La confianza de la Sociedad en el sistema educativo/formativo de las autoescuelas como “necesario y eficaz” para evitar los siniestros en el tránsito por las vías públicas


Diversos expertos han tratado de hacer un análisis sobre qué tipo de conocimientos profesionales debe tener el profesorado de los centros de Formación/ Educación Vial, las llamadas autoescuelas. La mayoría coincide en la necesidad de conocimientos polivalentes que comprendan diferentes ámbitos para ya romper con la escuela tradicional  que ya queda obsoleta y rutinaria para los tiempos en que vivimos, en que la economía de estos centros va en declive o camino de la ruina y la bancarrota. Todo lo que podríamos denominar el sistema educativo/formativo de los futuros conductores de automóviles, los problemas que originan la construcción del conocimiento, el pedagógico general entendido como la cultura educativa de presencia en el aula de la autoescuela, el metodológico-curricular como intervención práctica, el contextual y el de los propios sujetos de las enseñanza (dicentes y discentes). Destacaría la importancia de conocimientos sobre el ámbito sociocultural, en estos días muy importante la investigación sociocientífica, –con implicaciones sociales de las ciencias y su transmisión-, considerando que la mayoría de estas propuestas, casi utópicas,  el medio contextual lo refieren  normalmente  al ámbito estrictamente institucional.

Todo ello, tiene el peligro de querer formar al profesorado en tantos ámbitos, en tantas materias y especialidades que esa polivalencia  para dar servicios formativos se convierta en confusión, superficialidad y ambigüedad en los conocimientos, llegando al dicho. <<Profesor de todo, sabio de nada>>

En estos últimos años, la aportación y las inquietudes de los colectivos de profesores de educación/formación vial a su clasificación de lo que se entiende por función docente (respaldada por un título del ministerio de educación  o Universidades) ha sido considerable, recordemos los diversos intentos por el sistema de Formación Profesional que no tuvieron buen fin. Si hacemos un recorrido histórico de este interés de la profesión y función docente encontraríamos una preocupación evidente y lógica de este colectivo profesional de profesores y profesoras de formación vial, traducida en jornadas reivindicativas, reuniones nacionales e internacionales, manifiestos, en los que se ha realizado un prolongado debate sobre la función importante y necesaria para la sociedad de estos profesionales, la formación continua y permanente del profesorado y la renovación pedagógica , aunque centrado, predominantemente, en la función docente de ser unos buenos comunicadores de conocimientos y conceptos viales para prevenir el riesgo y evitar las muertes en el tráfico, siempre todo orientado a conseguir  la denominada y deseada “autoescuela de calidad” ya experimentada en Cataluña, con buenos comienzos y resultados

En la propuesta de este modelo para la discusión, podrían adjuntarse los temas que durante los últimos años. han preocupado al profesorado de estos centros de educación/formación vial. y que  serán importantes y destacados como la autonomía y globalidad, dos elementos que se introducen con fuerza y poco analizados o criticados en el nuevo concepto de las funciones docentes en esta nueva cultura profesional que pretendemos.

Deberíamos de pensar cuáles deben ser las características de nuestra profesión de formadores viales a) Como una capacitación tecnicopedagógica y práctica. b) conocimientos culturales, pedagógicos, didácticos, etc…c) Reconstrucción crítica del conocimiento compartido en el aula (dinámica de grupos). d) Trascendencia social y relación sociedad con la autoescuela.e) Competencias compartidas con los diferentes elementos, así como la práctica del consenso.

Es importante incidir y destacar los aspectos que ya se mencionaron: el desarrollo profesional del profesorado, tanto en su formación inicial como en la permanente, en una cultura verdaderamente profesional que desarrolle una visión del profesor de formación vial como elemento activo, agente social y profesional crítico que colabora  y se confronta con otros profesionales.

