Las sensaciones sociales sobre el tránsito, actuaciones a realizar y su repercusión sobre la salud pública.

La sensación o percepción social de la poca seguridad vial en muchos países (sobre todo en los iberoamericanos)  es muy escasa, pero teníamos que preguntarnos: ¿Qué podríamos hacer cada uno de nosotros para conseguir  que tal sensación cambiase? Probablemente, con prioridad sería no aceptar esta parte de la realidad  como si fuera verosímil, es decir, que si bien socialmente no se considera un grave problema, son la mayoría de los ciudadanos que actúan conscientemente y consecuentemente con la idea, –tal vez no interiorizada de forma racional-, de que el tránsito es un fenómeno emergente y peligroso para tener en cuenta, que con una conducción prudente, seria, sociable, segura y responsable se ayudaría y contribuiría a una buena seguridad vial y, por tanto, a una mejor salud pública. Por otro lado, es necesario conseguir estos cambios de percepción del riesgo , para que cualquier medida que afecte al conjunto de la ciudadanía y que, por tanto, suponga cualquier forma de sacrificio colectivo sea aceptado de buen grado por esta mayoría prudente y responsable como algo que contribuirá a su propia seguridad. La idea o concepto, es introducir entre la sociedad civil y no sólo en los poderes públicos el principio de “tolerancia  cero” con relación a las conductas imprudentes de los conductores, lo que, en cierto modo, comporta la exigencia a la Administración que se nos proteja de los daños que puedan ocasionarnos los otros componentes de esta importante singladura.

En cantidad de estudios sociológicos aparece el dato de que una gran mayoría de conductores tiene un alto concepto de sí mismos y muy mala de los demás; sin embargo, ello contrasta enormemente  con la tendencia a infravalorar el riesgo generado por otros conductores, lo que exige  una labor pedagógica que ponga en valor  la importancia de las actuaciones o acciones de prevención y concienciación emanadas de la propia sociedad civil: sean acciones individuales o por medio de entidades  (Autoescuelas) o asociaciones comprometidas en este tema; en estos momentos cantidad de Fundaciones adheridas al tema y una lluvia infinita de expertos en esta materia.. Es decir, se trata de potenciar el papel de la propia sociedad como prescriptor de la seguridad vial.

Por otro lado, tenemos que afianzar nuestras conciencias en el sentido de que la presión de la ciudadanía mediante ASLEME, STOP ACCIDENTES y otras, es imprescindible para que las administraciones públicas generen pautas, ayudas o medidas de un cierto coste con el necesario consentimiento social y el reconocimiento del beneficio que reportan en la prevención delos riesgos viales.

Como primer peldaño, que hay que adoptar a la hora de aseverar a quién corresponde la máxima responsabilidad sobre la seguridad vial: <<es desposeer o quitar a la palabra”responsabilidad“de todo parecido o connotación que sugiera “ilicitud o ilegalidad“, para hacerla regresar a su sentido primitivo u originario y recordar que ésta,etimológicamente o en su origen,  sólo hace referencia a capacidad de respuesta>>.

El segundo peldaño, es que de forma general quien debe proporcionar unas normalizaciones  aceptables de seguridad en cualquier cuestión de transporte, es quien realiza la oferta, que es quien contrata con el usuario. Esto que queda patente o es evidente en cualquier otra forma del transporte permanece muy desleído en el transporte privado por carretera o por las vías urbanas.

Las infraestructuras viales  son un factor básico de seguridad vial que se pone a disposición del transportista y conductores en general, y es algo  que concierne a las administraciones públicas. Que donde tienen que prestar más atención es en el “factor humano“,que es determinate en la seguridad por las vías, o sea, “formación/educaciónde los conductores y un continuo reciclaje de conocimientos normativos y técnicos permanentemente. Ahí pueden tener una importante colaboración y ayuda en los “profesores de formación vial y del trasporte“.

Esto nos obliga decirles a los responsables de la “cúpula de la seguridad vial” que: <<Las necedades de los necios son conocidas por los profesionales de la “formación/educación vial”, porque no les queda otro remedio, pero quedan ocultas  a sus ojos; las necedades de las “personas sensatas y sabias”  son conocidas por éstas, pero la ciudadanía las ignora>>.

Decía Elbert Hubbard, scritor estadounidense, que: <<Todo hombre o mujer son “tontos de remate”  al menos durante cinco minutos al día. La sabiduría consiste en no rebasar el límite>>. Este principio habría que aplicarselo a algunos en la resolución a dar al tema del deficit de examinadores y complementos de trabajo de los mismos, y no decir “ñoñeces inverosímiles” en el Congreso de los Diputados. Le puede crecer la nariz como a Pinocho y no poder saborear y degustar un buen vino de Xeréz (España) o ribeiro de Gomariz (Ourense). El primero lo tomaremos  gustosos pronto, el segundo, si el pueblo sabio y soberano y a veces… lo decide,  lo tomaremos, Dios mediante, el año que viene…..

                                                          Arteixo del NW

 

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