La “palabra” como base necesaria e importante para facilitar la comunicación y elocuencia del Profesor de Formación Vial en el Aula de la Autoescuela


Hagamos un pequeño homenaje a la “palabra”,intensificando nuestro entusiasmo, satisfacción y pasión por la misma, dando una explicación de su poder, su belleza y peligro en ciertos momentos. Tenemos que reconocer que es uno de los tesoros más valiosos en nuestra profesión de formadores viales; la llave que abre cantidad de puertas, algunas difíciles de descubrir; la solución para muchos problemas que nos encontramos en la vida. Recordemos la historia cómo los griegos fueron amantes de la palabra y cómo los héroes de Homero merecieron la calificación del <<de bellas palabras>> y cómo definen al orador como el hombre de cuya boca <<fluyen palabras más dulces que la miel que, a veces, derriten a algunas damas>>.

Georgias (sofista leontino) llegó a decir de la “palabra” que es capaz de aplacar el miedo, de amainar y disolver la tristeza, exaltar la alegría en las personas,y, sobretodo, azuzar y animar la comprensión entre los disgustados. Todo ello constituye un estímulo para un buen “aprendizaje de la conducción” de vehículos automóviles.

Nosotros como seres humanos y profesionales de la enseñanza de la conducción somos el resultado cambiante de muchas ilusiones ya logradas y, también, de aspiraciones frustradas, de elecciones de comportamientos en relación  con metas que consideramos utópicas, imaginarias o deseadas; nuestra vida está gobernada  por ideas, creencias, opiniones y experiencias, a veces rutinarias, y por la identificación de objetivos deseables o indeseables; por un conjunto de habilidades o destrezas  que se han de desarrollar tras un dilatado proceso de “aprendizaje”.

Todos los seres humanos y más los profesores de formación vial debemos aprender las destrezas y habilidades más elementales, necesarias y fundamentales. Recordemos que cuando fuimos niños no aprendimos a andar lo mismo que los perros u otros animales. Los nuevos seres humanos no somos sólo organismos en busca de adaptación a un medio favorable para subsistir, sino “homos discens“, criaturas capaces de aprender a ver, escuchar en el aula, a saborear, a palpar, a pensar y discernir los posibles riesgos en las vías públicas, a entender los peligros viales y prevenirlos, llegado el momento actuar en el instante de la toma de decisiones para disminuir o evitar el siniestro en el tránsito, el desear para todos los que utilizan las vías públicas una buena sociedad, cortesía, seguridad y responsabilidad en el uso del tránsito vial, confiar y sentir empatía con el resto de conductores y peatones, actuar y hablar con educación, evitando confrontaciones desagradables en las vías por la utilización irrespetuosa e inadecuada las normas del tránsito. Solo así llegamos a ser plenamente buenos profesionales de la formación vial y humanos a la vez.

 Crecemos como humanos y profesionales de la formación vial, por lo tanto, no sólo siguiendo las pautas humanas adultas  establecidas o directrices que hemos tenido en nuestra formación profesional, sino aprendiendo a actuar y a elegir libremente lo que tenemos que hacer o desarrollar para conseguirlo, además de poseer un inventario de ideas, proyectos, metas, imágenes, sentimientos, creencias, etc…,es necesario que los alumnos en el aula observen al profesor como un líder o superfenómeno en conocimientos, que le escuchen con la máxima atención, que aprendan a pensar y discernir los riesgos y peligros en la conducción de vehículos automóviles,  entender, captar los peligros en las vías públicas, la forma de evitarlos e imaginarlos, creer que existen  y entenderlos para desear y procurar evitarlos, y, sobretodo, aborrecer la posibilidad de la ocurrencia de un siniestro vial. Estas reflexiones nos llevan a la conclusión de que aprender el arte de la elocuencia por parte de los profesores de formación vial, es aprender a reconocerse a sí mismo en el espejo de los demás, ser líderes y verdaderos maestros ante sus alumnos, adquiriendo la habilidad de devolver a sus discípulos su propia  versión de estar vivos, ser actores en acción en la gran tragedia de los siniestros en el tránsito, que, es a la vez, una automanifestación y una autoacción.  Los seres humanos y los profesores de formación vial maduran  dominado el mundo o parcela de los lenguajes, se apropian del mundo mediante imágenes, conocimientos o conceptos que les dibujan las palabras. Nunca enseñándoles a “memorizar preguntas y respuestas” para superar evaluaciones obsoletas, de poca calidad y extrañas, mediante una pretendida educación/formación vial con sistemas mecánicos a distancia que a nada conducen  en calidad para esta importante y difícil tarea de la enseñanza de la conducción de vehículos automóviles y, además, sin la más mínima garantía que exista o sea un profesor de formación vial el que la imparta.

                                           José Manuel López Marín

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