En nuestra profesión de formadores viales, si la envidia fuese tiña, muchos tiñosos habría en estos momentos….


Muchas veces cuando pecamos cayendo en la envidia no nos damos cuenta que estamos provocando un insulto a nosotros mismos. La envidia generalmente nos enferma, y no solo se conforma en enfermar nuestros cuerpos, llega hasta enfermar nuestras almas y amargar el espíritu.

Todos esos que nos descalifican siempre por envidia, nos cortan trajes a la medida en los rincones o corrillos de examen, tratarán de buscar compinches serviles o aliados y hablarán con otros para envenenarlos, porque los envidiosos no permiten ni desean que triunfemos.

Tanto el que nos envenena como el que nos critica o descalifica tratará por todos los medios de que no podamos conseguir nuestros deseos y sueños, ni culminar nuestros proyectos; se encargará por todos los medios y formas de boicotearnos para que no consigamos nuestras metas. Su lema es : <<Si yo no lo consigo que se jod…, pero ellos tampoco>> . Salomón, uno de los hombres más listos y sabios de la humanidad dijo: <<la envidia corroe los huesos>>

Hay gente que, como consecuencia de la envidia, enferma, sufre de artrosis, reumatismo y otras dolencias. Aunque parezca un chiste, el origen de todas estas enfermedades, la mayoría de las veces proviene de la envidia. Así que procuremos no ser envidiosos para mejora de la salud pública. La envidia, y aun su apariencia, es una pasión que demuestra e implica complejo de  inferioridad en cualquier sitio que se encuentre. Es un sentimiento negativo y destructivo. Cuando somos el objetivo de esos envidiosos, que todos conocemos y abundan en nuestra profesión, y reconocemos por su color aceitunado o cetrino de la bilis que llevan dentro. Los que la sentimos y padecemos sentimos un deseo enfermizo de hacernos perder lo que hemos logrado a fuerza de nuestro trabajo y honradamente. Si conseguimos llegar a los éxitos, o haber conseguido cargos o carreras universitarias, desgraciadamente siempre seremos envidiados y perseguidos por las criticas tóxicas y venenosas de ignorantes. Decía Oscar Wilde: <<El número de los que nos envidian confirma nuestras capacidades>>

Si los que sentimos la envidia somos nosotros, si somos los que criticamos y contamos chistas, hacemos mofas de otros o sentimos celos, eso será un síntoma y evidencia de que aun no hemos recibido los deseos o sueños que buscábamos o pretendíamos, porque no estamos formados, preparados, capacitados ni habilitados para conseguirlos o hacerlos.

Según dice el filósofo de Lebrija: <<Necesitamos aprender a celebrar los éxitos ajenos>>, si podemos hacerlo, significa que estamos en condiciones de vivir glorias aun mayores, que están por llegar a nuestras vidas-. El éxito de los demás debe de inspirarnos, llevarnos a analizar como lo consiguieron. Los envidiosos solamente miran el final del éxito, pero no tienen la capacidad ni la sabiduría de analizar y verificar el proceso.

                                        José Manuel López Marín

 

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