¡¡APOSTEMOS POR LA FORMACIÓN-EDUCACION VIAL EN LAS AUTOESCUELAS!!

Este trabajo excelente y meritorio de nuestro compañero Fernado Varela García, creemos que sería injusto que no se publicase con el fin de que hiciese reflexionar y meditar a muchos compañeros de profesión que han tomado rumbos tóxicos y descarriados que llevan esta digna profesión hacia el descalabro y el camino del mal ante una sociedad cada día más exigente y, a la vez, le saque la careta a muchos de los hipócritas que coadyuvan a perpetuar estos males con acciones mercantilistas nefastas y perniciosas que desacreditan el buen hacer de este sector profesional.

El objetivo que persigue es mostrar una visión general de la formación/educación vial en España y en particular la ofrecida en los centros de formación vial, basada en los actuales reglamentos  de  Academias Particulares de Conductores. También y tomando referencia informes, diferentes estudios,… y, a la vez, tomando en consideración las actuales técnicas educativas  desde el punto de vista psicopedagógico; resaltando las carencias del sistema de enseñanza de conductores de estos momentos. Finalmente resaltar y provocar unas reflexiones  sobre la enseñanza  y el camino o cambio que nos haga pensar o considerar  sobre una nueva enseñanza y los derroteros para llegar a una evolución satisfactoria y fiable para nuestras empresas.

Como argumentos principales debemos tomar los siguientes: Es un hecho indiscutible  que los “siniestros de tráfico constituyen un problema de gran transcendencia social y con gran repercusión en la salud pública, si atendemos al elevado número de muertos y lesionados que se derivan de ellos en todo el mundo, considerados por la OMS como una pandemia mundial y, en particular, en nuestro país, con un coste económico del 1% del P.I.B. nacional, y, de lo que es mas difícil evaluar, el sufrimiento humano de las víctimas de los mismos, todo ello ratificado en diferentes informes de la Organización Mundial de la Salud (OMS) considerándolo dentro de las diez primeras causas  de mortalidad mundial y la primera no natural, que afecta a todas las capas sociales con especial incidencia en la juventud.

Por todo ello, los centros de formación vial tenemos la obligación ética  de abordar este problema como agentes fundamentales  en la consecución de un tráfico más seguro y sociable, que pasa por la obligación de profundizar en el conocimiento de este gran problema  y en el desarrollo de intervenciones  que reduzcan la incidencia  del mismo.

Nuestra labor debe dirigirse e incidir fundamentalmente en el “FACTOR HUMANO” y podemos afirmar, en estos momentos, con la mayor rotundidad, así lo señalan los diferentes informes y estudios, que éste es el principal  responsable  de los siniestros de tráfico.

También todos los estudios internacionales afirman que de todas las estrategias  que existen para intervenir  sobre estos siniestros, son las “medidas preventivas” las que muestran más eficacia  y rentabilidad  económica y social, al ir encaminadas a que el siniestro no se produzca.

Entre las diferentes medidas preventivas , destaca la “formación y la educación vial“, ya que además  de que van dirigidas  a intervenir sobre el “factor humano“, también lo hacen  sobre los aspectos fundamentales  que determinan el comportamiento y, lo más importante, salvar vidas humanas. En pocos ámbitos de la vida, la formación/educación y, en particular, la vial tiene una importancia directa  en la salud  de las personas a lo largo de toda su vida. Es la primera causa de siniestro laboral, 1/3 son siniestros “in itínere”.

Sin embargo, el hecho de que exista una formación vial en nuestro país, no quiere decir, que sus formas de aplicación hayan llegado a cumplir los objetivos aludidos  para los que fueron desarrolladas. Si así hubiera sido, no tendría sentido seguir trabajando y profundizando en esta línea. Por ello, si nosotros tuviéramos  que calificar la educación y la formación vial, en lo que se refiere a nuestro país en términos docentes, lo encajaríamos como una “asignatura pendiente“. Si analizamos  el “por qué” no alcanza sus objetivos, nos daremos cuenta de que existen muchas características  y variables, que podemos observar en la realidad de su práctica, que inequívocamente tiene que conducirle al fracaso.

