¿Ver y actuar en las autoescuelas?


 Mucha gente y sobre todo los jóvenes, de forma global, porfían y persisten en la necesidad  de actuar en el presente, no en el mañana o futuro que puede ser incierto.

¿Existe alguna acción en la que el tiempo, la ideología, el trabajo y la profesión no intervengan en forma alguna, es decir, donde el ver y el actuar sean la misma cosa? Eso es lo que la generalidad de las personas necesita. El humano que no tiene nada, que no tiene ni comida ni ropa; el profesional de la enseñanza de la conducción que por la disminución de la natalidad, huelgas y carencia de funcionarios y otras cosas….., por tanto, falta de alumnos, y los que quedan entran en un mercado desconsiderado y depravado de competencias desleales insostenibles, que viven atormentados, no pueden esperar ciertos procesos evolutivos ni tampoco para recibir los alimentos y ropas que promete esa ideología de los hombres, ni los profesionales un trabajo constante y seguro. Ese hombre dice:<<Necesito comer ahora, no mañana>>. El profesional dice:<<Necesito cambios de sistema  de formación y exámenes que me garanticen hoy y mañana un trabajo, mi seguridad  y estabilidad en el trabajo para poder sustentar a mi familia de forma permanente>> .En todo el mundo, en general; en especial los jóvenes, insisten en la necesidad u obligación de actuar en estos momentos, ahora, no en el futuro que es oscuro y se presenta variable e incierto; el presente es más importante que el mañana; las generaciones actuales son mucho más importantes que las venideras que aún están indefinidas y con un porvenir incierto.

Por tanto, se insiste , ¿existe una acción en la que no intervengan ni el tiempo, ni la ideología, ni el trabajo ni la profesión? Ese es el único cambio o revolución; es decir, si vemos algo peligroso,  ver y actuar son lo mismo.. Tomemos un ejemplo simple y del momento, pensando lo que nos de la gana y con libertad de ideas; si vemos que los nacionalismos son un veneno para el pueblo porque divide a la gente y a la sociedad misma, etc…; al ver que es un veneno, dejemos de inmediato y por completo de alimentar esos nacionalismos; esa acción inmediata de hacer es libertad.

Todo lo que sea rebelión nunca se traduce en libertad si no es lógica y racional para todos, la libertad es un concepto completamente distinto. Únicamente llega cuando vemos y actuamos, no a través de la influencia y de la reacción. Ver es actuar y, por consiguiente es  un acto instantáneo; si vemos un peligro no nos ponemos a pensar, a discutir, a dudar; es el momento de la “toma de decisiones” y que actuemos de inmediato, el mismo peligro del siniestro en las vías  nos empuja a actuar. De forma que el ver es el actuar y que seamos libres; es decir, ver es actuar, y esa acción es la esencia misma de la libertad, alejándonos de la rebelión.

Sin embargo, la acción inmediata,es una de las cosas más difíciles de comprender, por tanto, podemos decirla con limitaciones. o de forma simple. Muchos, siempre hablan de vivir el presente o <<vivir el ahora>>. Pero vivir el ahora  es una de las cosas más extraordinarias que existen o nos puede pasar, y para vivir el ahora, que es una acción inmediata, tenemos que comprender el condicionamiento, el cual es pasado y no dirigirlo hacia el futuro, por lo que debemos eliminar el intervalo de tiempo y vivir en la excelencia del estado inmediato.

                                               José Manuel López Marín

 

EL “MIEDO ESCÉNICO” EN EL AULA DE LAS AUTOESCUELAS


Me decía mi compañero filósofo lebrijano que muchas veces nos olvidamos cuando dimos la primera clase ante nuestros alumnos y las sensaciones extrañas que hemos sentido y vivido que podemos llamar “miedo escénico” en el aula. Ese miedo surge y lo experimentamos cuando tenemos que  enfrentarnos para hablar y comunicar conocimientos y conceptos a nuestros discentes. Es el mismo que se siente cuando hay que realizar una prueba o ejecutar una resolución. La misma sensación que experimentan los artistas, los deportistas, los políticos  o conferenciantes antes o durante alguna intervención frente un auditorio, ante unos micrófonos o una cámara. Alguno siente la necesidad de reforzar su ropa interior por lo que pueda ocurrir, cosa que no le ocurre a mi compañero ya mencionado, que comienza a hablar y se olvida  que se le va a acabar la saliva de su boca.

