La “capa o castra” de los legítimos derechos de las autoescuelas y la ciudadanía


Todos tenemos preocupaciones y si nos excedemos en ellas  vienen las consecuencias: el estrés y…lo peor, el desagradable  herpes zóster del cuero cabelludo. <<Cómo priorizar las preocupaciones en estos tiempos de tantas inquietudes, sensibilidades y situaciones  complicadas, a la vez, extrañas>>.

El crear relaciones o listas  de prioridades en nuestras preocupaciones constituyen unas herramientas muy útiles en los momentos que tengamos que afrontar problemas en nuestra complicada profesión de formadores viales y, a la vez, comenzar a tratar de resolverlos o darles solución. La idea de este sistema o modo,  es enumerar las preocupaciones y clasificarlas  o numerarlas, según su importancia, es decir, ordenarlas según su prioridad o relevancia. Se ordenarán de mayor a menor y comenzaremos a resolver las más simples para lograr un circulo virtuoso.

Lo difícil es cómo otorgar la puntuación. Para calificar, evaluar o puntuar una situación complicada como son la carencia de examinadores; debemos pensar y razonar que importancia tiene, cuánto nos preocupa. Por otro lado, también debemos ponderar si esa circunstancia va a seguir siendo igual de importante en un tiempo determinado o va a ser variable según las circunstancias. Podemos enumerar muchas de nuestras preocupaciones en las autoescuelas, abundantes en estos momentos y días. Que son importantes en unas provincias con unas carencias importantes de examinadores de tráfico, que llevan al sistema capador o castrador de autoescuelas (creado por la inteligencia humana) a estar, según dicen, a estos centros, que viven de la formación de conductores, sin poder presentar alumnos a examen cuarenta días o más en estos momentos que ya hace muchos años llegaron los hombres a la luna. Increíble, inverosímil,  pero cierto en estos tiempos avanzados y modernos.

Se cree o pretende, que el otorgar  a las situaciones puntuaciones  o clasificaciones extrañas y caprichosas, en el futuro  permitirán organizarse mejor. Pero, si sabemos que determinados problemas son de difícil solución en el presente  y menos serán en el futuro si no se crean o toman soluciones lógicas y racionales. Sabemos que existe una carencia abrumadora de examinadores que no pueden resolver el gran problema existente en la actualidad. Ya que cada vez más se van jubilados y las plazas que se crean no cubren las necesidades de un servicio que ha de ser tapado o vestido con personal funcionario muy cualificado, que tiene que asumir muchos riesgos en sus tareas cotidianas, afrontar adversidades y, a la vez, responsabilidades al evaluar a los examinandos que luego tendrán que circular  como conductores de vehículos automóviles con seguridad y responsabilidad por las vías públicas.

El gran problema del sistema está en que para tener suficientes examinadores se depende de los presupuestos del Estado muy mermados en estos momentos, muy difíciles de lograr su aumento o progresión en el Congreso de los Diputados por la disparidad de criterios de los políticos de turno. Ya hemos visto lo difícil que fue la tramitación para superar una pequeña y merecida subida de emolumentos para los funcionarios examinadores que tuvieron que recurrir  a situaciones  incómodas de huelga, desagradable e impopular para conseguir lo que lícitamente les pertenecía y se les había prometido.

Debemos pensar razonadamente qué se puede hacer. Una vez que prioricemos, tenemos que pensar cómo resolver estos problemas que ya hemos enumerado. Al hacerlo, la toxicidad del problema disminuirá  en gran forma y medida, por lo que es necesario invertir bien el tiempo. No en preocuparnos o sentirnos ansiosos, sino en analizar con mesura los problemas, dificultades y buscarles soluciones a la medida y razonadas. Si el problema es falta de examinadores y no hay recursos económicos por parte de la administración, busquemos la forma de encontrar soluciones eficaces y sin que se tergiversen los resultados o posibles soluciones con declaraciones estrafalarias, estrambóticas y extravagantes.

Casi todo el mundo en estos tiempos tiene un automóvil, por tanto, contrata un seguro para prevenir los riesgos y daños de un siniestro en las vías, pero no evita que podamos colisionar con otros. Pero si chocamos, el seguro nos da cierta tranquilidad, seguridad, tranquilidad y sosiego. Si bien no previene los accidentes,  pero es una solución, ya que nos produce un alivio a nuestras inquietudes y un descanso mental.

