Nuestro estilo de vida, tareas docentes y profesionalidad en las autoescuelas modernas


Muchas veces nos preguntamos ¿por qué en los países avanzados en tecnologías innovadoras, creatividad y eficacia como Japón, China, Alemania la gente no goza de más felicidad?..y, sin embargo, ¿por qué en las relajadas poblaciones indígenas del Amazonas no existe la depresión, el estrés ni la ansiedad?

Es decir, en estos dias que vivimos, entre las ventajas que vende nuestro estilo de vida y nuestra profesión en decadencia, está el hecho de que todos nosotros somos muy eficientes y eficaces, muy buenos, casi todos expertos en seguridad vial, transportes y muchas cosas más según las necesidades. No solo se exige que las enseñanzas que desarrollamos de “sacar” el permiso de conducir (marcado y dirigido por una administración y políticos inmovilistas) sean más relucientes, atractivas, con el reclamo y aliciente de ser competitivas en precios entre las autoescuelas y, a la vez, baratas…funcionales y bien envasadas para la venta de servicios y atracción de futuros alumnos que busquen lo barato. Eso es lo que le satisface a muchos padres para sus hijos, de “sacar rápido y barato” el carnet y que luego aprendan por intuición y con la ayuda de la suerte por las vías públicas de forma autodidacta, con resultados peligrosos como el último siniestro vial de Vigo de estos días, que murieron tres jóvenes inocentes por falta de actitudes, comportamientos, impericia y no respeto a las normas viales del conductor; o autoridades como el Tribunal de la Competencia solo preocupado por que siga la disputa irracional de precios por servicios prestados y no por la enseñanza de calidad impartida o, más bien, Asociaciones de Condumidores, como la sevillana, más preocupadas por los precios o costes gangueros del servicio de “sacar el permiso de conducir” que por la “calidad” de la enseñanza de formar buenos conductores de vehículos automóviles: precavidos, seguros y responsables. Pero, a nosotros, como verdaderos profesionales garantes del “aprendizaje de la conducción“, ¿Esto nos hace realmente más felices o nos llena de indignación, rubor, autoexigencia estresante o el inicio del camino de lo absurdo?

Cada vez tenemos más expertos, intelectuales de la Seguridad Vial y la Movilidad Sostenible, Psicólogos, Sociólogos, Investigadores Universitarios y demás, todos ellos alertados e inquietos por esta materia que preocupa a la Sociedad  y, de forma global, a la misma  Organización Mundial de la Salud que, a los siniestros en el tránsito los define, nombra, califica y cataloga como una “pandemia” a tener en consideración por la ciudadanía de todo el mundo ya que constituyen un problema de salud pública por los muertos e invalideces que provienen de los mismos.

De tal forma, como se encuentra el mundo en estos momentos, pleno de exigencias extrañas, ilógicas e irracionales, de presiones para sobresalir y destacar con protagonismos ambiciosos y egoistas, de querer ser importantes de la forma que sea, como sea y a cuenta de quien sea….lo que más nos debe interesar para mantener nuestra salud emocional, es bajar de inmediato el ritmo de vida y esas exigencias, emprender el camino saludable de la humildad, escasa en estos tiempos, y aprender a aceptarnos, a nosotros mismo,  con nuestras limitaciones, desterrando de nuestro lado la soberbia y la codicia que invade, contamina y hace tóxica esta nueva sociedad moderna y avanzada en nuevas tecnologías.

Para ello, debemos recomendar e ir ganando lo que se llama “orgullo de la falibilidad“, o sea, decirnos a nosotros mismos: <<Nos aceptamos y afirmamos con nuestros fallos y limitaciones, lo que se puede entender mejor y traducir, que entendamos que esta aceptación nos hace ser mejores y necesarios profesionales y, también, personas,  porque le quitamos exigencias a la vida y, para que  nuestro ejemplo sirva para pacificar esta profesión de formadores viales en estos momentos incómoda, poco axeitada, nerviosa, alocada y a la deriva>>

Efectivamente, el mundo en que vivimos y la profesión que desarrollamos se han vuelto super exigentes, más competitivas con el deseo de tener más alumnos para que “saquen” el carnet de conducir de la forma que sea, olvidándonos de nuestra verdadera misión de ofrecer la mejor “calidad” de nuestras enseñanzas con el fin de conseguir: conductores responsables y seguros en el manejo de los vehículos automóviles y el buen uso con cortesía de las vías públicas. Además de generar prestigio ante la sociedad que debería vernos y contemplarnos como muy importantes y necesarios en el desarrollo de esta labor vital e importante para la ciudadanía.

Pensémoslo bien, nuestra profesión no necesita que hagamos las cosas bien, tenemos que llegar al grado de excelencia en el desarrollo de nuestras tareas y funciones profesionales, Si existe algo que se necesita, es que no depredemos más el sistema rutinario y cansino establecido que nos llevará al desprestigio y a ser innecesarios por nuestras actuaciones irresponsables, codiciosas y poco útiles para la sociedad en que vivimos. Hacerlo todo bien no tiene sentido ni lógica en una profesión camino de la imperfección. Lo normal es hacer las cosas con eficacia y otras no. De ahí que propongamos el orgullo de la falibilidad o capacidad para aceptar la humildad, que muchas veces fallamos y nos afecta  en nuestras tareas profesionales y que no debe pasar nada, ni llegar al olvido.

                                          José Manuel López Marín

 

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