Las escuelas de conductores, autoescuelas o centros de formación vial tenemos que asumir que, en un futuro próximo, tenemos que conseguir ser “importantes y necesarios” para la educación/formación de los nuevos conductores y eso  lo podemos transmitir o comunicar a la sociedad, que tiene que creer en nosotros, por nuestro prestigio  como la única forma segura y eficaz de obtener el permiso de conducir en condiciones eficientes y de garantía de conocimientos, destrezas y habilidades para conducir o manejar los vehículos automóviles por las vías públicas con seguridad, uso compartido y responsabilidad, sin peligro para otros usuarios vulnerables de las mismas.

                                           José Manuel López Marín

 

 

Reproducción del articulo del Sr. Juanjo Olivas acerca del “Informe de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia” sobre el proyecto de la DGT de la “obligatoria” presencia de los alumnos en el aula de la autoescuela en los cursos de prevención de riesgos viales.


Estos días de descanso, asueto y con tiempo para leer, me encontré con un articulo de mi buen amigo y compañero de “aquellos tiempos” Juanjo Olivas, cuyo contenido es de diez y para sacase el sombrero, por lo que con el mayor respeto y consideración trato de reproducir por el valor que tiene.

ACERCA EL INFORME DE LA COMISIÓN NACIONAL DE LOS MERCADOS Y LA COMPETENCIA

CAPACITACIÓN Y/O EDUCACIÓN DEL PRECONDUCTOR/A

Alguien está confundido…

Capacitar, instruir, formar, educar

No es necesario haber leído grandes tratados de pedagogía para saber que los sustantivos que se derivan de estos verbos tienen significados diferentes, aunque, a veces, sen tan sutiles que puedan confundirse.

Una persona involucrada en esta polémica ha dicho:  <<cualquier enseñanza y aprendizaje es educativo>> Enseñar y aprender a fabricar artefactos explosivos para atentar contra la vida, ¿es educativo?

Hay otro tipo de confusiones que se publican, no sé si de manera interesada para aumentar el barullo, tergiversar las cosas o como consecuencia de desconocimiento de algún periodista. Una muestra más que ayuda a confundir son los siguientes titulares de diferentes periódicos digitales.

La DGT pierde la primera batalla: <<las clases teóricas del carnet de conducir se podrán dar desde casa>>

-Varapalo a la DGT: <<Puedes sacarte el carné de conducir sin pasar por la autoescuela>>

Habría que decirle al autor del primer que las clases “teóricas” se pueden dar, no desde ahora, sino desde hace muchísimos años, en su casa, en la mía, en la playa en la montaña y hasta no darlas en ninguna parte y al autor del segundo que muchos españoles se han “sacado” el permiso de conducir, desde hace años, sin pasar por la autoescuela. Hace muchas décadas que en España existe la enseñanza libre para “sacarse” el permiso de conducir. Por la lectura del texto que sigue a sendos titulares, sabemos que se están refiriendo a la iniciativa de la DGT sobre el curso de sensibilización, pero quien lea solo el titular se irá a casa confundido y desconcertado.

La capacitación para pre-conductores es una de las medidas básicas destinadas a reducir la participación de los jóvenes en los accidentes graves de tráfico al comienzo de su actividad como conductores.

Autores como Senserrick y Haworth  (2005) definen la capacitación para conductores <<como cualquier tipo de esfuerzo mediante la enseñanza  y el aprendizaje destinados a aumentar los conocimientos, las habilidades y las destrezas de los conductores en el tráfico de manera que mejoren la seguridad>>

Se podría afirmar que la diferencia entre la educación del pre-conductor y la capacitación del pre-conductor es bastante sutil pero tiene sus diferencias. Mientras que la capacitación se dirige predominantemente a los conocimientos, las destrezas y aptitudes, la educación trata de mejorar las actitudes y la disposición a ser un conductor seguro y responsable mediante comportamientos adecuados.