Pues si no podemos contar con los, sin duda alguna, buenos y probos examinadores funcionarios estatales por falta de recursos de la administración, hagamos copia de lo que ya han hecho en otros países de la Comunidad Europea como recurso inmediato y medicina para solucionar el problema. Vayamos a la “externalización temporal de servicios” mientras dura el problema, para no perjudicar a estas empresas que necesita supervivir de su trabajo cotidiano y a los ciudadanos  que tienen el derecho de tener ese servicio público para conseguir su puesto de trabajo, que nada tiene que ver con la privatización de este servicio, que es cosa muy diferente. Solamente con un concurso público, donde se fijen las condiciones y la idoneidad de la empresa concesionaria temporal y los evaluadores, siempre dirigidos, vigilados y controlados por la administración como garante de este  buen y legítimo servicio, su buena y sana ejecución, que no puede ser exclusivo al existir una carencia descarada del mismo para muchos ciudadanos necesitados de estos servicios. Todo ello ayudaría a equilibrar este desfase de difícil solución siempre que se tenga que contar con los presupuestos del estado. Nadie tendrá que llevarse las manos a la cabeza, ni considerarlo mafioso ni escandaloso como algunos alarman o pretenden hacernos creer, ya que cualquier empresa que aspire y reuniese las pautas establecidas en el pliego de condiciones determinados por la Administración podría ser la adjudicataria temporal de este servicio, que no tendría por que ser de menos calidad y fiable de los existentes. No seamos más papistas que el Papa. Es un sistema empleado en varios países europeos, en América y en las grandes empresas para, temporalmente, resolver sus acuciantes problemas de dar servicios fundamentales y necesarios para la ciudadanía.

Esta libre y sincera opinión no pretende perturbar,  ni inquietar a nadie, ni sentar cátedra; va libre de todo interés o codicia. Sólo trata de aportar alguna idea para ayudar a esos compañeros que están sufriendo el calvario de este gran mal de la “capa o castra” de derechos de las autoescuelas y las consecuencias de la falta de examinadores.

                                                    José Manuel López Marín

Entrevista a Enrique Medri, expresidente del Consejo Nacional de Seguridad Vial


Entrevista. Accidentes de tránsito en el Perú se incrementan. Enrique Medri, expresidente del Consejo Nacional de Seguridad Vial, indicó que hay un 12% más casos de accidentes respecto al primer trimestre del 2019 en comparación al a primer trimestre del 2018. Seguidamente, habló sobre el terminal terrestre de Fiori y cómo el MTC habilitó este espacio en su momento y el trabajo de la Sutran para fiscalizar. Recomendó que la fiscalización en las carreteras respecto al transporte podría pasarle parte del trabajo a la Policía de Carreras para complementar el trabajo de la Sutran.

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Opiniones sobre la seguridad vial: “expertos” en el tema…..


Se considera en todas las latitudes y lugares, como dato significativo y sin discusión, que el “factor humano” es determinante y está presente en el 95% de los siniestros en el tránsito, que yo afirmo,  me atrevo a decir no como experto y sin rubor, que en el 100%, pero no puedo ni pretendo ser creíble por ser lego e ignorante en estas materias y cuestiones.  “Expertos” en este tema hay en abundancia y por todos los sitios y espacios, sobre todo en las tierras dulces y bellas de las milongas, donde emergen y se desarrollan como las margaritas en medio de las praderas.

Algunos “expertos” dicen que tienen culpa las vías en un 20% y los vehículos en un 12%, pero a mi me queda la duda de quién diseña, construye y mantiene la conservación y el buen uso de las vías públicas, que, quizás, pueda ser responsable el factor humano. También, quien diseña, fabrica, maneja, mantiene y vigila la conservación y buen uso de los vehículos, que también pueda ser…. el factor humano. Luego, pude ser …que sea el 100% determinante de los siniestros en las vías públicas el factor humano. Pero, estamos en Semana Santa y pido disculpas ante tan grande atrevimiento, pecado  o herejía siendo lego como soy y me confieso en estas opiniones  y materias solamente exclusivas  para expertos.

Es importante que retengamos las ideas de todo lo ya estudiado y analizado por  verdaderos analistas, científicos y expertos del tema, entre otras consideraciones y razones, para evitar argumentos “yoistas” o “yocreistas”, al menos para ponernos en guardia ante los que consienten en aseverar  o negar cualquier dato relevante, que pueda venir respaldado con sello científico o respaldo universitario, con aquello de yo creo que….., para luego ayudarlo o lanzarlo como una verdad incuestionable o absoluta, lo que solo supone una elucubración o pensamiento surgido de la imaginación propia, divina, científica e instantánea. En España y en todo el mundo existen cantidad o infinidad de “expertos”, “científicos” e “investigadores”, sobre todo funcionarios de las administraciones, que siempre tienen el poder de la razón y  la palabra de Dios en temas de seguridad vial, cada uno con su explicación o consideración científica de las causas de los siniestros en el tránsito por las vías públicas y con unas consideraciones o recetas mágicas y hechiceras que, como panacea universal y divina, pueda resolver,  alcanzar el término o acabar con los siniestros en el tránsito como si fueran tocados por la varita mágica del mago Merlín en un abrir y cerrar de ojos. No comentemos ni digamos nada de la opinión que  nos merecen y podamos tener de los que se coronan, autodefinen o autotitulan como “expertos en seguridad vial”. De esos sabe, conoce bastantes y muchos mi sabio filósofo  de Lebrija.

