El dulce y agradable sabor de la amistad y la desagradable y amarga sensación de sentir la traición.


Hablar sobre la amistad es un tema muy complejo, difícil y complicado. Cierto es, que todos siempre hemos creído o confiado en que determinadas personas eran nuestros amigos o buenos compañeros/as, pero en conclusión, pecamos de ser unos ilusos, incautos o ingenuos soñadores. En conclusión, nos van a sobrar los dedos de las manos para contar y determinar los buenos y verdaderos amigos, ya que es fácil para nuestros cerebros establecer vínculos tan fuertes como la palabra dulce, agradable y dorada de la “amistad”, y que perduren a lo largo del tiempo y la vida de las personas o, por lo contrario, sufran el factor tóxico y desagradable de enturbiar la amistad por intereses mezquinos y egoístas de “conveniencia” de medrar, vivir del cuento o de la sopa boba, como le ocurre algún “vividor” que, en tiempos, estuvo muy cercano a mí. Cierto es, que Judas traicionó a Jesucristo por treinta denarios de oro y era, sin embargo, su amigo/discípulo.

Ante muchas de estas circunstancias y los muchos y muchas personas que fueron traidores y “ratas” en la historia de la Humanidad, es muy difícil crear las mejores frases sobre la divina y sagrada palabra “amistad“, que, para algunos/as, no existe. El tiempo me hace recordar que: pequé de cándido, ingenuo, idealista, soñador y darme cuenta que en este mundo todo se acaba y existen muchas personas carentes de dignidad, sin escrúpulos y conciencia, que transitan por las pestilentes y mal olientes alcantarillas.

Los buenos amigos nunca  suelen decir lo que deseamos escuchar, suelen siempre decir verdades y lo mejor para nosotros. A veces sus apreciaciones nos molestan, a pesar de ser fieles y honrados con nosotros y desear nuestro bien. Alguien sabio, de buen saber, muy inteligente y venerable, dijo, en una ocasión, una frase fraternal inigualable: <<Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces,pero nunca a una cosa tan sencilla como el arte de vivir juntos como verdaderos amigos y hermanos>>

Decía una de mis abuelas que era de la montaña de Lugo, labriega, llena de la cultura de la tradición y la sabiduría del pueblo, pero sí muy inteligente y refranera: << Que deberíamos guardarnos de las aguas  mansas y poco ruidosas de los ríos porque eran peligrosas, de los perros silenciosos que muchos mordían y de los mundanos traidores y ratas por intereses que en el mundo había en abundancia  y en cantidad como los hongos>> ¡¡Qué razón tenia mi anciana abuela!!.

Constantemente, en los momentos de prosperidad gozamos de amigos, que siempre nos conocen; en la adversidad o malos tiempos, nos damos cuenta de quiénes eran nuestros amigos de verdad, eran unos fingidores o aprovechados. Lo que demuestra que nunca la amistad tiene color de rosa, pero la mayoría de las veces suele sacarnos una sonrisa y momentos agradables.

Los buenos amigos son aquellos que por la navegación de la vida nos ayudan a conducir y gobernar la nave para arribar al mejor puerto de destino y nos acompañan en gran parte de estas singladuras, que en momentos pueden ser peligrosas por “infidelidades” de algunos tripulantes. Los errores, en la mayoría de las veces, son humanos que deberíamos  aprender a perdonarlos. Paro, para muchos, es difícil hacerlo cuando son debidos a perfidia, felonía, falta de lealtad y confianza. Una amistad  verdadera y dulce suele refrescar, fortalecer la mente y engrandecer el alma. El sentir la puñalada de la traición de los que creías amigos, es sentir la amargura.  Recuerdas entonces lo que pudo sentir y sufrir Cesar Augusto, en las puertas del Senado de Roma, al verse apuñalado por su mejor y fiel amigo Bruto y sus compinches y cómplices senadores.

Decía Miguel de Cervantes Saavedra en una de sus reflexiones, que dicen era un desconocido novelista, poeta, dramaturgo y soldado español que las pasó canutas y moradas, incluso estuvo prisionero de los turcos en Argel : <<La buena y verdadera amistad no debe ser sospechosa de nada>> Tenía razón el viejo manco de Lepanto. Si queremos hacer un buen análisis determinante de la amistad, al hacer un juicio de valor de una determinada persona, debemos  de observar quiénes son sus amigos o quiénes giran o se mueven en su entorno. Aquellos que son amigos de todos, no merecen ser nuestros amigos ni de nadie, son aduladores de profesión.

Nuestros mejores y verdaderos “amigos” son los que en momentos difíciles o desagradables, como puede ser la falta de fidelidad o traición, dan la cara y nos preguntan cómo estamos, cómo nos sentimos y esperan oìr nuestras contestaciones.

Como conclusión, podemos decir:<<Las amistades no están hechas como actos de fe; hay que merecerlas>> Una metáfora de gran valor y que endulza nuestros sentimientos, nos expone y explica en forma de palabras la esencia y el valor de la confianza en las personas.

La amistad es como las estrellas, muchas veces no podemos verlas, pero sin embargo, siempre sabemos y presentimos que están ahí, ya que la amistad es más agradable que los rayos del Sol cuando acarician y calientan nuestros cuerpos o la brisa marina de las playas de Valdoviño miman con suavidad y dulzura nuestros semblantes”

J                                                José Manuel López Marín

Publicado por

Clubautoescuela

Experto en formación Vial y educacional.

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