THAT IS THE QUESTION: Los atrevidos e impertinentes “BABY CLEVER”de la Formación Vial


En estos días de comienzo del verano, en los que el cuerpo pide descanso y entregarse al placer del espíritu buscando la aproximación a la santidad, a las buenas obras y costumbres, al arrepentimiento por los pecados veniales cometidos, sobre todo a la reflexión de las vanalidades de la profesión, que hay abundantes; yo, hipócrita de nacimiento, me pongo en manos, o mejor dicho, me entrego al ejercicio de la mística.

Asentado en mi adorado y querido Valdoviño, de esta Galicia “meiga”, en medio del bosque y en la montaña y muy cerca de “el mar” o “la mar”, que, posiblemente sea masculino, pero en estos momentos de la “igualdad” con las mujeres y tantas reinvidicaciones feministas que no se a donde llegarán, solo puedo admitir y aseverar que se trata de hembra (“la mar“), que yo, “muy disciplinado”, lo mantengo y acepto a pesar de no ser sexólogo, pero sí al temor o miedo a dormir en la alfombra. Este problema no lo tienen los puñeteros ingleses, siempre flemáticos, sabios  y más inteligentes que nosotros ya que saben eludir muy bien estos problemas de sexo, ya que este problema de “el mar” o “la mar”  lo definen y resuelven con la palabra “the” que sirve para “el” o “la“.

Hace años, por razones familiares, tomé una drástica e importante decisión que transformó, cambió  y condicionó mi vida, alejándome de “la mar” serena, a veces abrupta, violenta, profunda, infinita y eterna. Al bajar por la escala real de un barco, de cuyo nombre no quiero acordame, hice mío el dicho de que: <<“La mar” para los peces y la marina para los ingleses>>, palabras que siempre le hacen gracia y de las que hace mofa mi compañero el filósofo de Lebrija.

Dichosos los que tenemos ojos y buena vista para deleitarnos y gozar al contemplar los grandes arenales, inéditos y salvajes de las playas de Valdoviño, Meirás, Pantin, Villarube, Cedeira, Cobas, Doniños, Esmelle, Ares, etc.. otras muchas del norte de Galicia y otras más caldosas  pletóricas de tranquilidad, belleza y majestad. Paisajes que componen cuadros “enxebres”, que nos ayudan al privilegio y la excelencia de gozar del placer de los sentidos y sentimientos, a la vez de acercarnos a conseguir la comunión con el espíritu y,  ser el placer  y sustento divino del alma. Son playas con arenales finos, plenos de belleza, intensos olores a mar, algas y sublimes colores. El uso de ellos, da la sensación que te acercas al Parnaso, a lo indefinido, a charlar con el divino creador y, otros, del resto de nuestra tierra, que no desmerecen a los descritos por su belleza y cualidades.

La mar” es hembra porque es  madre fértil y fecunda; su contemplación para los ribereños es un regalo exquisito y, su buen uso,  un obsequio contínuo para obtener manjares y, mirarla, constituye un placer permanente para el alma.

En estos momentos respiro el aire fuerte,  generoso y limpio que llena mis pulmones y me embriaga de placer, en momentos siento frio, en otros los rayos de Febo lucen y brillan pletóricos de energía dándome vida y vigor. La brisa del mar  arremete de manera fuerte y terca acariciando mi faz, mi cuerpo se estremece y agradece estas bondades que te abrazan como caricias marinas; llegan con aroma y adorno de salitre/yodo cubriendo y tostando mi piel agradecida. Siento el mar o la mar, lo saboreo y lo huelo o la huelo. Cierro los ojos y me impregno del profundo olor y nectar de la mar que trae esa brisa marina, que lo arranca de las olas  y de forma espléndida te lo regala. A salitre saben mis labios. Son el beso, el gusto el sabor, el amor de la mar divina y generosa.

Pasando a otro tema, se me ocurre pensar que entre el “éxodo” y la “cimentación” de la metafisica de los hábitos y las costumbres, la historia de nuestros pensamientos está dominada  por un principio ético que nuca falla pero que algunos insolentes y atrevidos “baby-clever”, abundantes en estos momentos en nuestra profesión de formadores viales, olvidan siguen sin aplicar, porque si tratamos a los demás como nosotros deseamos que ellos nos traten, o si fuéramos conscientes de nuestras necesidades y defectos antes de enjuiciar la actitud de los demás, como le ha ocurrido a un tal Jaume (Jaime) de Barcelona, que lleno de estupidez, descaro y soberbia, no respeta la libre expresión de los mayores, con más experiencia,y, con la osadía y descaro de tratar de mofarse de mi opinión, que hice en un periódico de mi tierra, regodeándose con altivez de su sapiencia, dones de mala educación e ignorancia inaudita en un renombrado chat de ínclitos, inteligentes y  sabios profesionales que van a resolver los problemas del sector de las autoescuelas mediante continuas críticas maliciosas o tergiversaciones de extraños contenidos sin sentido ni forma. Nos ahorraríamos, de esta forma, de una extensa rama o ristra de injusticias y errores que lastran  gravemente la convivencia en el sector de las autoescuelas. No olvidemos que en el Éxodo se dice: <<No maltratarás al forastero, ni le oprimirás, pues forasteros fuisteis vosotros en el pais de Egipto>> También el gran filósofo Kant, lo enunció de una forma mejor: <<Obra de tal forma que tu conducta pueda ser tenida por ley universal>>