Entre estas características podríamos destacar, en el caso de la formación vial, su orientación metodológica, en ocasiones equivocada y en otras inexistente; su fundamentación, de la cual podemos predicar  exactamente  lo mismo, el sistema de evaluación “obsoleto y deficiente”, la inexistencia de ciclos formativos obligatorios y controlados, …

Según un estudio presentado recientemente  por el Observatorio Español de Conductores  (DUCIT), la seguridad vial es el quinto problema  que preocupa  a los españoles, por encima  de cuestiones  como la Sanidad. De dicho informe se puede destacar además, que un tercio de los aspirantes a conductores declara no sentirse preparado para conducir una vez apruebe el permiso de conducir, un 31,3% piensa que no sabrá conducir pese haber aprobado el examen y un 48,9% opina que en los cursos te preparan para el examen, pero no para  saber conducir.

La evaluación de la formación vial en España, que en la mayoría de las ocasiones  brilla por su ausencia, da la impresión de que no es importante  o que se considera  mejor no hacerla por los resultados que pudiera evidenciar.

La formación vial básica opera a nivel “instruccional” en el que la mayoría de las personas son formadas  para comenzar a conducir en una autoescuela, por amigos o parientes  o a través de una combinación de ellos y, de esta forma, logran el “estatus” de estar en posesión del permiso de conducir.

Este tipo de formación se centra en destrezas y habilidades básicas de control del vehículo y la memorización de las leyes de trafico. Está orientada fundamentalmente hacia la obtención del permiso de conducir. Esta “instrucción inicial” juega un papel importante  en el desarrollo de las habilidades y destrezas de control del vehículo y presuntos conocimientos legales, pero no garantiza la conducción segura, sociable y saludable carente de accidentes  por parte de aquellos que son instruidos. De hecho, no existe evidencia de que la formación vial  del aspirante a conductor reduzca la tasa de accidentes  entre los conductores noveles a corto o a largo plazo. En la formación vial hay una ausencia de educación vial y ésta es en demasiadas ocasiones  una réplica absurda y temporalmente inadaptada de la formación vial. Se puede ser exquisitamente educado pero analfabeto y poseer una eminente formación académica y ser un maleducado.

En el último decenio (2004-2014) se ha conseguido un descenso en el número de víctimas mortales sin precedentes en España, se han producido cambios sociales importantes en la percepción y apreciación del tráfico y su problemática, se han introducido cambios legislativos  en cuanto a la sanción y los delitos, se han instaurado medidas reeducadoras y penales; por otro lado, la industria del automóvil ha mejorado muchísimo en los elementos de su seguridad activa y pasiva, pero, sin embargo, poco se ha hecho en cuanto a la formación de los futuros conductores. ¿Se puede decir algo?. Se ha retrocedido, ya que las modificaciones  en la prueba de teórica  y práctica  no han conseguido  la mejora de la formación inicial, dado que con un ejercicio de “memorización” de una batería de preguntas, publicadas o extrañamente conseguidas, en muchos casos en cursos de forma intensiva de dos o cuatro días, carentes de la “pedagogía“· necesaria para transmitir actitudes, comportamientos y valores, se supera con facilidad inverosímil la evaluación de la DGT, sin necesidad de un profesor de formación vial; bien es verdad, que propiciado por nosotros mismos ante la desidia e inmovilidad de la Administración . La enseñanza en el aula  es cada vez menor y fenece, el aprendizaje se convierte en un trámite rutinario burocrático y la evaluación cada vez más simplista.

