¿CREEMOS EN NUESTRAS CAPACIDADES COMO “EDUCADORES-FORMADORES” DE FUTUROS CONDUCTORES DE AUTOMÓVILES?

En esta vida surgen cantidad de obstáculos en diferentes ámbitos que debemos superar, y una vez vencidos nos cuesta poner estos logros en la cuenta de nuestras capacidades. Posiblemente la suerte, unos buenos consejos de los que más saben (los mayores por su experiencia de la vida), el apoyo providencial y divino…son algunos de los argumentos con los que justificamos nuestros éxitos. Logramos en cada instante movilizar nuestros recursos, pero los logros conseguidos no nos bastan para reforzar de forma continua y duradera nuestro capital de confianza. ¿Hemos puesto en nuestra juventud, mayor énfasis en nuestras debilidades y en nuestros defectos que en nuestras destrezas, habilidades y cualidades? ¿Nuestrsos esfuerzos y éxitos han pasado desapercibidos, en un silencio indiferente y obscuro?  Lo que está claro y seguro es que el déficit de confianza en lo que respeta a nuestro potencial como formadores  se ha hecho más profundo con el paso del tiempo. Y los traumas o heridas que todo esto nos ocasiona son reavivadas o surgen con el mínimo fracaso. Por ello tenemos tendencia a escaparnos o evitar las situaciones que nos enfrentan o llevan a lo desconocido, a la toma de decisiones o riesgos innecesarios o estar expuestos a las críticas o miradas de los demás. Pero estas estrategias no nos protegen de las frustraciones, porque a menudo nos preguntamos o pensamos en alto: ¿Podríamos haberlo conseguido?, ¿Deberíamos haberlo intentado? Estas constataciones no nos sirven como acicate  para que pasemos a la acción y aprovecharnos para poner a prueba nuestra experiencia y buena formación como educadores-formadores y excelentes  comunicadores para conseguir buenos conductores de automóviles “seguros y sociables” en el tránsito por las vías públicas. Con la exclusión de los mercantilistas, materialistas, lenguateros y demás gente de mal vivir que vienen a esta profesión solo para ganar dinero de forma fácil y enturbiar las relaciones con el resto de los buenos y sanos profesionales con el empleo de competencias sucias y rastreras de mercados de abastos.

¿Cómo se puede iniciar este “cambio o revolución”?. Tal vez  podemos preguntarnos  para qué sirve nuestra autovaloración o autoestima. ¿Necesitamos permanecer a la sombra de alguien? ¿Protegernos de los celos o la rivalidad  de los demás (caso blog AXESTRA)? Podemos hacer balance de nuestros éxitos  apuntando con detalle  las habilidades y los talentos que nos han requerido y a la vez otorgado nuestros propios alumnos en nuestras tareas de fomentar el buen “aprendizaje de la conducción de vehículos automóviles”. Hagamos lo mismo, de la misma forma y manera  con nuestros fracasos y con todas aquellas ocasiones perdidas para tomar conciencia de la importante  labor que realizamos en bien de la sociedad y de la salud pública, y para obsevar  y empezar, cómo actúan  nuestros mecanismos que nos pueden llevar a la desvalorización , desprestigio y descrédito.

                                                           JMLM. NW

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Experto en Formación Vial

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