EXIGENCIAS, PERFECCIONISMO, EMOCIONES,SERENIDAD, ALEGRÍA,…….

Vivimos en un mundo que todas son exigencias, lo hemos comprobado no hace muchos días con un grupo de exigentes, irracionales y vociferantes. Dejemos las exigencias  para contadas ocasiones, dado que alguna vez las necesitaremos para salir adelante, pero haciendo un buen uso de ellas, como puede ser una época de mucho trabajo o una fecha límite para conseguir algo. Ser “exigente“, ocasionalmente o en circunstancias y si tenemos un fin muy justificado, no es anormal ni perjudicial. Lo inaguantable e insoportable es ser exigente y pretender ser “perfeccionista” con cada una de las actividades profesionales o personales de nuestra vida. La elección de cuándo serlo nos hace libres.

Dejemos de impresionar a los demás y más aún a nosotros mismos. La gente nos quiere tal como somos.Trabajando en nuestros Centros de de Formación Vial todos los días para conseguir buenos ciudadanos conductores de automóviles. Con las tareas formativas/ educativas que realizamos todo está bien, basta con que seamos felices practicándolas. Uno de los motivos de por qué la gente busca la perfección es por sentirse aceptada, valorada,apreciada, para poder promocionarse y para no defraudar….y la mayoría de las veces nadie nos pide ese nivel de “perfección“. Incluso existen momentos en los que solo lo sabemos apreciar nosotros.

Busquemos “emociones” que nos permitan ser felices. La “serenidad” y la “alegría” son dos características idóneas para vivir una vida pletórica y llena. La “serenidad“, que algunos no tienen o no disfrutan de ella, requiere aceptar que nuestra inclinación o apego se basa en que disfrutemos de las cosas, en el aprendizaje de nuevas experiencias, en la curiosidad por lo nuevo, en la innovación, en la creatividad, pero nunca en la superación forzada. Superarnos y crecer deben formar parte del proceso, pero de forma fluida. Que sea lo que buenamente venga.

Seamos amables con nosotros mismos. ¡¡Qué no se nos ocurra criticarnos!! Cuando no cumplamos con nuestras expectativas, seamos compasivos con nosotros mismos. Criticarnos no va a sumar, más bien restar. El triturarnos o machacarnos tiene un nivel  de utilidad nulo y es una conducta poco inteligente. Valoramos más y critiquemos menos.

La “exigencia” jamás nos devolverá la sonrisa, se vio claro el otro día con el “grupillo” de alborotadores delante del Hotel Ritz, que al marcharse en su semblante apenas aparecía la sonrisa, más bien parecían chinos en penitencia. Es al revés, relajarnos, aceptar y sonreír harán que nos sintamos satisfechos con lo que hacemos. Tenemos sobrevalorado el “perfeccionismo” y la “exigencia” porque creemos que son rasgos de la personalidad que están bien vistos y considerados. Pero no es así, resulta muy duro convivir con nuestra familia o compañeros de trabajo autoexigentes, porque terminan  pidiendo a los demás  su mismo ritmo de trabajo.

Lo más importante, es proponernos el ser flexibles. La “rigidez” está asociada a la “exigencia“. Los exigentes tienen claro cómo se realizan las cosas perfectas y no hay otra vía más que esa. Se establecen programas con horarios de comienzo y finalización, definen  cuál es la calidad de la tarea a realizar, el número de horas a invertir y el nivel de fatiga  que deben tener. Para ellos todo se mide, porque si no, no existe la posibilidad de hacer comparaciones si se ha superado o no el envite.

                                                              JMLM del NW

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Experto en Formación Vial

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