“Los profesionales de la formación vial y su interés por un tránsito compartido, sociable, saludable y seguro”


No hay una única condición o clase de “usuarios de las vías“. Cada uno de nosotros utilizamos las vías en algún instante, bien como adultos o como infantes, en calidad de peatones, conductores de vehículos automóviles, ciclistas, etc…

El “tránsito” impone altas exigencias a todos los usuarios de las vías públicas, las cuales si no son controladas o se afrontan con error, el sistema fracasa y surge la posibilidad del siniestro en el tránsito. La forma en la que hacemos frente a las exigencias o demandas del sistema de tránsito depende no solo de la forma en que se realice la acción, sino también de la forma que son nuestros comportamientos y respeto a las normas.

Las “ejecuciones” y las “conductas” de los usuarios de las vías están esencialmente unidas o afirmadas. Pese a que en ocasiones pueden desvanecerse o disiparse las diferencias entre ellas, lo cierto es que ambas terminologías suponen atributos muy útiles para implantar o establecer la distinción en entre lo que es “educación” y “formación“.

La “ejecución“, mejor expresado: el desempeño de una acción, se relaciona con nuestras habilidades y destrezas para percibir y reaccionar de forma conveniente,  adecuada y en el momento oportuno ante determinadas circunstancias de la vía. Es la manifestación de lo que denominamos “habilidades y destrezas“.

La “conducta” es diferente, se refiere a lo que realmente hacemos, no a lo que somos capaces de realizar. Por tanto, incluye factores como la “percepción” y la “aceptación ” del riesgo. Las “actitudes” ante la tarea, las diferencias culturales, la presión del grupo, etc…Debido a que la ejecución del conductor se centra en la “aptitudes“, destrezas y habilidades, estas pueden ser investigadas o analizadas mediante pruebas de laboratorio, experimentos con simuladores o vehículos preparados para dichas pruebas. En principio, al menos, pueden ser mostradas, enseñadas y aprendidas. Por otro lado, la “conducta” es mucho más difícil de analizar bajo condiciones experimentales y de laboratorio y, por tanto, menos accesible.

Un “conductor con muchas habilidades“, puede decidir por afrontar una tarea de conducción completa con más decisión y prontitud que otro menos habilidoso, y, al hacerlo, decidir incrementar la velocidad en perjuicio de un incremento del riesgo y la seguridad. Por otro lado, aquellos conductores que eligen la prevención , o sea, mantener un amplio margen de seguridad, son capaces de evadirse más fácilmente de sus errores y de los otros viandantes: niños, ancianos, ciclistas, los que conducen bajo los efectos del alcohol o las drogas u otras conducciones extrañas y anormales. Este punto de vista de la conducción tiene bastantes implicaciones , y puede suponer cierta decepción sobre las investigaciones científicas y resultados sobre la formación de los conductores.  También se podrían explicar las diferencias en las tasas de éxito en la formación de conductores profesionales frente a los conductores noveles/aficionados o no profesionales.

En una profesión regulada y estructurada como la de los conductores profesionales al volante de un autobús, un tractor/remolque, camión, etc..; un incremento de las habilidades puede suponer un aumento de la seguridad, debido a que no se puede fácilmente compensar con un incremento de la complejidad de la tarea, como podría ser una conducción a mayor velocidad., tener más posibilidades de hacer adelantamientos o reducir las distancia de seguridad entre vehículos que sea aceptable.. Se podría aplicar la misma teoría a los pilotos de carreras, para los cuales un incremento de habilidades favorecido por una buena formación, puede ser intercambiada con los márgenes de seguridad aceptables. Esto nos lleva a la necesidad de establecer una diferenciación clara y concisa  ente “educación” y “formación” vial.

Deberíamos considerar y tener en cuenta que en estos momentos sería adecuado revisar algunos aspectos del cambo “conductual”. De aquí,  que nuestro objetivo prioritario sea realizar una revisión del estado de la “educación vial” y la “formación Vial” como principales estrategias  de intervención conductual vial  junto a las campañas y la  publicidad, así como de su eficacia, haciendo mayor énfasis en lo emanado de la DGT, como entidad responsable del tema por parte de la Administración. Todo ello, con el fin de analizar aquellos aspectos relevantes a la situación, como puede ser la pobre formación de los conductores en estos días, más predispuestos a “sacar el premiso de conducir de la forma que sea” ,que “aprender a conducir  vehículos automóviles” para ser unos “ciudadanos/conductores”  seguros, sociables y responsables en el uso de las vías públicas, que concluya en la intención de todos los profesionales de la enseñanza de la conducción de llegar a intenciones que puedan ser aplicables  dentro del contexto español y toda Europa.

                                                               JMLM del NW

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