Ya pasó el verano….o poco queda….

Ahora que se extingue el verano, que algunos “béticos” disfrutaron bien acariciando las deliciosas arenas de las costas malagueñas; otros estuvieron amargados o jodidos por los problemas de la vida y de la profesión, pero en si, ha sido un tiempo gratificante para evadirnos de nuestros problemas y , en algún momento meditar o reflexionar sobre nuestras buenas o malas actuaciones; también, de forma jesuita, darnos golpes de pecho como buenos samaritanos y rezar un poco por las impurezas y pecados cometidos.

Nuestra forma y modo de hablar y pensar, a veces, es causa de nuestros sufrimientos y desdichas. Muchos de los `padecimeintos que tenemos son consecuencia  de lo que decimos, provienen de nuestras confesiones o arrepentimientos. Si nos confesamos mal y mentimos luego nos llega el sufrimiento y, más tarde, el arrepentimiento. ¡¡Vaya putada!!. Los labios sinceros son permanentes y hacen historia, los labios mentirosos son momentáneos y “espurios”.  Las palabras que soltamos libremente y malévolas, si caen encendidas, pueden destruir una amistad, una familia, un hogar, una organización,….. Por eso, es muy importante escuchar en primer lugar lo que pensamos y decimos de nosotros mismos, para que luego no lamentemos lo dicho. Recordemos aquello de: <<Todo lo malo me pasa a mí>>.

Muchas personas suelen aumentar o exagerar cualquier problema que les surja, de un granito de arena hacen una montaña. Pero no se dan cuenta que cuando están deformando la realidad, no solo están exagerando, de forma instintiva y sin darse cuenta, están mintiendo.

Analicemos y pensemos que una cosa es mentir –decir algo con la intención deliberada de engañar– y otra es compartir una noticia que pensábamos que era verdad, que luego comprobamos que era un fiasco. A veces, comunicamos datos que hemos captado equivocadamente, y ese error puede ocasionar un padecimiento y tener consecuencias negativas a otras personas. Normalmente, –las mujeres mienten con el fin de que otros se sientan bien y los hombres mienten para quedar bien con ellas u ocultarles “algo” o alguna “fazaña” gloriosa.

Nunca, bajo ningún concepto, en ningún instane de nuestra vida agregemos la mentira, de lo contrario incorporaremos a la misma una cuota se sufrimiento que no valdrá la pena.

Apartemos de nuestro entorno a las “personas cotillas o chismosas” ya que dividen y enemistan a los buenos amigos. Donde entra un “cotilla” entra un problema  y una división. Es peligroso unirse a personas chismosas y que hablan de más, si los escuchamos, pronto hablarán mal de ti. Los chismosos morirán el día que nos olvidemos y dejemos de escuchar sus chismes.

El “cotilla” que habla de más se identifica con las palabras que pronuncia y entonces pierde su “credibilidad“.

                                                                        Jeremías.NW

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