Regresando a las cifras de siniestralidad, 2013,2014 y 2015, se ha producido un estancamiento en el descenso de fallecidos  (1683-1688-1688 ,víctimas respectivamente) y se tiene una percepción de cierto conformismo con la situación por parte de los agentes implicados. Cuando había muchas víctimas a poco que se hiciera  se consiguieron resultados notables; es ahora cuando las políticas de seguridad vial  tienen que ser más específicas y  concretas  e ir un paso más allá  para seguir rebajando las cifras de las víctimas en el tráfico. Las medidas de formación “reeducadoras” están muy bien para los que se supone que ya han sido “formados” y tienen años  con los que ya cuesta mucho trabajo en cambiar de actitudes; pero los nuevos conductores deben ser educados y formados de una forma adecuada y excelente primero. ¿Qué sentido tiene la reeducación si primero no hay educación? Las medidas reeducadoras cumplen su función, son muy necesarias, pero como crítica del sistema, ponen en evidencia el fracaso de la formación inicial.

La “sanción” no modifica comportamientos y actitudes, “inhibe” pero “no educa“, decía la ferrolana Concepción Arenal: <<Abrir más escuelas  y se vaciarán las cárceles>>, pues ahí es a donde debemos ir o incidir, eduquemos más  y formemos mejor y castigaremos menos. cambiemos la percepción del riesgo actual y existirán menos accidentes. En definitiva, las nuevas generaciones  tienen derecho a una mejor formación/educación basada en los “comportamientos y actitudes” para poder transitar  libremente con seguridad por las vías públicas; la educación y la formación vial  es un derecho recogido en la Declaración Universal  de los Derechos Humanos de 1948 y asumido y consensuado en la Constitución Española de 1978.

Profundizando un poco más, la formación  a impartir  en los centros de formación vial, tutelada por profesores de formación vial, para crear actitudes positivas, debe ser más “emocional“, “constructiva“, que genere conocimientos y no solo trasladar información de forma magistral, conductista y cognitiva, que son sistemas obsoletos del siglo pasado. Debe de ser enfocada a la percepción de los peligros y los factores de riesgo, con especial atención a: la velocidad,las distracciones, el alcohol y las drogas, si bien no debemos olvidar  la normativa razonada; su conocimiento es muy importante  pero desde un punto de vista de razonamiento y la lógica, y aplicación del sentido común, es decir, no adquirir conocimientos memorísticos  sino el “por qué” y sobre todo el “para qué“. El 75% de los conductores , según un estudio de Fesvial, no conocen para que sirve el ABS, ESP o un ASR, pero lo más grave es que desconocen sus existencia.

La formación vial presencial en el AULA, con una duración racional y adecuada a los objetivos perseguidos, a cargo de un profesor de formación vial experto, que interactúe y comunique de forma dinámica, constructiva y emocional, favorece el vínculo profesor/alumno y en consecuencia a una  mayor comunicación  y contacto humano, influyendo en la generación de actitudes en sus alumnos y facilitando  un mejor desarrollo encaminado  a conseguir una conducción segura, sociable y fiable. Así mismo,  puede suplir en parte, no solo con su saber si no con su experiencia en la valoración y percepción  de los riesgos esa falta de apreciación o percepción que posee todo conductor inexperto que se enfrenta  al tráfico en los primeros meses  después de la obtención  del permiso de conducción, orientándolo adecuadamente  y despertando la sensibilidad  del alumno hacia determinados estímulos o fenómenos.

. En general, la enseñanza en España, está basada en la adquisición de cantidad de información que en la vida real carece de aplicación, se “memoriza” para superar un examen  y , por lo tanto, después se olvida; la ley de “Paretto” aplica el principio 20/80 que nos viene a decir que el 20% de los aprendido es lo que aplicas en el 80% de la vida; a los sistemas de enseñanza en general y al nuestro en particular le vendría bien este principio, menos memorizar norma, más actitud y valores , más conexión con la realidad,con la vida , y, de esa forma, ganaríamos credibilidad  y obtendríamos  conductores más seguros  y más inteligentes, vías inteligentes sí, coches inteligentes que ya los tenemos, pero no solo la tecnología salva vidas, queremos conductores inteligentes, que podemos generar, formándolos adecuadamente.

