Precio de la práctica va ligado a la calidad de la clase y la teórica si no se cobra no existe……


El sentirnos bien nos traslada a las buenas actuaciones, pero también, cuando actuamos bien nos lleva a que nos encontremos bien. Las acciones cambian las “emociones” en la conducción. Actuar con seguridad conduciendo un vehículo automóvil nos hace sentirnos más seguros. Conducir alegres nos lleva a sentirnos más alegres y seguros. Cuando no nos encontremos bien, debemos actuar y manejar como si estuviésemos bien, ésto nos hará cambiar nuestro ánimo y romper con nuestras rutinas <<El pájaro canta porque es feliz, pero también es feliz porque canta>> William James, psicólogo de Harvard. De lo que se trata es provocar ciertas “emocionesseguras y responsables en la conducción, que nos ayuden a sentirnos mejor y, en consecuencia, nos empujen  a actuar de forma más responsable y segura en el uso de las vías públicas. Muchas veces nuestra alegría causa nuestras sonrisas, pero a veces, nuestra sonrisa  causa alegrías.

Cantidad de veces la “verdad” es algo que se descubre viviendo. Nada tiene que ver con conocimientos teóricos, ni con experiencias prácticas. La sabiduría no supone tener conocimientos generales, no es tener títulos ni diplomas; tiene que ver  con saber distinguir y separar lo esencial de lo accidental, lo importante de lo secundario, y lo relevante de lo accesorio. Es hacer crecer o incrementar nuestra conciencia, para ello, hay que estar abiertos para vivir y descubrir. Nunca entremos en la creencia que nuestros conocimientos son verdades inmutables, como le ocurre a un “bobo” granadino que sólo dice chorradas. Evitemos atarnos a nuestras ideas del momento. Aprendamos y practiquemos  el desapego a nuestros puntos de vista que pueden estar equivocados para estar abiertos para recoger los puntos de vista de los demás. La verdad” la encontramos en la vida y no meramente en temas conceptuales.

El gran problema que tenemos en estos momentos en las autoescuelas, es que el dinero, cuando se eleva a la categoría de fines, nos instrumentaliza. El dinero como medio de disfrute de nosotros mismos, de ayuda a otros más necesitados y, de inversión en proyectos, nos enriquece y llena de satisfacción. El problema y peligro está cuando nos dejamos atrapar por sus garras y tenemos “mono” de ellas, cuando nos hacen suyas. En ese instante nos volvemos vulnerables y nuestro estado de satisfacción o insatisfacción dependerá de nuestro dinero atesorado, mejor dicho, ahorrado. Nadie puede vivir sin cubrir las necesidades esenciales y vitales de su  familia y algo más, que es el gran problema de la mayoría de las autoescuelas en este momento, que viven en precario por mala administración u ofertas locas. Es una cuestión de mínimos de supervivencia, que sólo podemos arreglar con sentido común, razones lógicas y darnos cuenta que todas esas ofertas leoninas y sin sentido alguno que practica algún “santón jienense” no nos llevan a nada. Es una cuestión de “mínimos de supervivencia“, pero, a partir de ahí, se necesitan otros estímulos. Tener dinero es un gozo, tranquilidad y algo fantástico, ser tenido o aprisionado por él, es una auténtica cárcel y vivir en un desasosiego permanente. Es vivir dominado por el “YO” (Ego), confundir lo que somos con lo que tenemos.

La crisis económica que padecemos en las autoescuelas. obedece a varios factores, por una parte, que la administración mantiene la rutina de una formación en técnicas memorísticas para superar un examen, sin preocuparle vigilar la formación de los conductores, que éstos tengan conceptos claros de las normas y señalizaciones, de la prevención de los riesgos viales y la toma de decisiones, así como formas de actuar una vez ocurrido el siniestro. Todo esto se puede conseguir fortaleciendo el aula y el magisterio del profesor de formación vial, vigilando la calidad de las clases  y la asistencia al aula de los alumnos, que de un tiempo a esta parte está desapareciendo y casi llegando a su fin con todos esos sistemas de formación rápida y “low cost” a base de memorización de preguntas y respuestas, para conseguir lo que ya empieza a verse: <<aumento de la siniestralidad, desprestigio y desaparición activa de las autoescuelas>>. Por otra parte, la no valoración del trabajo que realizamos, que a veces es inhumano, para sólo ganar un mínimo de dinero que apenas nos llega para el sustento de nuestras familias después de realizar jornadas interminables y leoninas, que provocan fatiga y merman la salud de los docentes. Todo ello, por las competencias irracionales y las agresividades  comerciales y la ambición desmesurada de algunas autoescuelas,  que nos llevan a la ruina a todos y merman la calidad de estas enseñanzas y que generan nuestro “desprestigio” como formadores /educadores. La culpa, sin duda alguna, es de nosotros mismos por no ponderar la calidad de las tareas que realizamos.    

                                         José Manuel López Marín

 

 

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