Si hablamos de “actitudes“, un cambio de nombre de las autoescuelas no estaría mal visto y sería más lógico llamarles a estos centros de “Educación y Formación Vial“, y una mejor imagen para los alumnos que accedieran a los mismos que irían para ser bien formados y aprender algo más que el manejo o manipulación de un vehículo automóvil y memorizar unas normas elementales.

También, podemos creer y pensar,que este “cambio” de nombre generaría una imagen social de “cambio”, renovación del sector y profesión, con mayor acoplamiento y adaptación a los nuevos tiempos y adelantada sociedad, así como las nuevas concepciones  en materia de seguridad vial y movilidad sostenible. Los alumnos entrarían en estos centros con una “actitud” diferente de lo que allí pretenden aprender.

                                                  José Manuel López Marín