Durante el tiempo (la mayor parte de mi vida laboral) que me he dedicado a la formación de conductores, lo he hecho desde el convencimiento de que cualquier actividad relacionada con la seguridad vial  solo dará resultados positivos si se actúa sobre tres ejes: “el saber que hay que hacer“, “el saber como hacerlo” y “el querer hacerlo“. Creo que lo más difícil de transmitir, poner en práctica y conseguir buenos resultados es todo aquello que pivota sobe el tercer eje. Un joven, por ejemplo,  no hace el stop, no porque no sepa el significado de la señal R-2, ni tampoco porque no sepa como hacerlo, sino porque, por algún motivo que se nos escapa no quiere hacerlo. Podríamos poner infinidad de ejemplos.

Las autoescuelas tradicionales, no solo las de España si no las de la mayoría de países de la UE han seguido el siguiente aserto:.<< no se enseña lo que no es evaluado>>. Y los contenidos del tercer eje como las actitudes, las ideas, las creencias, las emociones, la solidaridad con los más vulnerable., los factores de riesgo, las medidas preventivas (de esto último se daba información, pero es insuficiente), etc.., como no se evalúan, no se han trabajado. Y lo cierto y verdadero es que debido a ello ha habido un deficit en la formación de conductores en todo aquello que desde nuestra modesta opinión se mueve en torno a ese susodicho tercer eje.

No se trata en este “curso presencial” de incrementar los conocimientos, destrezas o las aptitudes. Se trata de subsanar ese déficit que viene arrastrando la formación tradicional intentando incrementar la sensibilización de los conductores sobre los riesgos de la circulación vial. Y la manera más eficaz de conseguirlo, mientras no se demuestre lo contrario,  es la “educación presencial“.

La autoridad de competencia no lo ve así, y cree que la presencialidad es una restricción injustificada que no contribuye al fomento de la competencia de los mercados (¿?)

Sobre la exigencia de que la formación (yo hubiera dicho educación) sea presencial, la consejera que formula su voto particular dice: << ……. tiene un efecto negativo sobre la competencia en el sector, en la medida en que con ella se favorece los modelos de negocio presenciales respecto de los modelos de negocio “on line” en este momento existentes. La nueva exigencia genera, por tanto, discriminación de unos modelos de negocio respecto de otros. además, la presencialidad supone necesariamente un encarecimiento de los costes para los estudiantes que de un modo u otro se repercutirá en el coste del producto final>>. Las autoescuelas han repetido una y otra vez que no tiene por qué ser así.

Sigue diciendo:  Sin embargo no puede considerarse acreditado que la presencialidad sea necesaria para alcanzar el objetivo de protección de la seguridad vial.

Las referencias que se recogen en la MAIN al contacto directo entre profesor y alumno como instrumento facilitador de la expresión corporal de sensaciones y de intercambio de opiniones pueden no ser cuestionables. Sí lo es,  sin embargo, en opinión de esta consejera, que tal manera de interacción sea imprescindible (necesaria) para alcanzar los adecuados niveles de protección de la seguridad vial. Tal afirmación sería equivalente a asumir que los cauces no presenciales de formación no sean adecuados para alcanzar el objetivo pretendido, lo cual ha sido debatido por la academia y resulta contrario precisamente a los avances de la digitalización en la enseñanza no solo de conocimienos sino de aptitudes y capacidades.

Y para reforzar esta argumentación nos remite a los diferentes Organismos y Entidades que imparten cursos” on line” sobre seguridad vial.

Con todo respeto, me paree una argumentación un poco pobre y vacía, por no decir otra cosa que me la guardo por cortesía. Los cursos a que nos remite y el que propone la DGT de ocho horas no tienen nada en común. Los objetivos específicos, los contenidos, los destinatarios, la temporalidad son diferentes. No seré yo quien ponga en duda la utilidad de las tecnologías digitales para que sean integradas en las estrategias de enseñanza y formación y en los procesos de aprendizaje. Pero sí me parece, que para el tipo de educación (que no de capacitación, ni de instrucción ni de formación) del que se viene hablando, lo más adecuado es la presencialidad y el contacto directo de los educandos con sus iguales, con el profesor educador y con las víctimas de la violencia vial.

