Esperemos que en algún momento impere la razón, la honestidad y el sentido común en el mundo de las autoescuelas y no sea una utopía


En estos tiempos que en todos los sitios se consiguen los objetivos mediante el cambio de estampitas o cromos como en el pasado hacíamos cuando eramos niños; así como, tomando medidas de aparente satisfacción para contentar al pueblo llano, sabio y, a veces, despistado ante las acciones de conveniencia.

En un momento que la mayoría de las autoescuelas están agobiadas por los impuestos,Seguridad Social, carencia de alumnos, falta de examinadores, competencias abusivas o desleales, normativas singulares sacadas de la manga, que, a la larga,  solo se conseguirá el cabreo del pueblo liso, llano y soberano. Que  no muy lejos y en el momento oportuno todos los trapicheos saldrán a la luz, serán analizados y resueltos con objetividad, para llevarlos a su sitio y clarear estos despropósitos o malas intenciones.

A nosotros, con esta “carallada” de la Ley Ómnibus”. nos han metido un gol por la escuadra  a todos los que sentimos de verdad esta profesión. Ley curiosa que se aplica de diferentes formas entre todos los miembros de la Comunidad Económica Europea.  Ley comercial muy activa para crear competencias en los mercados, que de forma errónea se nos aplica a nosotros como formadores educadores viales con el sano propósito de evitar riesgos  y prevenir muertes en las vías públicas y, por lo tanto, tratar de mejorar la salud pública. Se nos iguala o considera a la misma altura de los vendedores de patatas de un mercado de abastos. Razón por la que debe ser cambiada, bien interpretada y considerada, mediante un Reglamento de Autoescuelas lógico, racional y efectivo, adaptándolo de verdad  a estas nuevas tendencias de la sociedad, con unas mínimas exigencias para estas enseñanzas cada vez más deterioradas y obsoletas, necesarias e imprescindibles para conseguir un buen aprendizaje y seguridad en los nuevos conductores de vehículos automóviles. Se convierte en un problema social de gran magnitud y envergadura, ya que es necesario sensibilizar y concienciar a la sociedad que lo importante no es “sacar” el permiso de conducir, más bien deseable y necesario que los nuevos conductores “aprendan a conducir“, que tengan buenas actitudes, comportamientos, valores,  sean responsables, diestros y habilidosos en las tareas de la conducción y la ocupación con cortesía de los espacios urbanos.

Digo ésto, ya que a nuestros mandatarios de la Comisión de Mercados, esta sinfonía les suena a un tema extraño,  de otro mundo o desafinada, les importa más ir a la competitividad abaratando costes que una buena formación y de calidad de los nuevos conductores. Que en el momento de la ocurrencia de un siniestro viario, supone un alto coste de vidas humanas, gastos en la Seguridad Social por atender heridos y sus consecuencias, daños morales y sociales de difícil recuperación. Después ésto se traduce en cargas sociales y subida de impuestos a la ciudadanía.

¿Qué se entiende por “calidad” en la formación de los nuevos conductores?

Debería ser el requisito o la condición por la que un  aspirante al permiso de conducir recibe una enseñanza adecuada a las expectativas de formación preventivas previstas en una determinada materia o disciplina. También la capacidad y conocimientos del profesor de formación vial de transmitir o comunicar  conceptos y conocimientos, no solo teóricos sino también destrezas y habilidades, de crear una asertividad y empatía suficientes para su buen fin de asimilarlos; incitándole también para que se se interese y aplique en los mismos mostrando su máxima atención y participación en una dinámica de conjunto o de grupos con sus compañeros. la participación activa y efectiva de los alumnos en las clases en el aula de la autoescuela y la utilización por parte del profesor de esquemas sintéticos de complejidad progresiva, tendrá como consecuencia unos excelentes resultados para disminuir los siniestros en el tránsito. Difícilmente puede hacerse a distancia con plataformas digitales como pretenden hacer algunas nuevas “uber” comerciales en este sector de las autoescuelas.

Las preguntas permanentes y continuas del profesor, tanto en la clases teóricas como prácticas, permitirán al profesor conocer el grado de asimilación de los conocimientos o materias que imparte,y, asimismo, provoca en los alumnos un doble efecto o resultado, la pérdida del miedo o temor a ser preguntado, y, por otra parte, la necesidad de hacer esfuerzos memorísticos y de razonamientos que, oralmente, comparte con sus compañeros de la dinámica de grupos.

                                                      Josaé Manuel López Marín

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