El aprendizaje de la conducción solo basado en destrezas y habilidades, que algunos políticos populistas contemplan para satisfacer a algunos ciudadanos y conseguir así sus votos de agradecimiento.


Sin duda, el gran problema  del aprendizaje de la conducción está y estuvo siempre en priorizar las destrezas y habilidades sobre las actitudes, comportamientos y valores que pueda tener el conductor, cuando las dos cosas forman un conjunto que debe ser sólido y fuertemente concatenado para lograr un buen conductor seguro, responsable, sociable y cortés en el uso de las vías públicas.

Siempre solemos mencionar y hablar a nuestros alumnos sobre el “principio de confianza” y lo que se llaman criterios de conducción a la defensiva. mediante el cual, cuando manejamos, lo realizamos con la idea de que los otros conductores o peatones van a respetar las normas, las demarcaciones viales, y por tanto,  nos moveremos con una razonable fluidez sin hacer continuas detenciones hasta comprobar que nuestros derechos no van a ser pisoteados. Creemos y consideramos que empatizan con nosotros en todo instante.

Sin embargo, este principio de confianza, muy genérico, debe ser compatible con los criterios de la autoprotección que vienen reseñados en todos los manuales de la conducción a la defensiva de origen gringo o estadounidense.

La conducción a la defensiva parte de principios opuestos; viene basada,  en concreción, en la desconfianza de las acciones de los demás. Todos sus argumentos y consejos parten del principio o la idea  del vehículo que nos precede o el que circula a la par del nuestro en cualquier instante puede hacer una maniobra extraña o inesperada, como frenar de repente o girar de forma súbita o temeraria, lo que nos obliga  estar en “stand  by” o tener preparado un montón de decisiones alternativas preventivas para evitar la situación de riesgo y toma de decisiones en la que de forma inopinada podamos vernos incluidos sin quererlo.

Cuando llegamos a un cruce regulado por semáforos, si encontramos el nuestro iluminado con luz verde,  según las normas podemos continuar, porque creemos  que los que lo van a encontrar en rojo respetarán la normativa de tener que parar. Si no actuásemos bajo el criterio del principio de confianza, nos detendríamos y no continuaríamos circulando hasta comprobar que el otro vehículo se ha detenido. Este principio no deben contemplarlo algunos taxistas de Santa Marta (Colombia) que en el regreso de un congreso de seguridad vial de esa ciudad  hacia el hotel  se pasó todos los semáforos en rojo, no respetó ningún límite de velocidad, ni señal alguna, hasta tal punto de creerme que me encontraba en la jungla y con los testículos de corbata, y que las señales en las vías eran motivos de adorno.

Sin duda el conductor era muy diestro y habilidoso manejando el vehículo, pero un irresponsable y peligroso social manejándolo. Con esto quiero dejar bien sentado que a parte de ser un buen “guiandeiro” es necesario ser un buen conductor seguro, responsable, con valores, sociable en el tránsito y uso de las vías, y sobre todo, darse cuenta de los peligros que entraña conducir un automóvil  no solo par si mismo, los ocupantes de su vehículo, sino que para el peligro que lleva para los demás usuarios de la vía. 

Estos principio básicos de solidaridad y cortesía de transitar por las vías públicas con seguridad, responsabilidad y cortesía, sólo puede ser inculcado en las “autoescuelas de calidad” avaladas, controladas y vigiladas por la administración, con el cumplimiento de programas racionales, lógicos y eficaces que lleven a conseguir buenos conductores y erradicar el siniestro del tránsito y sus consecuencias.

Así que Sres. políticos representantes de la ciudadanía, su nombramiento como diputados y los votos se les dan para ser útiles  con servicios eficaces y sensatos para servir al pueblo con buenas acciones, no para contentarlo y satisfacerlo con “milongas populistas complacientes para algunos”, sin razón y sentido,  para que les vuelvan a votar. La seguridad vial es un derecho y obligación de todos, con el fin de salvar vidas y evitar los siniestros en el tránsito de tan malos resultados y consecuencias.

                                           José Mnauel López Marín

 

 

 

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