Autoecuelas y adaptación al mercado. El factor emocional.


Los tiempos cambian, todo evoluciona buscando cosas innovadoras. Cada vez tenemos más profesionales en la formación vial más jóvenes dirigiendo a gente de más edad sin despreciar su veteranía y sabiduría. Así son las cosas y así hay que aceptarlas. Las relaciones profesionales y laborales cambian y se transforman, por lo que todos tenemos que adaptarnos a los nuevos tiempos y nuevas tecnologías. Quejarse continuamente como algunos olivareros jienenses frustrados es un derecho, puede ser una solución, pero quizás la menos adecuada. Da la sensación que la terrible enfermedad  de la “rabia” aún persiste y perdura para “algunos” en esa provincia, consecuencia del mal perder y las frustraciones correspondientes a algunos mercantilistas que sólo piensan en el PxP, y están carentes de la mínima cortesía. Hay profesionales que viven instalados en el pasado, en lo que fue o en el futuro, lo que podría y puede ser, pero existen otros que no admiten el presente, justamente lo que es y la adaptación a las nuevas circunstancias. Ése es el mayor enemigo y peligro de estos profesionales adaptados a una rutina continua y que niegan la realidad. Aceptarla es el primer escalón para gestionarla con éxito. Si no somos capaces de cambiar las creencias de algunos profesionales de la formación vial de que pueden influir en el futuro de la profesión, nada de lo que hagamos será útil y servirá. Poner la responsabilidad en nosotros mismos es el punto de partida  y de arranque para que ocurran cosas buenas. Tratar de tener la exquisitez en nuestra profesión “por la cara” es la enfermedad de algunos y su fracaso, que sólo genera cabreo permanente, envidia, odios y rabia. No podemos vivir continuamente con soberbia, endiosados, en la rutina y sin creatividad alguna.

Casi todas las autoescuelas como empresas, como todos los profesionales de la enseñanza de la conducción, acaban acomodándose,burocratizándose o instalándose en la puñetera rutina y la desidia. Tratar de mantener una actitud de mejora continua no es sencillo, pero si es imprescindible si queremos  continuar manteniendo una posición de liderazgo en nuestro sector de autoescuelas. Competidores, buenos materiales e innovadores de enseñanza o líderes en la formación de los conductores son algunos factores que pueden contribuir que se vaya al traste cualquier proyecto si no sabemos adaptarnos o renovar las propuestas de valor, a lo que los alumnos demandan para un buen aprendizaje. Desgraciadamente, muchos no lo consiguen por lo que surgen los conflictos.

En muchas autoescuelas pueden haberse eliminado las diferencias entre ganadores y perdedores, pero en la vida real y profesional nunca. En las autoescuelas se dan muchas facilidades y oportunidades para que puedan aprobar los alumnos los exámenes de la DGT; todo se hace para que nuestras tareas nos resulten más fáciles, agradables y llevaderas. Esto no ocurre de la misma forma en la vida real si los alumnos no van preparados para superar las “incidencias viales“. El mercado de “sacarel permiso de conducción es implacable. Da y quita sin piedad alguna. Mientras creamos valores y aportamos actitudes, el mercado de formación para que “saquen el permiso” nos corresponderá, cuando ocurra lo contrario nos abandonará. La lealtad es mínima en la mayoría de las autoescuelas en estos momentos y muy dura hasta que aparecen alternativas mejores. A la profesión y al mercado de la enseñanza de la conducción les gustan los ganadores, y se identifican con ellos, forman parte de su conjunto. Desgraciadamente, si no somos capaces de entrar en esa rutina y no ser uno de ellos, te dan de lado, te ignoran o te mandan al carajo. Para evitar ésto es bueno diferenciarse como autoescuela de “calidad” en algo  de excelencia que se ofrezca o que garantice buenos resultados y, a la vez, ponerlo en vigor permanentemente. El éxito consiste en diferenciarse. dar continuidad y seriedad a las ofertas, De otra forma, los días estarán contados. Siempre hay que estar pensando en quién vendrá y tus ofertas mejorará. Al público y a la profesión no les importa nuestra “autoestima”. Todos esperan que logremos algo creativo y novedoso, independientemente de que nos sintamos bien o no con nosotros mismos.LQ

 

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