Aprender es adquirir, analizar y comprender  la información del exterior y aplicarla  a la propia ya existente. Al aprender los individuos debemos olvidar los preconceptos  y adquirir una nueva conducta. El “aprendizaje“nos obliga a cambiar el comportamiento y reflejar los nuevos conocimientos en las experiencias  presentes y futuras . Para aprender  se necesitan tres actuaciones imprescindibles: observar , estudiar y practicar.

Si se educa en valores es porque se espera que puedan ser modificados como consecuencia de de la acción educativa.

La “evaluación” implica juzgar en qué medida están siendo incorporados  los valores y actitudes  que se promueven, no para “calificar” , sino para planificar  y decidir  qué nuevas acciones educativas se pueden adoptar.

Existe una triple concepción de los contenidos que se deben evaluar: conceptual, procedimental y actitudinal.”

En los contenidos  conceptuales, como hechos, conceptos y principios, se espera lograr “aprendizajes” memorísticos, de relación  y compresión. El criterio de evaluación es el saber.

En los contenidos procedimentales , es decir, de uso de distintas acciones  y estrategias  para alcanzar metas, se busca el aprendizaje  en conocimientos y uso de habilidades . Se evalúa el saber hacer.

En los contenidos actitudinales, como actitudes,valores y normas, se busca lograr una predisposición para actuar de una forma aceptada socialmente. Se evalúa el  valorar.

Pese a la triple perspectiva  de los contenidos de enseñanza, no significa que todo contenido tenga que ser tratado en las tres categorías, sino que permite la reflexión  en el profesorado de las distintas  dimensiones  de los contenidos y decidir el enfoque  al enseñarlos y el uso de la estrategia más adecuada.

Una de las mayores dificultades de la evaluación en la educación en valores  es el desconcierto que plantea la imposibilidad  de evaluarlos, debido a que los valores se entienden como personales  y, además, por temor a los efectos de una evaluación negativa  en ausencia de medidas  de optimización.

Los criterios de “aprendizaje” de valores,normas y actitudes se pueden explicitar : “aprender” un valor significa, que se es capaz de regular el propio comportamiento de acuerdo con el principio normativo que dicho valor estipula; aprender una norma significa que se es capaz de comportarse de acuerdo con la misma; aprender una actitud  significa mostrar una tendencia consistente y persistente  a comportarse de una determinada  manera ante diferentes clases  de situaciones, objetos, sucesos o personas. Esta definición permite formular los objetivos relativos  a valores, normas y actitudes y, por tanto, los resultados de aprendizaje.

En definitiva y como punto de partida, podemos establecer que la formación del conductor debe ser diseñada  para ofrecer:

  • Un nivel básico de habilidades para conducir un vehículo.
  • Conciencia de los riesgos  y familiaridad  con su propia habilidad  y las capacidades de otros (tener en consideración la empatía)
  • Experiencia para incrementar la conducta  automatizada para la conducción y la “cultura del tráfico”.
  • Los valores, responsabilidad  y la motivación para utilizar de la mejor forma posible las habilidades , destrezas y el conocimiento adquirido.

Teniendo en cuenta todo lo expuesto anteriormente, es el momento de cuestionarnos si los vigentes Reglamentos que regulan la actividad de los centros de formación vial (REPAC) y de contenidos (RGC) se adecuan y  cumplen con los objetivos propuestos.

Se exponen a continuación los principales artículos del REPAC que a nuestro criterio son merecedores  de una profunda reflexión:

Artículo 6. Personal directivo

  1. El personal directivo es el encargado de planificar, programar, ordenar, dirigir y controlar de forma asidua  y continuada  la enseñanza  y el desarrollo de la actividad  docente del centro.

