El “efecto mariposa” en las autoescuelas o centros de formación vial


Un error del pensamiento que, debemos  reprogramar, estriba en centrarse en los detalles y pasos que son necesarios antes de llegar al objetivo deseado: ENSEÑAR A CONDUCIR. Sin duda, programar es bueno, controlar no tanto. Es imposible que podamos controlar el proceso de vivir cada día  y realizar nuestras tareas de la enseñanza de la conducción hasta las últimas  minucias. Pretenderlo es tan inusual o inútil como pretender controlar un juego de azar. No dependerá de nuestra mayor o menor sabiduría, inteligencia o memoria, destrezas o habilidades específicas.

El azar es un fenómeno que tiene sus propias reglas, inescrutables para todos nosotros. como profesionales. Motivo por el cual no hemos de indicarle los pasos que ha de seguir para trasladarnos al objetivo deseado o que anhelamos, sino, todo lo contrario dejarnos conducir por él sin oponer resistencia, tan sólo indicándole qué es lo que pretendemos o deseamos. Lo correcto es tener bien presente nuestros objetivos, con la adecuada intensidad emocional e implicación personal, lo que hará que todo vaya en su dirección y genere presigio o necesidad de nuestros centros de formación ante la ciudadanía..

Intentar controlarlo todo es una enfermedad psíquica de muchos compañeros nuestros formadores viales en la actualidad. De ellos deriva tanto estrés y ansiedad que se nota en muchos propietarios de Autoescuelas pensando en un posible CAMBIO de educación/ formación de  los conductores de vehículos automóviles que rompa con la rutina obsoleta mercantilista de la que disfrutamos en estos tiempos y que tantos problemas ocasiona por  carencia de exámenes y examinadores; pues el despliegue generativo tiene su propia forma de actuar, no se atiene a nuestras necesidades y leyes lógicas y racionales, por la dependecia que tenemos de la Aministración y sus presupuestos para satisfacer estas urgentes necesidades.

Con actitudes mentales equivocadas estamos rechazando la “sincronicidad” que nos conduciría sin esfuerzo, controlando cada paso hacia la meta o destino de manera obsesiva nos enfrentaríamos puerilmente al azar. No es nuestro consciente, sino nuestro  subconsciente quien  ha de trabajar los detalles hacía conseguir la meta deseada. Dejémos que nuestro cerebro “randomice” y nos dé las respuestas de forma natural sobre la marcha. Debemos controlarnos nosotros, no pretender controlar las circunstancias que no están en nuuestras manos. Es muy difícil perder estos hábitos o costumbres de pretender controlarlo todo como mi primo hermano y vecino. Todo ello es lo mismo que  tratar de saltar de un trpecio a otro en un circo sin red.

La experiencia que generamos en el transcurso de la vida y nuestra profesión como formadores viales puede llevarnos al hábito o la costumbre, y ésta al inmovilismo; por lo que, en ocasiones se hace necesario olvidar lo aprendido, desprenderse de las antiguas rutinas, creencias de los viejos y caducos roles de actuación, salir del laberinto que nos determinan como rutinarios y mercantilistas, saltar de la rueda loca que nos atrapa como un ratón de laboratorio. Vaciarse de todo lo obsoleto y antiguo para llenarnos de innovación y creatividad para adaptarse a los nuevos tiempos. En China, los budistas dicen. <<que en una taza llena ya no cabe nada más>> Tenemos que vaciar la taza y dejar que el Inconsciente Colectivo nos la llene con las respuestas que hemos solicitado o pedido. Pero si no vaciamos la taza, no cabrán las respuestas pretendidas.

Si hacemos el ejercicio de conducir un automóvil, habremos experimentado que para lograr hacerlo de forma satisfactoria hay que centrarse en el objetivo, y no en los detalles. Lo hacemos de una forma global, integrados de forma instintiva y automática con el vehículo,  la vía, las señalización vial, los demás conductores de otros vehículos, etcétera…Nadie va racionalizando cada instante que efectúa al mirar por el espejo retrovisor, pisar el embrague o el freno, corregir el volante en microsegundos, cambiar de marcha, etcétera…Lo mismo que montar en bicicleta o motocicleta; para hacerlo bien no hay que pensar en cómo mantener el equilibrio. De todo ello se ocupa el subconsciente, que nos transmite al cuerpo y a los sentidos las correcciones necesarias de manera instintiva y automática y sin que la percibamos.

La vida es un complejo equilibrio entre el orden y la nada. Una pequeña influencia en una parte del sistema establecido puede causar una inmensa reacción global. Es el llamado “efecto mariposa“. Según esta conocida pero incomprendida teoría del caos o la nada, una gota de agua puede desbordar un océano, moviendo sus alas la mariposa en Brasil puede desencadenar un tornado en Japón, o un solo pensamiento puede cambiar la realidad y materializar lo que no existe.

                                                 José Manuel López Marín

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