La mala tensión nerviosa es la que perturba o inhibe al intérprete, al profesor,al orador, al artista, etc.., La buena tensión nerviosa, al contrario, enardece, da fuerzas y permite que nos superemos en la acción como mecanismo del éxito de ser  buenos comunicadores de conocimientos viales para prevenir el riesgo y evitar siniestros en las vías públicas, consiguiendo conductores de automóviles responsables , seguros, sociables,  diestros y habilidosos en el manejo de los mismos.

Podemos considerar que la “aprensión” es la acción de esperar algo con temor, temor vago, mal definido como término que designa el periodo de anticipación o de imaginación que precede a la acción de la comunicación con nuestros alumnos o interlocutores. Tambien el periodo de atisbar  y prevenirel risgo y la toma de decisiones

Factor muy importante es la “emotividad”, que designa la capacidad de reaccionar ante las situaciones que puedan surgir en el aula ante los alumnos a través de las emociones  (sistema nervioso central) y la tendencia a ser impresionable ante estas situaciones. atípicas de determinados alumnos inquisidores.. Estas emociones pueden ser positivas y negativas.

En momentos, dando clase en el aula  sentimos “ansiedad” que supone una disposición habitual a la inquietud causada por el temor de la creencia que nuestra comunicación o argumentos no son bien recibidos y aceptados por los alumnos o la aprensión intelectual  a un acontecimiento irritante o conflictivo en el aula con alumnos díscolos, impertinentes o atrevidos. No frecuente, pero que puede acontecer. Ahí debe estar bien definida la autoridad del profesor.

También puede surgir la angustia, éste es un término muy fuerte. Supone un malestar psíquico y fisiológico frente a lo desconocido o pueda surgir. se produce muchas veces cuando nos somos capaces de interpretar los deseos o apetencias de los alumnos.

No podemos olvidar  el “estrés“, que es efecto de alarma y la respuesta energética así como el comportamiento del organismo para adaptarse a los factores de agresión (fisiológicos o psicológicos)  y a las emociones fuertes agradables o desagradables, que tengamos en el aula. El proceso  de adaptación que pone en marcha el estrés es, a priori, positivo y saludable, ya que es una tensión que nos hace poner alerta como un coche listo para arrancar. Únicamente una acumulación insoportable de factores estresantes como los que vivimos en estos momentos con tantas milongas argentinas  provocadas por el Torcal de Antequera y otros vivos codiciosos, o una respuesta inapropiada por nuestra parte cargará el estrés con una connotación negativa. Pensemos que: <<Las gotas de lluvia horadan la piedra no por la violencia,  sino que por la caida constante>>Lucrecio

                                           José Manuel López Marín

 

 

 

¡¡AUTOESCUELAS CALIENTES!!


Hace años, cuando la televisión era incipiente y con pocos atractivos, fui a ver una película al cine  que me encantó por su argumento y la forma de llevar a efecto su gran contenido de una realidad de aquellos tiempos y, a la vez, llena de situaciones difíciles de la sociedad de entonces. Me refiero a “Full Monty“, expresión inglesa que indica en español ” ir a por todas“, que estrenó el director cinematográfico Peter Cattaneo que, por su nombre y contenido, se hizo muy famosa. El nombre de la película viene, al parecer,  de un proverbio francés que hace mención de las aventuras de un “capo medieval” llamado Montgomery que en el reparto de los botines de guerra con sus soldados se quedaba con todo, como lo mismo que hizo nuestro “emperador malacitano” en la Junta y los sindicatos, o sea, no era solidario como nuestro colega.

El argumento y contenido de la película se desarrolla de forma excelente y magistral, en un desarrollo tragicómico  de unos trabajadores en situación de paro, con combinación de escenas de ironía, cachondeo y llegada a lo absurdo de ser puteados. El tema se desenvuelve y relacionará con unos asalariados que hartos  y hasta los hue.. de tanta visita a la “oficina de empleo”  y los “políticos redentores”, en donde sólo reciben parabienes, promesas vacías y contenidos de humo, ingenian una solución original a su gran problema de inactividad no deseada.: <Yendo a por todas>, venciendo el pudor y la timidez, en base de buena dosis de coraje para alimentar sus bolsillos huérfanos de dinero  y algo, también, muy importante, colmar el tiempo de inactividad que es un arma para todo el mundo muy peligrosa el “no rascar pelota”