En nuestra sociedad innovadora, creativa del supuesto bienestar y progreso, con frecuencia  nos encontramos  con bastantes soberbios “baby-clever” parecidos  al ya descrito u otros similares, poseidos de la sabiduria y sapiencia infinita, y, también con “algún otro” que pretende serlo, sin darse cuenta o enterarse, que el sol ya le pasó bastantes veces por delante y la vejez no le queda a mucha distancia, o ya tienes espolones en los genitales como los gallos viejos de corral. Todos ellos, son frágiles de memoría, se creen con la juventud infinita e IMPERECEDERA, se olvidan o han postergado el principio más elemental y fundmental: <<El respeto y la más alta consideración hacia estos viejos roqueros y senadores que la vida les ha honrado y considerado a llegar a tener las sienes blancas o de plata>>

A todos “ellos”, deseo recordarles, porque quizás no lo sepan, que en la antigua Esparta,  el “consejo de ancianos”, que se denominaba “Gerusia”ocupaba un rol central en los asuntos institucionales del pais. En la Roma imperial, cuna de la antigua civilización y pilar de la moderna, los ancianos eran “senadores”, de ahí la palabra “senado”, que viene se “senis” anciano. Los ancianos eran incuestionables en las antiguas cuvilizaciones de “mayas” y “aztecas”.

Debo y quiero recordar a “alguno o algunos” que el poder creador de la “ancianidad” atraviesa los tiempos. Nada más recordar, por si alguno no lo sabe, lo ha olvidado o lo ignora, que el magistral e ilustre Verdi escribió la música de Otelo a los ochenta y dos años,. Goethe, tenía ochenta y tres años cuando terminó su gran obra Fausto. Stradivarius, hizo el último de sus irrepetibles violines a los noventa y tres años. Tiziano había cumplido noventa y cuatro años cuando dio la pincelada final as u “Cristo coronado con espinas”. Niemeyer, el genial arquitecto brasileño, dibujando las curvas de sus edificios inimitables, cuando cumplía los cien años. Ya no digamos Matusalén, que a sus ciento veinte años hacia las “delicias sexuales” a las más exigentes damas. Yo a mi edad, no pretendeo ser como Matusalén, pero aún hago mis arreglillos y actividades, creo  con eficacia provocando la envidia de algunos.

Se le atribuye a Pitágoras el dicho de que: <<Una bella ancianidad es la recompensa a una esplendorosa vida>> desgraciadamente muchas sociedades y “algunos” olvidan y no respetan a sus ancianos, ni les consideran sin pensar que pronto les llega a ellos ese estado o zona de vivir si llegan. Sin pensar que han llevado toda una vida de trabajo y sacrificio, por lo que merecen un reconocimiento.

Recientemente leí en un periódico de Madrid  una noticia de que: <<Un anciano de cincuenta y seis años había atropellado a un ciclista>> ¡¡Qué pronto se llega a la ancianidad!!. Motivo de muchas reflexiones.

Acabo de leer un comentario de Sandra Pujol, senadora provincial por “progresistas”, paisana del tal Jaume (el inteligente), que dice: <<Si observamos con cuidado podemos detectar la aparición de una franja  social que antes no existía, la gente que hoy tiene entre  cincuenta  y setenta años. A este grupo pertenece una generación que ha echado fuera del idioma la palabra “envejecer”, porque sencillamente no tiene entre sus planes actuales la posibilidad de hacerlo.

Se trata  de una verdadera novedad demográfica parecida a la aparición en su momento de la “adolescencia”, que también fue una “franja social” nueva, que aunque surgió a mediados del siglo XX para dar identidad  a una masa de niños desbordados, en cuerpos creciditos, que no sabían hasta entonces donde meterse, ni como vestirse.

Este nuevo grupo humano que hoy ronda los cincuenta, sesenta o setenta, han llevado una vida razonablemente satisfactoria.

Son hombres y mujeres, independientes que trabajan desde hace mucho tiempo y han logrado cambiar el significado tétrico que tanta literatura latinoamericana le dio durante décadas el concepto del trabajo.

Lejos de las triste oficinas, muchos de ellos buscaron y encontraron hace mucho la atividad que más les gustaba y se ganan la vida con eso.

Supuestamente debe ser por esto que se sienten plenos, algunos ni sueñan en jubilarse. Los que ya se han jubilado disfrutan con plenitud en cada uno de sus días sin temores al ocio o la soledad, crecen desde adentro. Disfrutan el ocio, porque después de años de trabajo, crianza de hijos, carencias, desvelos y sucesos fortuitos bien vale ver el mar con la mente.

Pero algunas cosas pueden darse por sabidas, por ejemplo,  que no son personas detenidas en el tiempo, la gente de “cincuenta, sesenta y setenta”, hombres y mujeres, manejan la computadora como si lo hubieran hecho toda la vida. Se escriben, y se ven, con los hijos que están lejos y hasta se olvidan del viejo teléfono para conectar a sus amigos y les esrcriben un e-mail o un whatsapp. Hoy la gente de 50,60, o 70, como es su costumbre, está estrenando una edad que todavía NO TIENE NOBRE antes los de esa edad eran viejos y hoy ya no lo son, hoy están plenos física e intelectualmente, recuerdan la juventud pero sin nostalgias, porque la juventud también está llena de caídas y nostalgias y, ellos lo saben. la gente de 50,60 y 70 de hoy celebra el Sol cada mañana y sonrie para sí misma muy a menudo  hacen planes con su propia vida, no con la de los demás. Quizás por alguna razón secreta que sólo saben y sabrán los del siglo XXI. <<La juventud se lleva por dentro>>, La diferencia entre un niño y un adulto, simplemente es el precio de sus juguetes>>.

                                                    JOSÉ MANUEL LÓPEZ MARÍN

 

 

 

 

 

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