En general, todos tenemos derecho a emitir y expresar con la libertad, que nos da el pertenecer y ser miembros del “pueblo”, nuestros pensamientos, algunas veces populistas/agradecidos, y exponer nuestras opiniones, pero con sensatez para dejar a los verdaderos “expertos“, en cada rama y materia,  realicen su labor de estudio y análisis científico, ahorrando a la sociedad y ciudadanía hacer juicios de valor descalificatorios  que puedan contribuir a entorpecer o dificultar el adoptar medidas importantes y eficaces para mejorar el tránsito y evitar los siniestros en las vías públicas, por tanto, evitar  muertes humanas.

Sin embargo, vemos, con frecuencia y no de forma excepcional,  como renace  a la sombra de algún estudio escasamente creíble y serio o extracciones  desconsideradas de estudios,  si serios y de calidad, el “yo creo” que se opone con dogmatismos a los estudios técnicos y científicos, sobre todo en los factores de la causalidad de los accidentes.

Los siniestros en el tránsito por las vías públicas son un problema social que exige y obliga a un control de la sociedad moderna y avanzada de estos nuevos tiempos  de innovación y creatividad.

                                             José Manuel López Marín

El aprendizaje de la conducción solo basado en destrezas y habilidades, que algunos políticos populistas contemplan para satisfacer a algunos ciudadanos y conseguir así sus votos de agradecimiento.


Sin duda, el gran problema  del aprendizaje de la conducción está y estuvo siempre en priorizar las destrezas y habilidades sobre las actitudes, comportamientos y valores que pueda tener el conductor, cuando las dos cosas forman un conjunto que debe ser sólido y fuertemente concatenado para lograr un buen conductor seguro, responsable, sociable y cortés en el uso de las vías públicas.

Siempre solemos mencionar y hablar a nuestros alumnos sobre el “principio de confianza” y lo que se llaman criterios de conducción a la defensiva. mediante el cual, cuando manejamos, lo realizamos con la idea de que los otros conductores o peatones van a respetar las normas, las demarcaciones viales, y por tanto,  nos moveremos con una razonable fluidez sin hacer continuas detenciones hasta comprobar que nuestros derechos no van a ser pisoteados. Creemos y consideramos que empatizan con nosotros en todo instante.

Sin embargo, este principio de confianza, muy genérico, debe ser compatible con los criterios de la autoprotección que vienen reseñados en todos los manuales de la conducción a la defensiva de origen gringo o estadounidense.

La conducción a la defensiva parte de principios opuestos; viene basada,  en concreción, en la desconfianza de las acciones de los demás. Todos sus argumentos y consejos parten del principio o la idea  del vehículo que nos precede o el que circula a la par del nuestro en cualquier instante puede hacer una maniobra extraña o inesperada, como frenar de repente o girar de forma súbita o temeraria, lo que nos obliga  estar en “stand  by” o tener preparado un montón de decisiones alternativas preventivas para evitar la situación de riesgo y toma de decisiones en la que de forma inopinada podamos vernos incluidos sin quererlo.

Cuando llegamos a un cruce regulado por semáforos, si encontramos el nuestro iluminado con luz verde,  según las normas podemos continuar, porque creemos  que los que lo van a encontrar en rojo respetarán la normativa de tener que parar. Si no actuásemos bajo el criterio del principio de confianza, nos detendríamos y no continuaríamos circulando hasta comprobar que el otro vehículo se ha detenido. Este principio no deben contemplarlo algunos taxistas de Santa Marta (Colombia) que en el regreso de un congreso de seguridad vial de esa ciudad  hacia el hotel  se pasó todos los semáforos en rojo, no respetó ningún límite de velocidad, ni señal alguna, hasta tal punto de creerme que me encontraba en la jungla y con los testículos de corbata, y que las señales en las vías eran motivos de adorno.

Sin duda el conductor era muy diestro y habilidoso manejando el vehículo, pero un irresponsable y peligroso social manejándolo. Con esto quiero dejar bien sentado que a parte de ser un buen “guiandeiro” es necesario ser un buen conductor seguro, responsable, con valores, sociable en el tránsito y uso de las vías, y sobre todo, darse cuenta de los peligros que entraña conducir un automóvil  no solo par si mismo, los ocupantes de su vehículo, sino que para el peligro que lleva para los demás usuarios de la vía. 

Estos principio básicos de solidaridad y cortesía de transitar por las vías públicas con seguridad, responsabilidad y cortesía, sólo puede ser inculcado en las “autoescuelas de calidad” avaladas, controladas y vigiladas por la administración, con el cumplimiento de programas racionales, lógicos y eficaces que lleven a conseguir buenos conductores y erradicar el siniestro del tránsito y sus consecuencias.

Así que Sres. políticos representantes de la ciudadanía, su nombramiento como diputados y los votos se les dan para ser útiles  con servicios eficaces y sensatos para servir al pueblo con buenas acciones, no para contentarlo y satisfacerlo con “milongas populistas complacientes para algunos”, sin razón y sentido,  para que les vuelvan a votar. La seguridad vial es un derecho y obligación de todos, con el fin de salvar vidas y evitar los siniestros en el tránsito de tan malos resultados y consecuencias.

                                           José Mnauel López Marín