La escena y movida de la película se desarrolla en Sheffield, ciudad que hace años era el motor económico de la Gran Bretaña, cuando el valle del rio DON, entre los páramos  de Yorkshire, estaba lleno de kilómetros y kilómetros de fábricas de acero con cientos de chimeneas lanzando toneladas de humo y generando muchas libras esterlinas, como no hace mucho tiempo las autoescuelas españolas, que no nos preocupábamos las unas de las otras al tener las faldriqueras llenas; lo que cambió en poco tiempo, ya que lo que había crecido demasiado pronto para el mercado y la economía, fue casi arrasado por las importaciones de metal más barato y el caso de las autoescuelas  disminución de la natalidad, sistemas “low cost”, “sacar” el carnet en el fin de semana, autoescuelas “on line”, “cursos reducidos”  y otras abundantes curiosidades y genialidades  para superar las pruebas para “sacar” el permiso de conducir, llegando a un desmadre consensuado por todos nosotros de difícil solución. Nuestros centros de formación/educación vial se han convertido en locales mercantilistas para “sacar el permiso de conducir” llegando a competencias dinerarias inauditas y de otras Galaxias de las cuales se aprovechan unos pocos que no les conviene cambiar la forma de trabajo del sector y se cubren de gloria alardeando que abaratan precios y defienden al sector, como el “Torcal de Antequera” de Villanueva de la Concepción.

Siguiendo con el argumento de la película, poco a poco las fábricas se fueron cerrando hasta casi convertirse en nada, como puede ocurrir en el sector de las autoescuelas como sigan las cosas así con teorías y argumentos extraños que predican “algunos poderosos” de antaño fracasados que ya conocemos. Con la paralización de las fábricas llegó el fantasma del paro y tras de él los “apuros económicos”, como ya ocurre en las autoescuelas. Y, lo peor, no saber que hacer durante  días y semanas que parecen interminables, en las que la actividad se limita a las ayudas domésticas de cooperar y  compartir con la esposa las tareas de la casa, pasear el perro, ver en la televisión las lecciones magistrales de economía de Belén Esteban, o darse el piro de casa con la disculpa de ir a comprar el periódico para tomar las tacitas de vino. Entonces surgen los problemas y malas acciones: los intentos de suicidio, la adicción a las drogas y fumar porros, aficionarse a falsos estimulantes como el alcohol y la resignación de una minoría creciente que fácilmente se acomoda  al “non fare niente“. Pero también a ideas como las de Gaz, personaje que interpreta a Robert Carlyle, que con cinco compañeros de desventura monta un espectáculo de strip-tease masculino que denominaron “Hot metal” (Metal Caliente), en homenaje y recuerdo al gremio que pertenecía con la doble misión de levantar “pasiones” y “sentimientos” ante el público femenino y, sobre todo, sensibilizar y concienciar a la sociedad, a la par, remediar sus problemas que les atormentaban a ellos y a sus familias. A la vez de correr el riesgo de perder su dignidad al exhibir ante sus compañeros y vecino sus glúteos y la coleta. 

En el sector de las autoescuelas, considerado como una industria  sin chimeneas pero sí de tubos de escape que echan humo; de momento, se empieza a vislumbrar una disminución de humo  que no sabemos a donde va a llegar, pero a todo se llegará si no se pone remedio ante el desmadre existente de tanto protestatario sin ideas. y razones

La aventura de Gaz y de sus compañeros puede ser que llegue a ser una realidad colectiva que tengamos que imitarla y repetirla todos nosotros en las plazas mayores de nuestras ciudades y pueblos, como las cosas sigan así  desfenestrándonos  como la reclamación de esa minúscula asociación que lo que va a conseguir es que nuestro prestigio conseguido en años se caiga por los suelos por el egoísmo de algunos que no saben perder. Dice el refrán: < Cuando veas las barbas de tu vecino afeitar, pon las tuyas a remojar> Refrán muy acertado para las autoescuelas.El fondo de la sentencia de la que tanto se glorifica y alardea tiene tela para nuiestra profesión.

Los abogados adoran los pleitos, los médicos viven de as enfermedades, las asociaciones de consumidores sevillanas de los cuentos de Lepe, y podemos encontrar para el problema de las autoescuelas serias y trabajadoras un estímulo de reflexión, una invitación para el análisis de la problemática de la profesión y el reto de coadyuvar todos los días con ideas nuevas, a pesar de las críticas o recelos de los de siempre muy codiciosos y con ganas de dinero.

Siguiendo con la aventura de nuestros metalúrgicos británicos, en la escena final  de “Full Monty”, los actores, más orgullosos que nunca, lanzan las “gorras” al público con las que tapaban sus vergüenzas con un elegante ademán para desprotegerse y quedarse en “pelota picada” a los sones de la canción de Ton Jones ; “You can leave your hat one”.