Artículo 7. Obligaciones del personal directivo

Son obligaciones del personal directivo:

a) Planificar y programar los contenidos temporizados, sistemas de evaluación y, en su caso, de recuperación, y dirigir, ordenar, controlar y comprobar, de forma asidua y continuada, el desarrollo de la actividad docente y la observancia  de los preceptos  de este reglamento en lo concerniente  al régimen de enseñanza  y actuación del personal docente, responsabilizándose  de su cumplimiento y de que la enseñanza  se imparta de forma eficaz, sin perjuicio de la responsabilidad  en que pueda incurrir directamente dicho personal.

Artículo 9. Obligaciones de los profesores

Son obligaciones de los profesores:

a) Impartir eficazmente la enseñanza dentro del ámbito de su autorización y de acuerdo con las normas y los programas establecidos y las disposiciones que se dicten para su desarrollo

Artículo 38. Programación de la enseñanza.

Toda escuela programará  las enseñanzas ajustándose a las normas del Reglamento General de Conductores y a los objetivos,  contenidos mínimos y directrices que al efecto establezca  el Ministerio del Interior, a propuesta  del Organismo Autónomo Jefatura Central de Tráfico, previo informe  de las asociaciones  más representativas del sector de la enseñanza de la conducción.

Artículo 40. Fichas del alumno

Toda escuela o sección deberá cumplimentar, por cada alumno, las fichas de clases teóricas y prácticas y de actitudes que sean precisas . En estas fichas, que se ajustarán al modelo oficial que determine el organismo autónomo Jefatura Central de Tráfico, figurarán los datos del centro, del alumno, del profesor, las clases recibidas  y espacios adecuados para que el profesor  pueda hacer constar sus observaciones en relación con el aprendizaje, los riesgos detectados en el alumno al inicio del proceso formativo y el instrumento utilizado en esta evaluación, certificar si el alumno ha recibido la formación necesaria  para ser presentado a la realización de las pruebas  y obtener el permiso o licencia  de que se trate y consignar  las fechas  y los resultados de las pruebas realizadas. En las fichas de clases teóricas, que cumplimentará el profesor que la imparta, figurarán, además, las fechas de inicio finalización del ciclo de enseñanza y las faltas de asistencia a clase del alumno.

Realizando un análisis de los artículos anteriores  y enmarcándolos con referencia a los métodos de enseñanza calificados y denominados como “cursos exprés” y que están proliferando de forma agobiante y molesta, surgen las siguientes cuestiones:

  1. Planificar, programar ,ordenar, dirigir un curso exprés  de 24 horas  en tres días , repartido en un viernes  de 15h a 22 horas, sábado de 8h a 13h y de 15h a 20h y domingo  de 8h. a 15h. ¿es una planificación pedagógica adecuada  para aprender actitudes  y comportamientos de forma óptima?
  2. ¿Se puede desarrollar de forma eficaz una enseñanza  cuyo objetivo es fomentar “actitudes“, “valores” y “comportamientos” de forma “comprimida” como en los cursos exprés?
  3. Una enseñanza exprés, si así se le puede llamar, basada en la explicación rápida y comprimida de los contenidos  que exclusivamente preguntan en el examen  y otra parte dedicada  a la realización de test de forma intensiva  orientada a la memorización de los mismos ¿Es adecuada  y eficaz para lograr la ineriorización de los objetivos que persigue la formación vial?
  4. Para valorar la eficacia  de la enseñanza teórica  en actitudes  y comportamientos ¿Es suficiente y adecuado un examen tipo test, del que previamente se conocen las preguntas y respuestas?
  5. ¿Quién valora, controla, evalúa …que la enseñanza  que se imparte sea eficaz y conveniente?
  6. ¿Qué garantías  ofrece  una enseñanza  donde no es obligatoria  la presencia del alumno?

Paulo Freire (1921-1997) fue uno de los mayores y más significativos pedagogos  del siglo XX y acuñó la siguiente expresión: “Educación  Bancaria: es el saber como un depósito“. Con esta expresión quiso dar a entender lo siguiente:

En la concepción bancaria, el sujeto de la educación es el “educador” el cual conduce al “educando” en la memorización mecánica de los contenidos. Los “educandos” son así una especie de <<recipientes>> en los que se deposita el saber. El único margen de acción posible  para los estudiantes  es el de archivar  los conocimientos, convertidos en objetos del proceso, padeciendo pasivamente la acción del “educador“. De este modo, a mayor “pasividad“, más lejos estarán de transformar la “realidad“.

