¡EDUCACIÓN Y FORMACIÓN VIAL! ¿IGUALES? ¿LO MISMO?

Si hablamos de “educación y formación vial”, según dijo algún día la DGT: <<Es una cosa de todos>> La práctica de estas dos estrategias utilizadas para moderar los siniestros del tránsito, es tan antigua como la existencia del mismo. Si nosotros tuviéramos que calificar la “educación” y la “formación” en nuestro país, en términos docentes, a pesar de muchas opiniones, se puede considerar una asignatura pendientee, que debemos superar si queremos lograr nuestros objetivos de lograr reducir de forma importante, eficaz y significativa los siniestros de tránsito.

Podríamos destacar, en el caso de la “educación vial“, su baja aplicación en la enseñanza primaria, su apenas o casi nula superposición o aplicación en el resto de etapas no correspondientes  con las edades de escolarización, su orientación metodológica, en ocasiones errónea, equivocada y , a veces, inexistente; y,  su fundamentación, de la cual podemos decir lo mismo, etc.. En esta etapa, sería importante tener en cuenta a los “profesores de formación vial“, que con una preparación específica y de calidad serían de una gran utilidad para fomentar la “educación Vial” en los colegios, dada su esperiencia en temas viales.

En el caso de la “formación vial” podríamos manifestar lo mismo en lo que se refiere a su orientación metodológica y fundamentación, en este caso inexistente. Todo basado en superar una evaluación vulnerable y decrépita, que nada dice de los conocimientos de los futuros conductores,  solamente que han memorizado unos test que son conocidos por todos los aspirantes; el aula de teórica en las autoescuelas ha desaparecido con todos estos despropósitos de cursos rápidos y exprés. Se conduce por “intuición” y “acompañados del angel de la guarda” por las vías públicas y, con mucha suerte,  pueden salvarse del siniestro de tránsito y sus consecuencias.

Muchas de las intervenciones que se realizan sobre “educación” y “formación” vial, carecen de suficiente fundamentación racional y científica; y,  no menos  de una evaluación seria sobre su eficacia. El análisis de dichas intervenciones, que, en cantidad de veces, brilla por su ausencia por desidia o desinterés de la administración responsable de este tema, y que da la sensación o impresión de que no es importante o se considera mejor no hacerla  por los resultados que pudiera probar o demostrar.

Todo ello, no es más que el reflejo de una falta de concienciación idónea e inquietud de los poderes públicos hacia esta preocupación constante de la sociedad. Si embargo, nos resistimos a pensar que esta desidia o falta de interés sea compartida por el resto de los ciudadanos.

El problema se plantea en que, cuando aparecen críticas constructivas a un sistema obsoleto y nefasto como el que tenemos,  o se propone la necesidad de modificarlo, se generan de inmediato reacciones por parte de los que tienen responsabilidad clara en este tema, que se aprecia en ellos la sensación de que están molestos. Quizás esta reacción sea motivada por el hecho de que supongan o piensen que la mejor forma de verificación o control del sistema es que éste no se cambie o modifique, acallando o silenciando las críticas que puedan surgir ante este tema.

¿Son malas y molestas las críticas? Rotundamente, debemos  decir que: No. ¿El motivo de las mismas es realizar daño a las personas o instituciones? La respuesta es la misma: No.

Consideramos que este pensamiento o disposición crítica  debe extenderse  hacia todas las acciones, incluso las realizadas por nosotros mismos. Aunque las ventajas que tenemos como profesionales de la formación es que en nuestras tareas como formadores está  la de detectar y calibrar las deficiencias existentes,  y a la vez, generar los marcos adecuados y conseguir los nuevos desarrollos creativos e innovadores  que mejoren la rutina y el pasado. De esta forma, podemos afirmar que nuestra visión de la educación y formación vial es clara e imprescindible dado el caos e indefinición en todos los sentidos: carencia de examinadores, teórica por los suelos e inexistente, etc...Por lo que es necesario acabar con la falta de recursos para tener una plantilla de examinadores suficiente y bien pagados dada la peligrosidad de su trabajo y, a la vez, bien formados de forma continua y permanente. Debería de reconsiderarse su acceso mediante oposiciones libres y la creación de un cuerpo suficiente y exclusivo para los mismos para que no vuelvan a surgir estas carencias de servicio a los ciudadanos.

Pero la realidad es cambiante, lo mismo que el tránsito también es cambiante de día a día. Hasta este instante hemos unido dos estrategias  como son la “educación” y la “formación” que muchos confunden. Se hizo con toda la intencionalidad tratando de transmitir una realidad global de la que son ambas partícipes. Pero aclarar y llamar la atención que en la práctica diaria: la “educación” y la “formación” no son lo mismo, más bien diferentes.

                                                           Breogán del NW

 

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Experto en Formación Vial

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