LAS “DISCUSIONES” Y EL CAMINO DE LLEGAR AL BUEN FIN O ACUERDO AMIGABLE


En todas las relaciones tanto interpersonales como profesionales entre compañeros de trabajo, amigos, familiares,etc..siempre tendremos temas que resolver y, discutir,  razonar, es la forma de introducir “cambios positivos” en las relaciones profesionales, que de otra forma permanecerían estáticas o en estado pasivo. Para que las “discusiones” sean sanas y saludables es necesario desterrar algunos mitos o hábitos.

¿Los buenos profesionales de la formación de conductores no entran con frecuencia en discusiones profesionales? Afirmarlo sería falso, las “discusiones” forman parte de nuestro crecimiento, de la innovación, de la creatividad y una manera de liberar nuestras tensiones acumuladas.

¿Si discutimos mucho y con frecuencia es porque nos queremos mucho como profesionales, compañeros o amigos? También falso, el buen entendimiento entre nosotros no tiene que ver con que no existan discusiones, ellas son parte de nuestra profesión, del día a día y de la propia vida, porque tienen que ver con nuestras propias diferencias. No existen seres humanos iguales, todos somos diferentes por naturaleza. En las discusiones lo importante no es quiénes ganan, sino la forma o manera en que vamos a resolver nuestras diferencias o lo que nos sucede. La cuestión no debe ser si discutimos o no, sino cómo lo hacemos, qué leyes se aplican  al llegar a la controversia o disparidad de pareceres.

¿Los rasgos de personalidad tienen que ver con las discusiones? Va a depender de muchas cosas,  porque las discusiones ocasionales son parte de nuestra profesión y nuestras vidas. Si los enfrentamientos o disjunciones son continuas y permanentes, en ese momento  si estamos hablando de un problema de personalidad, de personas que les atraen y gozan con los conflictos.

Cuando se emplea la costumbre o hábito de conversar para llegar a acuerdos; en esa etapa, en general, no suele haber tensión porque al prestarse a participar en un diálogo, claro y constructivo, ambas partes  tienen en su mente que son un equipo en busca de soluciones que satisfagan a ambas partes encaminadas a conseguir el bien común. En esas condiciones los otros se convierten en aliados no en adversarios ni oponentes, y desean participar con equidad en las ganancias. Al conversar amigablemente, no hay pelea ni enfrentamiento sino un interés compartido de recomponer y resolver las diferencias causa de los problemas.

El sostener opiniones opuestas, nos llevan a encontrarnos con puntos de vista y opiniones diferentes o distintas donde el objetivo de ambas partes es ganar. A los otros se le considera rivales y ya no existe el objetivo común de llegar a un acuerdo satisfactorio y fiable entre las partes y resolver el problema o litigio.

Enfrentarse y rebatirse los unos con los otros, es llegar al punto donde la intención de cada partícipe en la discusión es tratar de herir al contrario, someterlo y disfrutar con su derrota, aunque sea de manera inconsciente, con su sufrimiento. Al otro se le considera enemigo a batir, humillar y se recurre a toda clase de artimañas y maldades para atacarlo con insultos maldades, mentiras y amenazas.

Una discusión puede ser una válvula de escape para las tensiones profesionales acumuladas. Ahora bien, en toda discusión sana es posible expresar nuestras emociones de forma correcta, sin emitir juicios de valor sobre los otros profesionales, ni atacarlos provocando que se sientan heridos, lastimados o infravalorados. Lo más importante que debe tenerse en cuenta en un conflicto de intereses son las emociones que está experimentando la otra parte.

Sin duda, para que nuestras relaciones profesionales y personales gocen de sanidad y puedan mejorar con el tiempo es muy útil favorecer la comunicación, el diálogo, los acuerdos y los acercamientos mutuos. Lo más importante es: <<Pensar, para luego hablar>>, es una recomendación que les daría a “algunos descerebrados” que entran de forma improcedente, irreverente, maleducada, soez y poco racional en algunos chats populistas que se prodigan en las redes sociales.

                                        José Manuel López Marín

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