Confesiones con uno mismo…

A veces pienso o creo que soy un tío raro, pero escudriñando en mi entorno y analizando a mis compañeros de viaje observo que los hay más raros que yo, aunque esto no me consuela ni satisface, dado que las rarezas aún siendo un mal abundante son temas o condiciones que tenemos que tolerar en la vida para llevarla con alegría.

En el fondo, me invade el complejo de no gustar, pero después considero y me digo: –para “lanzarme”, ya sea en un proyecto u otra cosa de las que surgen cuando menos te imaginas, para hacer uso de la palabra o iniciar una acción, buscas conseguir la validación de los que te rodean de forma afectiva o profesionalmente-. Sin ese conjunto, ni te planteas ni te atreves a dar el salto. Lo haces por miedo a decepcionar, crear conflictos, a estar solo contra todos…Lo cierto es, que prefieres frustrarte  y aguantar antes que arriesgarte a no gustar. 

Puede ser que me crea que me hayan colocado con mucha premura en el rol de los que tienen que “complacer”, “reparar” o “palmear”. Satisfacer los deseos de otros (no sexuales), restaurar su “narcisismo”, no hacer tambalear un equilibrio profesional afirmándote o, por otra parte, hacer elecciones demasiado personales,  pueden ser algunas de las causas. Sea lo que sea, hoy se elige la “unanimidad” o lo que digan los demás, el sacrificio, más que lo que se corresponda con tus propios deseos.

Pero bajo tu dulzura, acatamiento, o sumisión aparente, las brasas siguen encendidas, y en ocasiones basta con una chispa o punto de ignición para cabrearse o salirte de tus casillas, lo que, pasado el momento, te lleva a asumir una gran culpabilidad. Por otro lado, te reprochas ser un acojonado y ser influenciable, recurrir demasiado a menudo al consejo de los demás y ser, por tanto, tan vulnerable a su juicio, cuando , en realidad…¡nadie te pide tanto!

¿Cómo iniciar la revolución o cambio? : Empezando por dejar de justificarme por mis palabras y mis actos. Prestar atención a mis emociones (culpabilidad, miedo, alivio..) mientras hablo, actúo o decido sin el asentimiento o validación de los otros y sin justificación ante nadie. Debo de darme cuenta y no olvidar que no puedo gustar a todos, de la misma forma que no toda la gente me puede gustar. Lo cierto es que para gustar a algunos, tendré el problema de disgustar a otros.

Hace años alguien dijo:

No me subestimes, se más de lo que digo, pienso más de lo que hablo, y me doy cuenta de mucho más de lo que crees.

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