LA VERGÜENZA COMO VÍNCULO Y CAMINO DE NO COMETER ERRORES

Me confieso tímido y muy cargado de vergüenza, que es un problema más grande de lo que nos imaginamos. Por culpa de ella, dejamos de conocer a muchas personas que serían dignas de nuestra confianza y amistad. Incluso por vergüenza casi no conozco a mi mujer ni ligo con ella y me hubiese perdido un bellísimo romance como fue nuestro matrimonio. En mi periodo de estudios, por la misma razón, dejamos de aprender cuando no levantamos la mano para admitir que no entendemos cualquier parte de una materia. Por vergüenza…, siempre por la cabrona vergüenza, perdemos tantas cosas… <<La vergüenza de confesar errores, hace que cometamos muchos más…>> Y es que la vergüenza nos puede producir auténtico miedo o pavor social. Algunas personas tienen más miedo hablar en público que a la propia muerte.

En los ataques de ansiedad las personas suelen tener mucho miedo al miedo, en parte, por “vergüenza” a hacer el ridículo o armar un espectáculo en público en caso de sufrir los síntomas de la ansiedad muy acusada. Así, tanto si tenemos una perturbación de los llamadas “depresión” y “ansiedad“, como si deseamos hacernos más fuertes a nivel emocional, tenemos la obligación de intentar eliminar el miedo a hacer el ridículo o reducirlo en lo que sea posible.

Hay dos vías de pensamiento para superar la “vergüenza“. Una, consiste  en no dar demasiado importancia a la propia sensación de hacer el ridículo, es decir, comprender y entender que es muy normal la “emoción de vergüenza” y, por tanto, difícil de finiquitar del todo. La otra, la “esencial” va o gira en torno al hecho de darnos cuenta de que nuestra imagen social es de poca importancia. Nunca tendremos demasiada sensación de ridículo porque, simplemente, nos importará muy poco lo que los demás opinen de nosotros.

Si perdemos el pavor o miedo al hecho en si de tener “vergüenza“, comprenderemos que, muchas veces, el hacer el ridículo vale la pena si a cambio obtenemos beneficios. Si duda, la experiencia de hacer el ridículo es muy desagradable, pero ahí no se acaba la comedia ni el mundo. De hecho no deja secuelas físicas.

Existen deberes conductuales que algunos expertos en psicología emplean para  mostrar y enseñar la lección de que la vergüenza no mata a nadie ni nos lleva al fracaso. El objetivo de esos deberes es que sus pacientes  experimenten la emoción del ridículo una y otra vez hasta que se acomoden a ella,

Ya vemos que muchos profesionales, funcionarios públicos, políticos y otras gentes de mal vivir, que por sus actuaciones desafortunadas e irreflexivas, sacamos la conclusión que carecen de “vergüenza” y así va el pais con estos personajes que nada hacen ni tienen apenas pudor para recuperarla.

Breogán del NW

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