LA “EDUCACIÓN Y FORMACIÓN VIAL” COMO PROCESOS COMPLEMENTARIOS


Tanto la “educación vial”  como la “formación vial” son fenómenos vivos que están en constante evolución y transformación. Pero, además, porque ambas no existen aisladas de otros aspectos sociales, culturales, normativos, etc…Por el contrario, están vinculadas y condicionadas desde una realidad del propio tránsito (densidad, tasa de incidencias en el tránsito,  parque automovilístico, etc…), hasta aspectos tales como la propia filosofía y estructura de los sistemas educativos/formativos en los que se inscriben determinadas actividades de la educación vial. La visión que hemos extraído es inmensamente prometedora como fuente de reflexión tanto para el presente como para el futuro. La “educación y formación vialson procesos complementarios con características a la vez comunes y diferenciales.

Durante muchos años, las políticas de “seguridad vial” experimentaron un continuo y fuerte debate entre los que defendían un “cambio tecnológico” basado en las contra medidas centradas en el “vehículo” y las “vías“, y aquellos otros a favor de contra medidas orientadas hacia el “conductor” y otros usuarios humanos de las vías. Aunque, sin duda, son necesarias ambas, dado que los recursos son siempre limitados, prevaleciendo las disyuntiva sobre la prioridad y la productividad a largo plazo.

Hasta los años 60 la gestión de la “seguridad vial” estuvo compuesta por “educadores”, “agentes de la ley” y “Administración“. El énfasis estaba situado en la mejora de la ejecución del “conductor”, lo que tuvo como resultado una variedad y cantidad de “programas educativos y formativos“, la definición  de nuevas normas viales para la obtención de permisos de conducir, el dictado de nuevas regulaciones y unas intensas y variadas medidas dirigidas a cumplir las leyes de tránsito.

Este “cambio o revolución en la seguridad vial” de estos años, estuvo dirigido y encabezado por aquellos investigadores estadounidenses que defendieron las contra medidas tecnológicas orientadas al “vehículo” y la “infraestructura“, como William Haddon y Ralph Nader. Estos restaron importancia a las “contra medidas conductuales“, considerándolas poco útiles o menos prioritarias.

El momento actual es el considerado más adecuado para analizar y revisar algunos aspectos del “cambio de conductas“. De aquí, que tomemos la atención necesaria y comencemos a revisar de forma profunda  el estado de la “educación/formación vial“, como principales y prioritarias estrategias de “intervención conductual vial“, acompañados de las campañas correspondientes y la publicidad necesaria, así como de la comprobación de su eficacia, resultados y conclusiones que puedan ser aplicables dentro de la operativa española y europea.

En esta sociedad nueva, creativa y motorizada virtualmente, cada uno de nosotros utiliza las vías en alguna ocasión, bien sea en condición de niño o adulto, o bien en su calidad de peatón, conductor, ciclista, motorista u otras formas. El “sistema de tránsitoimpone altas y exigentes demandas a los diversos usuarios de las vías. Si estas no son controladas o se afrontan de forma equivocada u errónea, entonces el sistema “fracasa” y surge la posibilidad de una “incidencia en el tránsito“. La forma en que nos enfrentemos a las distintas demandas  que nos impone el sistema de tránsito, depende: <<no solo de la forma de ejecutar las acciones, sino también de la forma de nuestros comportamientos>>. Naturalmente, la “ejecución” y la “conducta” del usuario de la vía están intrínsecamente concatenadas o unidas. Pese, en que en ocasiones,  pueden disiparse las diferencias  entre una y otras, lo cierto es que ambos términos suponen atributos notables y muy útiles  para establecer la distinción entre “educación” y “formación”.

El desempeño de una acción, o sea, la “ejecución“, se relaciona con nuestras destrezas y habilidades  para percibir y reaccionar de forma adecuada  y en el momento preciso y oportuno ante determinadas circunstancias de riesgos viales. Es lo que denominamos “habilidad”.

Diferente es la “conducta“, que se refiere a lo que realmente hacemos, no a lo que somos capaces de hacer, por tanto, incluye factores como la “percepción del riesgo” y la “aceptación” del mismo, las actitudes” ante esta tarea, las diferencias culturales, la presión de los grupos, etc…  Debido a que la “ejecución del conductor se centra en las “aptitudes” y las “habilidades“, estas pueden ser  estudiadas mediante pruebas de laboratorio, experimentos con simuladores, ejercicios de realidad virtual o vehículos instrumentados. En un principio, al menos, puede ser enseñada y aprendida. Sin embargo, la “conducta”, es mucho más difícil de estudiar y discernir mediante pruebas de laboratorio, por tanto, menos accesible.

                                                            BREOGÁN DE FERROL

 

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