AGRAVIOS RECIBIDOS, RENCORES Y LAS EMOCIONES QUE IMPIDEN OLVIDAR….

Existen personas que retienen todos los agravios recibidos, son rencorosos; confeccionan la imagen negativa y más desagradable  de la persona  o de la mala experiencia con todo lo peor y los traumas o envidias del pasado, lo que les impide recordar con objetividad y de forma positiva, de éstos hay muchos en la viña del Señor. Lo cierto, pienso y creo de buena fe que ninguno lo hacemos, dado que nuestra memoria está, íntima y profunda, directamente relacionada con nuestras emociones, que de hecho fijan los recuerdos o añoranzas. Rememoricemos aquello que experimentamos lleno o cargado de emociones, en sentido tanto positivo como negativo. Muchos estudios e investigaciones demuestran, además, que recordamos mejor y más las experiencias positivas que las negativas. Pero todos en general somos capaces de quedarnos con lo bueno. Existen personas que, cargadas de rencor, resentimientos, odio, rabia y frustración, viven completamente amargadas y se ven incapaces de cerrar u olvidar los recuerdos del pasado (son rencorosos), permitiendo de esta forma que las vivencias u experiencias  les condicionen las relaciones del momento y las futuras. Las personas felices y sanas tratan de quedarse con lo que les aportan los demás, olvidan o dan razón a los malos momentos, lo que les permite seguir relacionándose sin rencor alguno ni amargura. Pertenecen al grupo de buenas personas y fiables en la amistad.

Ante un conflicto o ruptura con alguien, muchas personas deciden idear o crear una imagen negativa con la persona que han discutido. Piensan  que buscando una versión egoísta, manipuladora ,maliciosa, agresiva…les llevará a sentirse mejor y serán capaces de entender el motivo del  conflicto, pero lo cierto es que no es así. La mejor manera de olvidar a alguien deeste tipo es sentirse neutro respecto a lo sucedido., como si esa persona no fuera importante en tu vida ni en tu profesión. Eso es lo contrario a lo que verdaderamente ocurre cuando odias  o desprecias  a alguna persona. Las emociones intensas nos impiden olvidar y no nos dejan vivir en paz. Al final, conseguimos  que esa persona odiada y que deseas olvidar, esté siempre presente en tu vida.

La impulsividad, los juicios de valor y la impaciencia, nos trasladan muchas veces a relacionar una experiencia con la interpretación que hacemos de ella. Vivimos una situación  extraña, hacemos un juicio de valor de la misma, extraemos una serie de conclusiones y a partir de ahí las conservamos en nuestra memoria durante mucho tiempo sin hacer un balance o cuestionarnos  de su veracidad y objetividad, sin preguntarnos: ¿Pude hacerlo yo mejor? ¿Quizás tuve más responsabilidad de la que pensaba o imaginaba? ¿Lo hizo verdaderamente con intención de ofenderme o hacerme daño? Nos queda pensar y razonar ¿por qué nuestra memoria recuerda  de forma tan retorcida o sesgada?

Esforzarse en pensar y actuar bien es el principio de la buena moral y el mantenimiento de la buena amistad entre las personas.

                                         Guiseppe Enmanuel del NW

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