La rutina y costumbres en los profesionales de la formación vial y los problemas de la renovación de sus conocimientos


Muchos profesionales de la formación vial se estabilizan en un sistema de formación o prácticas  empresariales rutinarias que a la larga se convierten en vetustas y obsoletas; la palabra renovación de conocimientos, reciclarse o ponerse al día de los mismos no la pueden ver ni en pintura. Son amantes de la estática, de las costumbres o hábitos, vivir en un falso confort y que venga el dinero fácil o el maná del desierto por el sistema que sea, menos admitir innovaciones ni creatividad para agregarse a las nuevas técnicas y tecnologías o la evolución acelerada de estos tiempos avanzados

Muchos profesionales de la enseñanza de la conducción no han podido pasar a un nuevo estándar de vida afortunada o estándar económico, de afectos y de autoridad, porque no han sido capaces de aguantar el proceso de crecimiento y el tiempo de aprendizaje. Son personas que siempre ha conseguido sus objetivos hasta un cierto punto o nivel, pero allí se han estancado, porque no han podido o no se han animado a pasar por el periodo de formación que se requiere para llegar a sus metas o conseguir  la escalada  de sus éxitos.

Desde el momento que surgen los sueños hasta el tiempo en conseguir su cumplimiento, será necesario un proceso, un tiempo de preparación. Muchos no son capaces de conseguir  o alcanzar sus sueños porque no han sido preparados  o adiestrados, o no han sabido sacarle ventaja a este tiempo de aprendizaje y de oportunidades. 

Los profesionales que no han pasado el periodo de preparación o aprendizaje suelen cometer muchos errores que podrían haber evitado si  hubiesen sido humildes y se hubiesen preparado para desarrollar sus tareas. El gran problema de “muchos” e incluso de las instituciones es que los líderes profesionales y el funcionariado están ocupados por personas que han sido enviadas a cumplir determinadas funciones, pero no han sido instruidos para ser capaces de  desarrollarlas. En consecuencia, una vez que llegan a estos cargos, no solo se frustran, sino que cometen muchos errores o equivocaciones. Lo que embellece los desiertos es que en alguna parte  se encuentra un oasis donde se esconde un pozo de agua.

Prepararse no supone solo chapar, memorizar fechas y datos, preguntas y respuestas para superar una prueba teórica de la DGT, para obtener un título o un permiso de conducir, que le avale para desempeñar un cargo con eficacia le permita circular por las vías públicas con seguridad, cortesía  y responsabilidad.

Cuando ya circulamos solos, sabremos quiénes somos y que camino llevamos. Cuando conducimos nosotros mismos, sin la compañía del profesor de formación vial, sabremos únicamente que nosotros somos los encargados de prevenir el riesgo y llegar activamente, de forma eficaz a la toma de las decisiones para realizar maniobras seguras.  Según Gabriel García Márquez:<< La vida no es sino una continua sucesión de oportunidades para sobrevivir>>

En el proceso de aprendizaje de la conducción, comprender el proceso de espera del examen; los aspirantes al permiso de conducir atravesarán diferentes fases, momentos, periodos, estados emocionales y de presión o estrés, por falta de examinadores en algunas provincias.

Desgraciadamente,  desde hace años vivimos inmersos en la cultura de la “queja”. La ciudadanía trata de resolver los problemas mediante la queja, olvidando que la queja nos ancla más al problema y nos detiene, en la mayoría de las veces, sin resultados. La “queja” es un problema del alma. Echar la culpa de lo que sentimos a otros es dar autoridad emocional a la administración sobre nosotros. Tenemos compañeros que siempre están descontentos y con motivo de queja o no. No pueden vivir si el alimento de esta emoción, es su modo de vida.

Si cambiamos la forma de ver los problemas, dejaremos de quejarnos y haremos una mejor dirección en nuestro crecimiento y en nuestra preparación, seremos capaces de resolver conflictos, saldremos del desierto y nos acercaremos a la meta deseada. La gente es responsable de sus acciones y emociones, pero nunca del sentimiento que nosotros tenemos de los problemas. <<Cada profesional puede mejorar su vida mejorando su actitud>>

                                                          JOSÉ MANUEL LÓPEZ MARÍN

 

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