Meditación y actitud para la excelencia profesional


Sería muy interesante y efectivo en el Sector de las Autoescuelas, donde existe abundancia y cantidad de sabios/expertos, dedicar un poco de tiempo y atención a meditar, pensar y razonar, lo que no supone aislarse del mundo ni perder la razón o sentido común. Al meditar no nos alejamos de la realidad ni de esta sociedad exigente en que vivimos, no nos evadimos de ella, sino que, nos preparamos para reinsertarnos de forma adecuada y efectiva en la misma. “Meditar“, con humildad, es conectar con nosotros mismos, por tanto, estar en mejores condiciones y disposición de comunicarnos con los demás, bien sean alumnos, compañeros u otros profesionales. Con frecuencia, el nivel de distancia o separación que existe con otros profesionales no es sino un  reflejo del grado de distancia que existe con nosotros mismos. La “meditación” nos sana, oxigena y purifica, alejándonos de efectos contaminantes, negativos  y de niveles tóxicos que generan determinadas personas de nuestra profesión que se creen llenas de sapiencia, bondades y virtudes. La “meditación” enriquece y alimenta el alma. Cuando conectamos con su esencia y estamos bien con nosotros mismos, empezamos a estar bien con los demás de forma civilizada, con buenas formas de convivencia, lealtad y honradez, evitando competencias leoninas y desleales que tanto enojan, cabrean y enerva al sector. Meditar“, nos prepara para diálogos sanos y fructíferos, nos pone en contacto con el mundo, con otros profesionales, personas y alumnos,…con todo. Es lo que nos permite tomar conciencia de que formamos parte de algo más grande  en el que todo está interrelacionado. Todos los sistemas de pensamiento deben ser medios de orientación y guía, no dogmas de fe ni la verdad absoluta e infinita. 

La “actitud” de escucha auténtica y verdadera conlleva estar dispuestos a cambiar de criterios y los propios puntos de vista profesionales. Cuando existe diálogo serio, formal, honesto y verdadero, las partes deben estar siempre dispuestas al cambio o reforma. Aceptemos el desacuerdo o discordancia como algo natural y normal, hagamos el esfuerzo de ponernos  en el lugar del otro u otros, admitamos la “asertividad” y la “empatía”. Entendamos sus intereses y comprendamos sus argumentos, por qué dice y hace lo que dice y, a la vez, hace. Intentemos encontrar siempre segmentos o parcelas de acuerdo  y solución más que de confrontación o de enfrentamiento. Se lo digo siempre a mi buen compañero Andoni de Soria. Jamás perdamos la cortesía y las formas de comportamiento cívico, son muy importantes, ya que facilitan  o complican más las cosas a tratar. También se lo digo a mi compañero al “sabio filósofo de Lebrija”. Nunca se deben de pronunciar palabras que provoquen conflictos, discordias o causen ruptura en el entendimiento, comprensión y solidaridad profesional en la enseñanza de la conducción. Procuremos hacer todos los esfuerzos necesarios para conciliar, reconciliar y resolver todos los problemas  o conflictos que se puedan presentar, por muy pequeños que sean.

El nivel de “mediocridad” de las personas y profesionales de la formación vial  se mide  por la cantidad  de tiempo que se dedica a criticar la vida de los demás, como nuestro ínclito compañero de la “universitaria” de Granada. Criticar es, en si, la forma más evidente y sencilla de mostrar la falta de conexión con uno mismo. Con frecuencia, cuando uno dedica mucho tiempo y recursos a criticar a otros es porque es víctima o tiene el ADN de la frustración.

No deben decirse cosas “falsas” o “tergiversadas” por el bien del interés propio (el EGO) o para tratar de impresionar a sus compañeros. No deben pronunciarse palabras que causen mal efecto, contaminen y proporcionen desviación, rencor y odio. No deben difundirse noticias o bulos que no sabemos si son ciertas, tampoco criticar acciones o cosas de las que no tengamos evidencia o certidumbre de que son verdaderas. Hablemos siempre de forma sana, coherente, sincera, honesta y verdadera, siempre de forma constructiva y efectiva. Evitemos y alejémonos siempre de los comentarios tóxicos y contaminantes.

                                                         José Manuel López Marín

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