Por tanto, armémonos de paciencia, resignación y tranquilidad y, en el peor de los casos, si las cosas se ponen jodidas, vayamos  como nuestros simpáticos metalúrgico británicos a un “FULL MONTY” (ir a por todas)

                                                 José Manuel López Marín

LA ACCIÓN DEL PROFESOR DE FORMACIÓN VIAL EN EL AULA PARA CONVENCER Y SEDUCIR


Lo más importante de una autoescuela es la acción del profesor en el “aula”, porque para convencer y seducir a sus alumnos tiene que pasar por la acción, por tanto, tendrá que conectar a la vez  con la parte racional y la parte emocional de cada uno de sus alumnos., tendrá que darle sentido, imágenes y emociones para que sus cerebros las sientan y las hagan suyas. Difícil será hacerlo con una formación “online” o a distancia. Sí, enseñarán a memorizar preguntas y respuestas para “sacar” el premiso de conducir barato pero, a la larga, con resultados económicos elevados cuando sobrevengan los siniestros en el tránsito por haber recibido una formación virtual ineficaz y deficiente. Amazón, según una publicidad reciente, lo hace más fácil todavía, con un sistema técnico de voces, …y aún más barato todavía. ¡¡Todo se va al carajo!! La culpa la tenemos nosotros, hemos convertido una formación vial seria y eficaz para la ciudadanía en “mercantilismo puro” por culpa de algunos ,que todos conocemos, que todo su afán es vender carnets de la forma que sea. Hasta tal punto, que una asociación  o sociedad de unos pocos, que gozaron de grandes privilegios económicos antaño, como el inclito emperador malacitano, hayan conseguido una sentencia que más que beneficiar a nuestra profesión la perjudica, dado que su resultado es puramente mercantilista y dañino para nuestro sector de las autoescuelas; tendrá duras consecuencias y desprestigio para nuestro colectivo, donde algunos se anticipan a cantar por bulerías sin haber analizado con seriedad y cautela el fondo de la cuestión y sus consecuencias globales DE FUTURO.

Es evidente que en una clase de formación vial hay que hablar, . Existen muchas barreras que se levantan delante de nosotros, pero ¿tenemos siempre ganas de hablar?  Estas barreras impiden el paso al acto de la palabra,…..

Si tomamos como referencia la distinción establecida  entre “introversión”  y “extroversión“, algunos pueden replegarse más sobre sí mismo (reflexión, introspección), éstos tendrán algunas reticencias a ir al encuentro del alumno y a inclinarse a la acción. Lo que es natural, cómodo y placentero para el “extrovertido, es, de hecho, su sustento psíquico, se convierte en un esfuerzo para el “introvertido”, tiene que aceptar que debe hablar, que tiene que centrarse en la relación con los alumnos y en compartir lo que se cree, y este esfuerzo mutuo se convierte en una liberación y, finalmente, le procura un poco de placer. Nadie está obligado a forzarse de esta manera. Sin embargo, los alumnos están ahí en el aula, la apuesta por la palabra ya ha sido aceptada, es preferible ganar y, para ello, hacerlo con gusto y agrado, lo mismo que el esfuerzo, el placer se ve, se palpa, se oye y se siente.

Una vez salvado el primer obstáculo de la introversión por decisión del profesor, se presenta otro que es aceptar hablar y mostrar las emociones propias.

Lo que en el alumno es un acto espontáneo, en el profesor se convierte en un problema. Su “superego” le incita a desconfiar, sus fracasos a la prudencia, las normas de su cultura a una determinada neutralidad y los patrones que lo rodean unos estándares impersonales. No tiene más que observar a su alrededor en el mundo de las autoescuelas e incluso entre la mayoría de los funcionarios públicos para comprobar los efectos castrantes de la censura de su emociones. Lo que se expresa cuando se habla son las propias emociones del profesor y, en consecuencia, provocará también emociones en sus alumnos, emociones que pueden crear el deseo  y, por tanto, de apoyar o respaldar una idea.de compartir.

Es evidente que cuando se expresa la emoción por parte del profesor tiene que hacerlo con mesura y sobriedad. El exceso es difícilmente de aceptar que la ausencia (aparente) de emoción. se deben conjugar simplicidad y humildad, en esas dos actitudes se basa la credibilidad.

Sin embargo, ¿cómo se puede conseguir comunicar nuestro pensamiento y nuestra convicción de profesor cuando se tienen levantadas ambas barreras, la de la introversión y la de la censura de las emociones? <<No porque las cosas sean difíciles es que no nos atrevemos, sino porque no nos atrevemos, es por lo que son difíciles>> Séneca

                                                       JOSÉ MANUEL LÓPEZ MARÍN