El hablar y comunicarnos como estímulo de nuestras emociones


Los científicos, expertos e investigadores que son los que cosechan la sabiduría y,  son muy espléndidos ellos, la obsequian para satisfacer nuestras mentes, respaldan la noción de que los profesionales organizados en asociaciones o que forman parte de una familia, de un círculo de amigos o un grupo solidario con el que se identifican, se consideran  más satisfechos en sus emociones que los que viven como ermitaños o solos de apoyo emocional, aislados o carecen de una red o comunidad social. Intercambiar pensamientos , razones y emociones, dar y recibir señales afectivas, y aceptar ser admitidos por los demás son actividades y tareas que estimulan estados de ánimo, satisfactorios, agradables y positivos.

El hablar entre las personas aporta beneficios emocionales importantes y constructivos. Gracias a los vínculos que existen entre las palabras y las emociones, hablar no sólo nos permite desahogarnos y liberarnos de los problemas que nos preocupan en las autoescuela y en la propia familia, sino experimentar los sentimientos  de placer  que acompañan a la comunicación entre personas queridas o afines en nuestra profesión de formadores viales. Es agradable y gratificante evocar, ordenar y verbalizar nuestros sueños y pensamientos en un ambiente acogedor o reuniones de verdaderos profesionales, amigos o compañeros. Por eso, somos muchos y abundamos que cuando no contamos con quien hablar, lo hacemos con nuestros animales doméstico y… ,a veces, muy en alto… solos. Es una forma de descargar nuestras emociones.

Las tareas cotidianas,ocupaciones y actividades profesionales que nos estimulan física o intelectualmente, que nos permiten practicar y desarrollar  nuestros talentos y aptitudes, y que exigen un moderado esfuerzo inducen a tener sentimientos gratos de utilidad y competencia. Invertir energías en buscar o perseguir objetivos positivos o alcanzables es una estrategia profesional  más eficaz  que trabajar para evitar desenredos o soluciones negativas. Las personas que para evitar ser rechazadas por los demás se obcecan o empeñan en recluirse o aislarse  y escapar  de las actividades sociales, suelen pagar un alto precio por meterse en su gueto y, con el tiempo,  empeoran su situación o estado. Si embargo, si logran enfrentarse a las dificultades que les supone relacionarse con otros compañeros o amigos, casi siempre se verán recompensados, tan solo por haberlo intentado.

En estos momentos que se prolonga nuestra estancia en este mundo y que las nuevas tecnologías (ADAS) permiten reducir nuestra jornada laboral, la calidad del tiempo libre adquiere nuevos valores  y tiene más sentido, y su influencia sobre nuestro estado de ánimo se hace más significativa, ya que existe, hoy en día,  un abanico interminable de ofertas y posibilidades para avivar las emociones agradables durante nuestros tiempos de ocio. Siendo una fórmula aceptable e ideal adoptar una dieta regular de pequeñas tareas o actividades refrescantes, buscar la compañía de amigos, disfrutar de buenas y sabrosas viandas bien regadas con excelentes vinos, como en tiempos hizo o practicó el filósofo de Lebrija, al que solo le quedan los buenos recuerdos y pasear por parques o escuchar una música dulce y grata y, lo que no puede olvidar, el poder exclusivo del buen humor andaluz. Todo ello como purgante y para que sirva para librarnos de sentimientos negativos o recuerdos extraños del pasado.

Las pequeñas cosas que nos ocurren en nuestra vida cotidiana tiene una marcada influencia sobre nuestras emociones, actitudes y conductas. El “hacer el amor”, cuando se puede y…., activa de forma positiva las emociones y el estímulo de vivir. Crea momentos de alegría moderada y tiene, además, un impacto importante en todas las decisiones que tomamos, en la creatividad que empleamos para resolver nuestros problemas, en la memoria, en la capacidad de escuchar y aprender, en la motivación para generar nuevos recursos, proyectos y, sobre todo, en la forma de relacionarnos con los demás compañeros de profesión.

Alguien dijo en una ocasión.<<El mejor guerrero no es el que triunfa siempre, porque se convierte en un rutinario, sino el que vuelve siempre sin miedo a la batalla>>

José Manuel López Marín

Publicado por

Clubautoescuela

Experto en formación Vial y educacional.

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