El estudio no se mide por el número de páginas  leídas en una noche, ni por la cantidad de libros leídos en un semestre. Estudiar no es un acto de consumir, sino de crearlas y recrearlas.

Por otro lado, pero en el mismo sentido y teniendo en cuenta las ideas  de otro prestigioso  educador como fue Mario Kaplún, ¿qué sentido tiene una formación que pone el énfasis en los contenidos, basada en la transmisión de conocimientos  y la asimilación de forma memorística?. No sería más adecuado una formación que pone el énfasis en el proceso. Destacando la importancia de transformación de la persona  y no preocupándonos tanto de los contenidos que van a ser comunicados, ni de los efectos en término de comportamiento, sino de la interacción dialéctica entre las personas  y su realidad; del desarrollo de sus capacidades intelectuales  y de su conciencia social.

La propuesta de una mayoría del sector  de autoescuelas pasa por implantar una metodología  basada en el aprendizaje significativo de la seguridad vial en la fase de obtención del permiso de conducir, fase complementaria  de aprendizaje  y maduración de una persona y previa a la que se transforme en un adulto responsable.

A continuación se expone  una propuesta de modelo de aprendizaje en el concepto de aprendizaje significativo:

Cuando se da este tipo de aprendizaje, la manera de asociar habilidades y conocimientos previos y para que pueda integrarse en ellos nueva información, está tallada  por la fuente motivocional y el significado que se le atribuye a lo que se aprende. Esto es importante, teniendo en cuenta que la clave que marca la diferencia entre las diferentes formas  de aprendizaje está en el proceso de construcción del conocimiento.

El aprendizaje significativo supone un proceso en el que la persona a recoge la información, la selecciona, organiza  y establece relaciones  con el conocimiento que ya tenían previamente. Así, este aprendizaje se da cuando el nuevo contenido se relaciona con nuestras experiencias  vividas y otros conocimientos adquiridos con el tiempo , teniendo la motivación y las creencias personales  sobre lo que es importante aprender, que supone ser un papel relevante. Esto conlleva  dotar al nuevo conocimiento de un sentido único para cada persona, ya que cada uno tenemos nuestra historia vital.

Cuando se produce el aprendizaje significativoo, los modelos mentales creados a través del tiempo y la experiencia, determinan el cómo veremos la información y cómo la gestionaremos. por decirlo de alguna manera, nuestra forma de interiorizar lo que se aprende  y dotarlo de significado nos da una idea  de las “gafas” con las que vemos la realidad  y viceversa.

El proceso de atribuir  un sentido personal a aquello que aprendemos, pasa por una dimensión más afectiva y emocional que la solemos relacionar  con el aprendizaje “técnico” de una materia., en la que simplemente se repite , se practica  y se memoriza.

No se trata solo de retener en memoria una información durante un periodo de tiempo para después soltarla como podría ser  en una respuesta de examen: la finalidad es darle un sentido personal al conocimiento, de poder explicarlo con tus propias palabras, e incluso, una vez realizado,  el aprendizaje significativo, crear nuevo conocimiento a través de éste.

De este modo, la diferencia  entre el “aprendizaje significativo” y un “aprendizaje repetitivo” se remite a la relación, o no,  del material a aprender con el conocimiento previo. Relaciones con sentido y no arbitrarias, es decir, si se consigue relacionar con el conocimiento previo , se podrá atribuir unos significados, de los cuales se construiría  un mapa mental del conocimiento. Así se consigue modificar  la estructura cognoscitiva, algo que no haría  un aprendizaje repetitivo , ya que solo se puede mantener  por un periodo corto de tiempo.

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Experto en Formación Vial

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