Como el informe no es vinculante, yo espero que el Señor Director General de Tráfico y su equipo sigan adelante con tan importante y necesario proyecto por el bien de la seguridad vial.

Por qué no montan un curso presencial las escuelas digitales y que el coste esté incluido en la enseñanza teórica o en la matrícula como creo que harán ( lo espero y lo deseo) las autoescuelas tradicionales, y así no habrá un sobrecoste y los alumnos (clientes) no salen perjudicados.

¡¡Todo sea por la seguridad vial y no tanto por el negocio!!

                                              Juanjo Olivas

 

 

Hablar de la enseñanza de la conducción de vehículos automóviles como un oficio moral, ético y necesario para la ciudadanía.


El tema de la importancia de la función docente en general, desde mediados del siglo pasado, ha sido tratado de variadas formas de ver e interpretar: pedagógicas, administrativas, sociales y políticas, la mayoría de las veces. Durante ese periodo,  la discusión o controversia se ha desarrollado en torno a diversos aspectos. En su forma fue predominante de cariz administrativo, y en su contenido, de orientación basado en la tradición docente, que siempre ha estado llena  de “creencias” y “valores” compartidos por otras tareas de forma transversal, lo que ha originado un concepto de una cultura de lo profesional de funciones y cualidades docentes basados en la sobrevaloración de la función social docente de estos centros de formación vial, alejados de lo que realmente afectaba al profesorado, y que otorgaba un determinado valor místico a su función.  Actualmente debido a los cambios sociales, culturales y educativos de estos últimos tiempos, los grandes temas que se plantean al ejercicio de la función docente son los siguientes : a) El de la transmisión o comunicación de valores, ya sea para situarla en unas funciones de comunicación cultural de los valores perennes de una determinada sociedad o para cuestionar este tema y establecer una función de análisis críticos de esos valores. b) En un análisis de lo que comporta asumir una profesión y una cultura de verdadero profesional de la enseñanza de la conducción dentro de “ciclos obligatorios” de asistencia de los alumnos aspirantes a la obtención del Permiso de Conducir  en el aula, marcados y controlados por la administración en el sentido de enseñanzas para prevenir los riesgos viales mediante la transmisión de conocimientos y conceptos claros para prevenir y evitar los siniestros en el tránsito, incidiendo en los alumnos para una “sensibilización y concienciación” de la importancia que tiene el conocimiento  de las normas viales de forma razonada no memorizada, de los factores de riesgo para circular con seguridad y responsabilidad por las vías públicas. c) El análisis de la existencia o no e importancia de un conocimiento especializado para el desarrollo de estas tareas formativas. d) El del exceso de funciones por la crisis en otras instancias educativas. Todo ello difícil de alcanzar en las famosas e ilegales “autoescuelas  digitales” que con tanto interés tratan de imponer determinados “lobbys” de poder, respaldados por codiciosos mercantilistas, que todos conocemos, que se autotitulan profesionales de la enseñanza de la conducción y solo buscan el vil dinero de la forma que sea. Son los verdaderos “intrusos” en nuestra profesión de formadores viales.

Es muy importante una reflexión sobre estos temas, decantándonos por una función docente de calidad y eficiente en busca de una cultura profesional en seguridad vial en la que exista  un conocimiento pedagógico especializado y con una función específica en el desarrollo de la capacidad de análisis crítico de los valores sociales que llevan a la prevención de los riesgos viales creando una cultura de ser necesarios e importantes en esta sociedad avanzada y moderna, que solamente pueden hacer profesores de formación vial mediante una presencia normalizada de los alumnos en el aula. Lo demás, son cuentos  de la buena pipa o los de Alicia en el país de las maravillas….Por tanto, demos nuestras bendiciones al Sr. Pére Navarro y su equipo de la DGT, ya que llevan camino y voluntad de hacerlo bien.

