La sencillez y la naturalidad en los profesores de formación vial bases o pilares de la eficacia


Muchos compañeros nuestros, formadores viales o profesores de autoescuela, presumen de sencillez y ser muy naturales en sus actos o actuaciones, pero confunden  la “naturalidad” con la “espontaneidad“, que, en realidad, son dos cualidades bien diferentes. La primera supone una adaptación del comportamiento a la forma o manera de ser, a la atención que ejerce el profesor en el aula de la autoescuela sobre sus alumnos, a la disposición y a la índole de los discentes o alumnos, y, a la situación o forma como se exponga la materia o conocimientos a desarrollar en la clase.

Podemos entender  por naturales  las “actitudes” o los comportamientos que van de acuerdo con la propia naturaleza; a las cualidades personales del profesor, a sus limitaciones, a las condiciones y las circunstancias que concurren  en un determinado acto en el aula de la autoescuela.

La “naturalidad” no es el comienzo o punto de partida sino, todo lo contrario, es el resultado de un largo y laborioso proceso de autodisciplina y severo aprendizaje. Debemos de considerar y tener en cuenta que la exposición del profesor se pronuncia en una situación especial sujeta a determinadas convenciones (asertividad y enpatía con los alumnos) que exigen conocimiento y dominio de sus reglas y, sobre todo, adaptación a un medio ambiente extraño, incluso hostil e imprevisible.

La naturalidad del profesor de formación vial, la suelen perder tanto los pipiolos o principiantes como los que se han acostumbrado demasiado a hablar de forma alocada y rutinaria en sus clases o exposiciones públicas. Deben de evitar las afirmaciones o hacer juicios de valor que den a entender actitudes falsas o comprometidas, engreídas, petulantes, serviles, pelotilleras o de inferioridad manifiesta.

La hipocresía y la falsedad inspiran desconfianza de los alumnos; la petulancia, desprecio; el servilismo o la pelotilla, lástima; la falsa modestia y vanidad, empacho.

El profesor expositor debe ganarse la benevolencia, la atención, el allanamiento y la docilidad de sus alumnos.. Sobre todo, con sencillez y una presentación modesta pero incisiva, siempre evitando que sea afectada por algún alumno impertinente o mal educado, para éstos la indiferencia o el desprecio.

Por el contrario, la sinceridad del profesor en su exposición, genera confianza y atención; la competencia, seguridad; la sencillez, simpatía y aprecio; el respeto, consideración y aprecio.

                                                              José Manuel López Marín

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.