Razones y políticas de seguridad vial en España y otros países Iberoamericanos a tener en consideración


El manejo o gobierno de un vehículo automóvil es una tarea compleja y difícil y lleva mucho tiempo para aprender y dominar. Los siniestros de tránsito son las principal causa de mortandad de los jóvenes, ya que son inmaduros, inexpertos y audaces, factores que contribuyen a ser los principales autores en los siniestros en el tránsito. Añadamos la falta de actitudes, comportamientos y valores, que poco pueden adquirir en estos momentos en las autoescuelas con esta preparación competitiva que se hace para “sacar el carnet de conducir“, en el menor tiempo posible, donde predominan los “cursos mercantilistas exprés” de fin de semana u otras variedades estrafalarias, donde lo único que importa y pretende es superar la evaluación muy vulnerable de la “letárgica e indiferente” DGT de España. Por lo que no existe una única solución para reducir estos nefastos siniestros en los que se ven implicados los jóvenes. ¿Quiénes son los responsables de esta desfeita?

En muchos casos, estos siniestros no son causa  de una falta  de conocimientos de las normas y las señales de circulación,o de una falta de destrezas y habilidades para manejar el vehículo, ya que existen cantidad de autoescuelas serias y responsables que forman bien a sus alumnos para afrontar los problemas del tránsito con cautela y prevención hacia estos problemas y  peligros del tránsito. El problema parece que está en función de las características evolutivas del joven conductor, su propensión de asumir riesgos, su creencia de ser un “as” del volante e invencible, y su susceptibilidad ante la presión del grupo de otros adolescentes o creerse un líder y el mejor ante las niñas que le acompañen. Además, estos jóvenes tienen una experiencia  en la conducciónn y manejo del vehículo muy limitada, unas “actitudes” muy cuestionables por lo que ya se ha dicho, a menudo malinterpretan mal el riesgo en las situaciones del tránsito, como alta velocidad en la conducción, y , a menudo, patente y ostensible ausencia significativa de buen juicio en situaciones de conducción crítica y con riesgo de siniestro. Desgraciadamente, las consecuencias se traducen en un incremento de la probabilidad de conductas viarias inseguras que pueden resultar un siniestro de tránsito con un joven conductor o sus acompañantes muertos o heridos, ya no digamos los peatones que transiten por las vías.

El problema de los jóvenes conductores es común en todas las sociedades motorizadas, más aún, en Iberoamérica, donde en muchos países se preocupan más de que los futuros conductores aprendan destrezas y habilidades con sus padres y amigos dejando de lado las actitudes y comportamientos  en las vías y la verdadera observancia de las normas del tránsito, lo que provoca lo que se ve y, es latente, gran cantidad de muertos y heridos en las estadísticas de cada país. Parece existir un reconocimiento cada día mayor  de que, hasta el momento, cualquier cosa  que se ha realizado alrededor del mundo para tratar el problema no se ha movido de la forma adecuada y se encuentren siendo considerados  nuevos sistemas o enfoques o se hayan puesto en marcha, considerados o evaluados. El OISEVI, que debería ser un ente importante para orientar en estos peligros del tránsito, más parece una reunión de protocolo de colegas y amigos, donde a penas se toma en consideración la educación y formación de los conductores y su repercusión en el “factor humano”, donde bastante tendría que decir la CICEFOV (Confederación Iberoamericana de Centros de Educación y Formación Vial) a la cual se ha excluido y no invitado a estas reuniones, a pesar de sus repetidas peticiones de asistencia a esas reuniones.

Diversos estudios e investigaciones  nos indican que el nuevo sistema  de obtención del permiso de conducir en algunos países está reduciendo el número de siniestros y víctimas, y en la medida o forma  en que cualquier país esté implementado políticas  que mediante una buena investigación o estudio reducen el problema, otros países tienen el deber y la obligación de analizar estas políticas  para considerar  si pueden adoptarlas y adaptarlas con humildad a su propia situación. A lo que se puede añadir  que lo que funciona  en un país  no necesariamente  es aplicable  a países con diferentes culturas, costumbres y tradiciones

                                                     José Manuel López Marín

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