Por otra parte, el hablar de funciones viene de muy lejos; el hablar y escribir sobre profesión de formadores viales, profesionalización que muchos no practican  ni conocen o profesionalismo en la enseñanza de la conducción. Es, relativamente, un hecho cierto que se reconoce recientemente, o  al menos con un nuevo estilo de análisis y lenguaje unido, en los últimos tiempos, a los debates sobre las reformas formativas/educativas, y, sobre todo, aplicado a un profesorado hasta el momento no universitario, pero con aspiraciones de serlo. Es difícil, en los chats de conveniencia y tóxicos,  y otras cosas,  no encontrar en un texto, estudio o informe en el que no aparezcan repetitivamente los términos  de la profesión o profesional de la educación vial, lo que hace que haya sido asumido en el lenguaje formativo/educativo, en los alumnos y en el profesorado.

Es interesante, por tanto, incidir en un nuevo concepto de la profesión y función docente que iguale a todos los que se dedican a estas tareas formativas/educativas. a) Se trata de una actividad laboral continua y permanente,que sirve y se utiliza como medio de vida, no está subvencionada por nadie, se alimenta por recursos propios, por tanto, el profesor/a, como profesional, será sinónimo de profesor/a trabajador/a bien sea autónomo o por cuenta ajena b) Se trata de una actividad pública que emite juicios y toma decisiones en circunstancias sociales, políticas y económicas determinadas y de interés público como son los siniestros en el tránsito, lo que significa que está enmarcada en un contexto determinado que la condiciona a la mejora de la Salud Pública; que, por consiguiente, requiere una formación continua adecuada y específica en diversos conocimientos y capacidades, y que, además, determina el ingreso en un grupo profesional determinado de utilidad pública. 

<<POR TODO LO ANTERIOR, LA “FUNCIÓN DOCENTE EN LAS AUTOESCUELAS” ES EL EJERCICIO DE UNAS TAREAS DE CARÁCTER LABORAL FORMATIVO/EDUCATIVO  EN TEMAS DE SEGURIDAD VIAL AL SERVICIO DE LA COLECTIVIDAD O SOCIEDAD, CON UNAS COMPETENCIAS EN LA ACCIÓN DE FORMAR/ENSEÑAR A LA CIUDADANÍA, EN LA ESTRUCTURA DE LAS INSTITUCIONES EN LAS QUE EJERCE ESE TRABAJO Y EN EL ANÁLISIS DE LOS VALORES SOCIALES>>

Partimos de la base de que la función docente en las autoescuelas comporta un conocimiento pedagógico específico e importante, un compromiso ético y moral con la sociedad, y una necesidad de “corresponsabilización” con otros agentes sociales. No pude  ni debe ser una función meramente técnica de “expertos infalibles”, como pregona un ilustre paisano mio con marcadas ansias y deseos de conseguir el poder de la forma que sea.

Además, cuenta también con un componente práctico, ya que los profesores y profesoras de formación vial adquieren un cuerpo de conocimientos, destrezas y habilidades especializados durante un periodo de formación a lo largo de la vida profesional como resultado de una continua intervención en un contexto y una toma de decisiones aplicadas a situaciones únicas y particulares que encuentran durante el desempeño de su labor docente, que está entonces en un equilibrio entre las tareas profesionales en la aplicación de conceptos y conocimientos, el contexto en que se aplican, el compromiso ético de su función social muy necesaria, importante y la estructura de participación social existente en ese momento y en la que se está comprometido.

La alusión al compromiso ético, se puede decir.<< ¿Qué otro significado puede tener el hablar de la enseñanza de la conducción como oficio moral y necesario, sino el de poner de manifiesto el carácter  no instrumental de la enseñanza misma, es decir,  el hecho de que la enseñanza “no solo implica habilidad y juicio, sino deberes normativos”?>>

                                            José Manuel López Marín

Copiar cosas pasadas por copiar y volver a la rutina en las autoescuelas, es retroceder y entorpecer un posible cambio.


