LA CÓLERA HUMANA Y EL ENFADO NO NOS PERMITE ADVERTIR Y SABER LO QUE HACEMOS Y, MENOS AÚN, LO QUE DECIMOS


Muchas veces cuando estamos “cabreados” o  invadidos por los síntomas de la “cólera humana“, ésta no nos permite darnos cuenta o advertir lo que hacemos y, menos aún,  lo que decimos o divulgamos. Nos convierte en personas hostiles, sin darnos cuenta que esta situación nos hace vulnerables a enfermar del corazón u otras precariedades.

Las personas “cabreadas” o siempre “iracundas”, como nuestro paisano de pueblo (Montefrío) de la “universitaria” de Granada, que viven perpetuamente enojadas, disgustadas con la vida y nuestra profesión, tienen una probabilidad muy grande de morir antes de tiempo que otras personas que son capaces de decir o expresar con sanidad lo que les molesta y criticar con educación y cortesía lo que no se hace bien o a su gusto y satisfacción. Dicen que: <<La hostilidad, a veces, es más perjudicial que el colesterol>>

A estas personas protestatarias se les puede recomendar que limpien su interior de: viejas ideas, de fósiles extraños que tienen anclados desde años, de fobias, resentimientos atrasados, de rabias contenidas, rencores, envidias permanentes, miedos, venganzas, etc…Mejor sería que oxigenen su corazón, lo dejen vacío, purgado y limpio,  para mejorar su imagen y su precaria salud. Después miren hacia dentro y se pregunten: ¿Qué necesito sacar de dentro  mi corazón y de mi mente enferma y viciada? ¿Recuerdos? ¿Personas?  ¿Fracasos personales?¿Frustraciones?¿De qué cosas tengo que hacer una purga?Resentimientos, heridas profesionales, viejas ideas, actitudes negativas, venenosos rencores, chismes maléficos, codicias, egoísmos, etc,,, Mientras se viva con estas heridas, es como permanecer anestesiados  y en un continuo estado de letargo, que a la vez les generan un alto estado de disgusto y de enojo permanente. Normalmente, nos enfadamos cuando esperamos una cosa  y recibimos otra que no nos gusta. En estas circunstancias sentir “enojo o cabreo” es normal, es una fuerza emocional que a personas sanas y normales  les hace seguir adelante sin dificultad. Pero cuando guardamos o reprimimos nuestra cólera o enfado, cuando no reconocemos nuestros fracasos y frustraciones, comienzan a emerger o suceder  cosas altamente negativas: mentir, tergiversar, emitir chismes maliciosos o graznar en las sierras como los cuervos.

Muchas de estas personas que guardan la rabia sin darse cuenta, ya que no han podido registrar  ese enfado, se les atribuye y se dice que gozan del síndrome de la mosquita muerta. Otras que guardaron durante mucho tiempo rabia contenida siendo conscientes de lo que están sintiendo, son personas que con solo una palabra los hace explotar, son los que padecen el síndrome de la bomba de relojería o la explosión

Se cuenta una anécdota que, en una ocasión, uno de estos ínclitos personajes en permanente descontento o enfado personal, al levantarse por la mañana y mirarse al espejo del baño. Vió en su cara a un amargado y resentido, entonces sorprendido exclamó:  ¡¡Con razón te echaron con esa cara tan desagradable!!

                                                     José Manuel López Marín

 

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