La entropía profesional y social en estos momentos en las autoescuelas


En termodinámica la “entropía” es una magnitud que indica el grado de desorden molecular de un sistema; locución o vocablo que también es posible utilizar para una determinada profesión, pudiendo así evaluar o medir el grado de desorden o caos de la misma, denominándose en este caso “entropía profesional o social”. Hay muchos factores que pueden incidir en la generación de este caos o debacle profesional y, a la vez, social, más en un sistema que se supone organizado, previsible en todos sus actos y estable según reglamentos, normas y leyes democráticas como son las nuestras. Uno de los que más puede generar desorden es la ruptura con el principio de legalidad, como algunos pretenden, de tal forma que su verdadera expresión quede al criterio de la autoridad responsable de su aplicación, lo cual se agrava cuando este incumplimiento de las leyes, normas y reglamentos se permite a favor de aquellos que quieren, no solo generar desorden en el sistema, porque les conviene (a río revuelto ganancia de pescadores),, sino que lo que pretenden es destruirlo para funcionar en el reino de la anarquía y hacer lo que les de la gana con completa impunidad.

Cuando el desorden se apodera de un sistema profesional. como en este momento  de las autoescuelas, sea el que sea, la autoridad llega a descomponerse en beneficio del caos provocado por determinados sujetos impresentables y codiciosos, de tal suerte que el aumento de la entropia haría posible una implosión de aquel. La corrupción de todo sistema comienza cuando el incumplimiento de las normas se presenta como algo que se puede resistir incluso para”algunos” beneficioso para su codicia y, a la vez, atractivo para poder medrar en sus tareas  y ambiciones profesionales., hasta tal punto, que el transgresor  encuentra un cierto de simpatía, y, a veces, empatía, que le permite soslayar el cumplimiento de sus obligaciones profesionales y sociales Dice, mi compañero, el filósofo de Lebrija, que Maquiavelo en los últimos tiempos manifestaba:<<El que tolera el desorden para evitar la guerra tiene primero el desorden y después la guerra>> El hecho de que esta frase se repita con mucha frecuencia es muestra de la preocupación que se tiene porque las normas no sean cumplidas por algunos profesionales de la formación vial. Lo que nos hace pensar que el sistema solo da respuestas sancionadoras frente al infractor individual que abunda en nuestra profesión, motivo por el cual,  cuando la transgresión surge o es cometida por un colectivo,el sistema se adapta, se moldea y se transige. permitiendo cambios en el sentido más estricto de la palabra. <<La exigencia del cumplimiento de la ley, normas y reglamentos es la mejor vacuna o antídoto frente a los que fomentan el desorden y, también, el castigo>>

 El poeta italiano Dante Alighieri, conocido por haber escrito la Divina Comedia, una de las obras fundamentales de la transición del pensamiento medieval al renacentista, señaló o asignó la novena fosa del octavo círculo del infierno a los sembradores de la discordia y la maldad, responsables de cismas políticos, profesionales y guerras civiles, siendo mutilados por un demonio que vuelve abrir sus heridas tan pronto curan, como contrapeso a las divisiones que provocaron y generaron.

Nuestra profesión de formadores viales debe afrontar en la actualidad retos y desafíos que eran difíciles e imaginables hace tan solo unos años. Conscientes de la importancia cada vez mayor del papel de nuestras instituciones y profesión ante la sociedad,  pretendiendo ser importantes y necesarios. No podemos conformarnos con ser únicamente el lugar donde se transmiten conceptos y conocimientos, donde se suministran destrezas, habilidades y capacidades para ejercer una profesión de formadores viales. Es necesarios formar buenos conductores de vehículos automóviles capaces de saber utilizar la información recibida de una manera adecuada, segura y responsable, dotarlos de valores éticos y morales, con aptitud de análisis, espíritu crítico y preparados para asimilar nuevos conocimientos según avanzan las nuevas tecnologías, adaptándose de esta forma a esta evolución vertiginosa en que vivimos. Así conseguiremos una sociedad cívica, cada vez más educada, más justa y más implicada en generar un futuro mejor y de progreso.                             

                                                 José Manuel López Marín

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