Año nuevo vida nueva, la mía va a cambiar sustancialmente ya que tengo las cosas muy claras y cuales han de ser mis decisiones, pero nunca porque nadie me empuje o ponga condiciones, ya que mi maquinaria gracias a Dios, de momento, funciona bien, estoy cuerdo, creo soy sensato y, de momento, no tengo demencia senil.

Copiar de cosas pasadas por copiar y volver a la rutina, no tiene sentido y serían poco creativas o innovadoras, ¡¡Qué menos, como hacíamos antes, copiar para aprobar!!. Bueno, bromas aparte, que ya pasaron los Santos Inocentes, si calcásemos todo lo que se presenta ante nuestra vista, nos faltaría mucho tiempo para durante nuestra vida profesional reproducirlo. Así que debemos hacer una clasificación y selección. Donde debemos de incluir el “cambio”. ¿Qué cualidades debemos tener? ¿Mucha paciencia, simpatía, dulzura, ser buena persona, muy responsable, honesto, tolerante, positivo , muy sabrosón,…. o quizás todas estas cualidades sin dejar ninguna? Cierto es que todo no podemos cambiarlo a la vez. Mejor, tomar una determinación y buscar un objetivo. Todos ellos siguiendo un criterio de lo que necesitamos, lo que más precisamos, como podría ser la responsabilidad para hacer frente a nuestras tareas y profesión de formadores viales. O lo que más nos agrade, guste o apetezca, como la positividad de sentirte libre, liberado de cadenas, lastres o pesos y, por tanto, mucho mejor así aligerado. Así que me corresponde a mí el deseo y voluntad de ser quien deseo ser, no que me lo determine ningún ambicioso espectador que forma parte de esta gran comedia de la vida. Gracias a la imitación podemos aprender todo lo que no es innato. Así que yo seré quien decida y desee ser  en un futuro, ni más menos, dentro de mis convicciones

Ahora que sabemos que los investigadores y científicos avalan la imitación y, que tenemos claras nuestras necesidades y sus posible beneficios o perjuicios, observemos en nuestro entorno. El procesos de “fijarse” o “atención” es muy importante en este punto. El atender o prestar atención supone focalizar lo que queremos copiar. imitar y desatender lo que no nos pueda interesar. 

Lo más importante, a tener en cuenta, en el cambio de forma de ser de las personas, es dar solución a la falta de paciencia que tienen “algunos” y sus consecuencias, como tener respuestas difíciles o agresivas, comportarse de forma impulsiva y llegar a estar estresado. La falta de paciencia condiciona nuestras vidas, más a los que tienen ambiciones, esperan o buscan algo para medrar de inmediato a cuenta de dádivas o promesas, a los que viven contigo o son compañeros de profesión. Muchos deciden cambiar cuando le ven las orejas al lobo. Se dan cuenta que pierden amigos, que sus propios compañeros de profesión los rehuyen o, posiblemente, pierdan sus parejas. Ese es el instante en el que han encontrado la motivación. Pero llevan tiempo, siendo de esta manera que piensan que el cambio no es posible. Ni siquiera se gustan así mismo. Suelen decir que sus impulsos y forma de ser les puede a ellos mismos.

Cuando no podemos soñar con lo que tenemos, porque no vale la pena, siempre podemos soñar en vencer utopías o lo que nos gustaría volver a tener del pasado. Los recuerdos agradables siempre son capaces de aliviar el alma. La risa es un protector de la salud mental.

Aceptar todo aquello que no depende de nosotros nos permite ahorrar energía física y mental para invertirla cuando la necesitemos, así dije a mi compañera Mónica. Quejarnos, cabrearnos o victimizarnos no proporciona nada más que ser criticados y mal vistos o ponernos enfermos.

El amor por nuestros compañeros y amigos y por lo que hacemos, la pasión que sentimos, son una fuente de satisfacción y felicidad, y ese sentimiento puro y real del sentido de la vida y la profesión que desarrollamos y amamos

                                                José Mnauel López Marín.