Vida profesional, ámbito de confort y fuerza colaborativa


Cada vez que te aproximas más a lo que ya está “determinado” y, de momento, supone el fin ineludible, sin posibilidad de cambio ni  retroceso, nos damos cuenta que cada hora que pasa, no tiene retorno, se consume nuestra vida como una vela de cera.¡¡Cómo pasa el tiempo!!. “Algunos” piensan y se creen que serán inmortales y que la vejez hará excepciones con ellos. El “tiempo “es para unos  más flexible y para otros menos……pero se agota para todos de la misma forma y sin remedio alguno, no admite “castas” ni “privilegios”, tan poco “santones.”. Lo más molesto y desagradable es malgastar el tiempo y observar que nada nuevo y  deslumbrante hemos conseguido ni se mueve de forma especial en nuestras vidas. Nosotros decidimos a qué dedicamos nuestras vidas y nuestro tiempo; éste tiene más valor que el dinero. Siempre podemos obtener más dinero, pero jamás podemos conseguir más tiempo o alargar la vida. ¡¡Es triste, pero es así!!.

El día a día lo forman cientos de actividades cotidianas que pasan desapercibidas para la mayoría de nosotros, son la “rutina” establecida, pero contribuyen de forma insospechada a que el mundo mejore algunas veces. Son pequeñas decisiones en todos los ámbitos de nuestra vida profesional, que van configurando y contribuyendo de forma lenta y silenciosa a tratar de llegar al “bien común” para todos, buscando la forma de que con nuestras enseñanzas en el “aula”, en ese día a día, de comunicación y traslado de “conceptos claros de prevención de riesgos viales“, del manejo diestro y hábil del vehículo automóvil y, a la vez, uso de las vías públicas de una forma saludable, sociable, segura y responsable, para conseguir con ello disminuir los siniestros en el tránsito y, por tanto, una mejora de la salud pública y el futuro de una sociedad calmada plena de confort. <<No podemos hacer grandes cosas, pero sí cosas pequeñas con un gran amor>>( Madre Teresa de Calcuta ). Cada una de ellas, tomada individualmente, pueden parecer pequeñas e insignificantes, pero sumadas todas ellas pueden constituir un hecho de excelencia. Todos nosotros, como formadores/educadores viales, las fuerzas policiales que, con su labor encomiable y sacrificada, vigilan y ponen orden en nuestras vías y el interés de la propia sociedad civil, somos parte de un “poder colectivo” que no somos conscientes del mismo. Muchas veces, creemos que lo que hemos conseguido y logrado es un granito de arena de un desierto, pero sin ese granito y muchos más no existiría ese desierto de arena.

En nuestras reflexiones y pensamientos cotidianos todos en general,  deberíamos tener en cuenta y aceptar con humildad y sencillez el lema; <<Hechos y no palabras, que éstas se las lleva el viento>>, menos las de los políticos, que cantan y riman según el sonido del voto y no de la lógica y la razón. Los “hechos ” son los que mueven a la sociedad, nos dan “prestigio” y nos hacen “necesarios” ante la misma. La “sociedad” siempre puede ser escéptica y dudar de nuestras palabras y ofertas comerciales engañosas y degradantes que practican “algunos”, pero nunca de los “hechos” y actos de “bondad desinteresados” o “beneficiosos” para la sociedad. Las palabras son fácilmente manipulables, se pueden tergiversar y, a veces, engañosas, basta, como le ocurre a muchos políticos, decir y prometer lo que el “pueblo” quiera o te pida, sólo valen para recitar o manifestar lo que el público o “posibles votantes” les guste escuchar (cantos de sirenas)-. Vale y es suficiente lanzar lo que es socialmente aceptable y, de esta forma, recaudar u obtener los aplausos, votos y la ovación social del “respetable”. Por el contrario, los “hechos” son irrefutables e  inalterables, nos pueden ensalzar o condenar. Todos, generalmente, somos parecidos o casi iguales por lo que afirmamos o defendemos, sin embargo, lo que nos diferencia a unos profesionales u otros son los actos concretos y la ejecución de los mismos. Aquí podíamos mencionar las palabras con que afirmaba con ironía Boccaccio : <<Haced lo que digo, pero no lo que hago>>

Las “críticas“, que practican algunos, no es otra cosa que un orgullo disimulado y a la vez envidioso. Criticar es fácil, casi siempre y la mayoría de las veces, una forma de verbalizar la envidia que, si fuera “tiña”, muchos tiñosos en el mundo habría. Es el arma o herramienta  preferida de los envidiosos, una derrota personal, una muestra de insatisfacción con sus propias actuaciones, con la profesión y la propia vida. Las almas sanas y sinceras, que escasean estos días, jamás se humillaran y rebajaran a las críticas tóxicas, embusteras o contaminantes de algunos eruditos y sabios de nuestra profesión. Los expertos la tildan de cáncer del corazón y la mente.  Sin duda, si juzgamos a las personas o nuestros compañeros es que no tenemos tiempo para quererlos, amarlos o desearles el bien. Sin embargo, la “paciencia” abarca y alcanza todo. ¡¡Tengamos paciemcia!!.  Se lo digo siempre al fiósofo y erudito de Lebrija.

                                                       José Manuel López Marín

 

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