EL GRAN CAMBIO DESEABLE PARA LAS AUTOESCUELAS

Nuestra profesión necesita un “gran cambio“, el que desesperadamente precisamos. Sí,… sin dudas, ir a la tintorería y hacer una limpieza en seco de todos nuestros males presentes y futuros, que los hay en abundancia. Esto es: –cambiarnos a nosotros mismos– , tarea muy complicada y difícil. Tenemos que entablar una generosa lucha contra nuestra propia educación, formación, nuestro sistema de creencias, nuestras tradiciones profesionales y familiares, nuestro contexto social y cultural. Sin duda, realizando un gran esfuerzo, podremos superar múltiples dificultades que surgirán por las malas actuaciones de muchos de nuestros compañeros que se han equivocado de senda o ruta a seguir en estos momentos de incertidumbre y locura colectiva de quienes nos gobiernan o pretendan gobernar y “otros”, los de siempre de nuestra profesión, que practican y siguen con actuaciones desleales, felonas y viles para nuestro colectivo con el solo y pretendido fin de colmar su avaricia y codicia y, llenar sus alforjas mediante unos difíciles y amañados pingües beneficios conseguidos de forma extraña mediante “amiguetes” que pronto serán conocidos y presentados en Sociedad. A estos “personajes altruistas” (los Robin Hood, de nuestra profesión) los conocen bien en la Junta de Andalucía, Comunidad de Madrid y Castilla y León, así como en la Junta de Canarias, donde domina el poder  asiático. Contra todo eso, nos esperan: la culpa, el miedo, la posible reprobación de parte de un sector ignorante y vociferador, sumido en una rutina exasperante  de cursos de teórica <breves> y “low cost”  sin aspiración profesional alguna de futuro o el vértigo de ese precipicio peligroso  que siempre es lo desconocido y extraño. Porque en efecto, cuando se cambia, generalmente no se presagia o sabe lo que puede venir después de efectuado el mismo. Verdaderamente será incierto y provocará desconfianza y miedo.

Mis largos años de experiencia me dicen y señalan que no existe posibilidad de progreso, ni económico ni profesional, inclusive espiritual,  si no detectamos cuándo es el instante de entrar o ejecutar esta labor beneficiosa para el sector, aunque eso signifique un riesgo; incluso aunque nos acompañe o lleve el pretendido éxito. Tenemos que desterrar y repudiar actuaciones tóxicas, perversas, egoístas y repudiables como las del “Emperador malacitano and family“.

Estoy muy convencido, lo mismo que mi compañero “numantino” y otros más, de que el que no cambia , sin duda, no evoluciona ni genera creatividad saludable  y positiva para nuestra profesión. También sabemos que el que no evoluciona, comienza a perder oportunidades, después pierde trabajo, amigos, compañeros,……difuminándose en la nada infinita. El que no cambia para navegar en el barco de la “evolución, innovación y creatividad” naufraga estrepitosamente y pierde la orientación o rumbo, sobre todo, en este tiempo precioso y de oro que nos regalaron, que es el “ciclo vital“.

Mi compañero del “país de los antiguos etruscos, hoy Euskadi“, me dice con sorna y medio cachondeo algunas veces,  y no creo sea con sinceridad ya que en el fondo me aprecia, que:-Estoy igual, que soy el mismo de siempre, inoxidable e incombustible– . En verdad, que no lo tomo como una virtud, más bien lo compadezco porque presiento y atisbo en él, el comienzo de una prematura y permanente ceguera en su humano cuerpo. ¡¡Dios nos libre de ser los mismos a los cuarenta años que a los setenta!!. estaríamos jodidos…. nos pasaría lo de Dorian Gray, que en un trato con el demonio, consiguió que no envejeciera él, pero en compensación lo hiciese su figura que estaba plasmada en un cuadro que tenía en el desván de su casa. De esto podemos deducir que: <Ante las decisiones, el débil tiembla, el lerdo las desafia, el listo las juzga y el hábil las dirige>.

No hace mucho, tratando de evolucionar y amortiguar mi ignorancia, leí una idea que me quedó grabada en la mente, en un libro de programación neurolingüistica de un hijo mio, escrito por el brasileño Lair Ribeiro. Este experto en PNL, dice –que la mayoría de las personas solemos movernos en un contexto que nos brinda cierta seguridad económica, laboral, afectiva y social-, a este contexto, el autor lo define y llama “la zona de la comodidad“.  Aseguraba que : –si esperamos buenas noticias en nuestra vida, éstas ocurrirán  fuera de la zona de la comodidad-. Es decir, salir de esa especie de “presepio o corralito” donde existe poco riesgo, pero donde tampoco se producen novedades.

Si Leonardo Da Vinci no hubiera cambiado, habría sido solo un matemático mediocre o  corriente y con pésima ortografía. Como mucho, un buen e intrascendente ingeniero. Pero a estas horas desconocido y olvidado.

Si Bill Clinton, no hubiera cambiado, no hubiera pasado de ser un joven activista porrero y que fumaba marihuana  a ser presidente de la nación más poderosa del mundo.

La humanidad está llena de héroes anónimos  que consiguieron reinventarse a si mismos y que no han sido reconocidos por la historia y la sensibilidad de los humanos.

Cambiar es un acto de rebeldía contra nuestras caducas convicciones, un gesto heroico, un grito de estupor y auxilio de quienes no se resignan al papel como actor en el gran teatro de la vida  y quieren o se buscan nuevos horizontes.

Como dice mi amigo y compañero  Luis (R.M.), el del los ricos “hornazos ” de Salamanca y,  que ya perdió la tradición y las viejas costumbres de suministrarnos tan rico manjar: <<La mentira se convierte en verdad, solo si la gente quiere creerla>>. Esto le pasa a muchos de nuestros compañeros en estos momentos que se dejan seducir o engañar por cantos de “sirenas” o “circes” engañosas o esperen que se produzcan milagros como el de “los panes y los peces”.

El único “cambio ” deseable es crecer para mejorar nuestra profesión que transita a la deriva y por extraños y peligrosos senderos. Todo “cambio” es parte de nuestra vida, es inevitable y necesario, por lo que debemos  ser flexibles  frente a ellos.

Un pequeño cambio que se haga, por simpatía traerá otros,  posiblemente más grandes, porque al hacerlos  estaremos liberando la energía potencial que se alberga en nuestro interior, que debe transformarse en energía cinética para conseguir el bien común para nuestra profesión.

                                              L.M. del  NW

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Experto en Formación Vial

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