¡¡AUTOESCUELAS CALIENTES!!


Hace años, cuando la televisión era incipiente y con pocos atractivos, fui a ver una película al cine  que me encantó por su argumento y la forma de llevar a efecto su gran contenido de una realidad de aquellos tiempos y, a la vez, llena de situaciones difíciles de la sociedad de entonces. Me refiero a “Full Monty“, expresión inglesa que indica en español ” ir a por todas“, que estrenó el director cinematográfico Peter Cattaneo que, por su nombre y contenido, se hizo muy famosa. El nombre de la película viene, al parecer,  de un proverbio francés que hace mención de las aventuras de un “capo medieval” llamado Montgomery que en el reparto de los botines de guerra con sus soldados se quedaba con todo, como lo mismo que hizo nuestro “emperador malacitano” en la Junta y los sindicatos, o sea, no era solidario como nuestro colega.

El argumento y contenido de la película se desarrolla de forma excelente y magistral, en un desarrollo tragicómico  de unos trabajadores en situación de paro, con combinación de escenas de ironía, cachondeo y llegada a lo absurdo de ser puteados. El tema se desenvuelve y relacionará con unos asalariados que hartos  y hasta los hue.. de tanta visita a la “oficina de empleo”  y los “políticos redentores”, en donde sólo reciben parabienes, promesas vacías y contenidos de humo, ingenian una solución original a su gran problema de inactividad no deseada.: <Yendo a por todas>, venciendo el pudor y la timidez, en base de buena dosis de coraje para alimentar sus bolsillos huérfanos de dinero  y algo, también, muy importante, colmar el tiempo de inactividad que es un arma para todo el mundo muy peligrosa el “no rascar pelota”

La escena y movida de la película se desarrolla en Sheffield, ciudad que hace años era el motor económico de la Gran Bretaña, cuando el valle del rio DON, entre los páramos  de Yorkshire, estaba lleno de kilómetros y kilómetros de fábricas de acero con cientos de chimeneas lanzando toneladas de humo y generando muchas libras esterlinas, como no hace mucho tiempo las autoescuelas españolas, que no nos preocupábamos las unas de las otras al tener las faldriqueras llenas; lo que cambió en poco tiempo, ya que lo que había crecido demasiado pronto para el mercado y la economía, fue casi arrasado por las importaciones de metal más barato y el caso de las autoescuelas  disminución de la natalidad, sistemas “low cost”, “sacar” el carnet en el fin de semana, autoescuelas “on line”, “cursos reducidos”  y otras abundantes curiosidades y genialidades  para superar las pruebas para “sacar” el permiso de conducir, llegando a un desmadre consensuado por todos nosotros de difícil solución. Nuestros centros de formación/educación vial se han convertido en locales mercantilistas para “sacar el permiso de conducir” llegando a competencias dinerarias inauditas y de otras Galaxias de las cuales se aprovechan unos pocos que no les conviene cambiar la forma de trabajo del sector y se cubren de gloria alardeando que abaratan precios y defienden al sector, como el “Torcal de Antequera” de Villanueva de la Concepción.

Siguiendo con el argumento de la película, poco a poco las fábricas se fueron cerrando hasta casi convertirse en nada, como puede ocurrir en el sector de las autoescuelas como sigan las cosas así con teorías y argumentos extraños que predican “algunos poderosos” de antaño fracasados que ya conocemos. Con la paralización de las fábricas llegó el fantasma del paro y tras de él los “apuros económicos”, como ya ocurre en las autoescuelas. Y, lo peor, no saber que hacer durante  días y semanas que parecen interminables, en las que la actividad se limita a las ayudas domésticas de cooperar y  compartir con la esposa las tareas de la casa, pasear el perro, ver en la televisión las lecciones magistrales de economía de Belén Esteban, o darse el piro de casa con la disculpa de ir a comprar el periódico para tomar las tacitas de vino. Entonces surgen los problemas y malas acciones: los intentos de suicidio, la adicción a las drogas y fumar porros, aficionarse a falsos estimulantes como el alcohol y la resignación de una minoría creciente que fácilmente se acomoda  al “non fare niente“. Pero también a ideas como las de Gaz, personaje que interpreta a Robert Carlyle, que con cinco compañeros de desventura monta un espectáculo de strip-tease masculino que denominaron “Hot metal” (Metal Caliente), en homenaje y recuerdo al gremio que pertenecía con la doble misión de levantar “pasiones” y “sentimientos” ante el público femenino y, sobre todo, sensibilizar y concienciar a la sociedad, a la par, remediar sus problemas que les atormentaban a ellos y a sus familias. A la vez de correr el riesgo de perder su dignidad al exhibir ante sus compañeros y vecino sus glúteos y la coleta. 

En el sector de las autoescuelas, considerado como una industria  sin chimeneas pero sí de tubos de escape que echan humo; de momento, se empieza a vislumbrar una disminución de humo  que no sabemos a donde va a llegar, pero a todo se llegará si no se pone remedio ante el desmadre existente de tanto protestatario sin ideas. y razones

La aventura de Gaz y de sus compañeros puede ser que llegue a ser una realidad colectiva que tengamos que imitarla y repetirla todos nosotros en las plazas mayores de nuestras ciudades y pueblos, como las cosas sigan así  desfenestrándonos  como la reclamación de esa minúscula asociación que lo que va a conseguir es que nuestro prestigio conseguido en años se caiga por los suelos por el egoísmo de algunos que no saben perder. Dice el refrán: < Cuando veas las barbas de tu vecino afeitar, pon las tuyas a remojar> Refrán muy acertado para las autoescuelas.El fondo de la sentencia de la que tanto se glorifica y alardea tiene tela para nuiestra profesión.

Los abogados adoran los pleitos, los médicos viven de as enfermedades, las asociaciones de consumidores sevillanas de los cuentos de Lepe, y podemos encontrar para el problema de las autoescuelas serias y trabajadoras un estímulo de reflexión, una invitación para el análisis de la problemática de la profesión y el reto de coadyuvar todos los días con ideas nuevas, a pesar de las críticas o recelos de los de siempre muy codiciosos y con ganas de dinero.

Siguiendo con la aventura de nuestros metalúrgicos británicos, en la escena final  de “Full Monty”, los actores, más orgullosos que nunca, lanzan las “gorras” al público con las que tapaban sus vergüenzas con un elegante ademán para desprotegerse y quedarse en “pelota picada” a los sones de la canción de Ton Jones ; “You can leave your hat one”.

Por tanto, armémonos de paciencia, resignación y tranquilidad y, en el peor de los casos, si las cosas se ponen jodidas, vayamos  como nuestros simpáticos metalúrgico británicos a un “FULL MONTY” (ir a por todas)

                                                 José Manuel López Marín

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