La DGTconfirma cuándo y cómo tendrás que sustituir los triángulos de emergencia


Las luces de emergencia V-16 terminarán por sustituir a los triángulos de emergencia.

El Ministerio del Interior quiere aprobar un Real Decreto en el que, entre otras cosas, se regulen las condiciones en las que los servicios de auxilio en vías públicas realicen sus funciones, incluye la introducción de una baliza luminosa que permitiese a los conductores, en caso de accidente o avería, señalizar su posición sin el riesgo de bajar del vehículo.

Tras las últimas protestas, el ministro Fernandez Grande-Marlaska se ha comprometido a aprobar, antes de que termine el primer trimestre del 2021, el Real Decreto del Auxilio en Carretera. En este, podemos conocer (en la página 13 del documento) los detalles técnicos del nuevo dispositivo luminoso que tendremos que llevar muy pronto en el vehículo y que sustituirá a los triángulos de emergencia.

Este Real Decreto formaliza la aprobación de este dispositivo luminoso que terminará siendo obligatorio para todos los conductores. La luz de emergencia V-16, como se conoce formalmente, no será obligatoria hasta el 2 de enero de 2024, tal y como figura justo al final del documento antes mencionado. El objetivo de introducir este dispositivo no es otro que el de reducir el número de atropellos que se producen a pie de carretera cuando se ha producido un incidente previamente, o bien cuando hay personal de auxilio.

Las cifras de atropellos en carretera han subido en este 2020 respecto al 2019 a pesar de que este año han bajado considerablemente los desplazamientos por culpa de la pandemia. Los momentos de más peligro y en los que se producen más accidentes es durante el crepúsculo o durante la noche, o bien en carreteras con poca iluminación.

Aquí es donde reside la importancia de esta baliza luminosa, que cuenta con un sistema de activación magnética que se adhiere fácilmente al vehículo sin necesidad de que el conductor tenga que bajarse de este. Help Flash, empresa que fabrica estos dispositivos, nos informa sobre las ventajas de la luz de emergencia V-16:

  • Por ejemplo, su reflector parabólico permite ser visible a 1 kilómetro de distancia en todas direcciones, incluso en condiciones de baja luminosidad. Al emplearlo, también activará de forma automática tu solicitud de asistencia al conectarlo con tu smartphone.

  • Es un dispositivo ligero, compacto y fácil de guardar en el coche o en la moto. Funciona sin cables, solo con una pila alcalina de 9V de tipo 6LR61, con una autonomía de 2,5 horas.

  • Se puede usar también como linterna, pudiendo apoyarse en una superficie plana para realizar cualquier tarea con las manos libres y con una autonomía total de 5 horas en este modo.

Divulgación: Club Autoescuela

El punto de más riesgo de contagio de Covid si viajas en coche


Extremar las precauciones es esencial para evitar contagios de Covid en el coche. Te contamos qué situaciones son las de mayor riesgo.

Si eres de los que se plantea viajar esta navidad, pese a que las recomendaciones lo desaconsejan, te contamos dónde es más peligroso contagiarse de Covid en el coche.

Como bien sabrás, en el coche también es obligatorio el uso de mascarilla siempre que los pasajeros sean personas no convivientes. Además, la recirculación del aire favorece el contagio, ya que los filtros de nuestro coche no pueden atrapar al virus. Por ello, si compartes coche para, por ejemplo, ir al trabajo, es obligatorio llevar la mascarilla y se recomienda airear el coche tras su uso o, en el mejor de los casos, circular con la ventanilla bajada.

Pero quizás pienses que estas fiestas sólo vas a viajar con tu familia y que, en ese caso, el coche es el medio más seguro. Bien, lo primero que tienes que saber es que en Estados Unidos apoyan esta afirmación. Los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades así lo aseguran, aunque nos piden que no bajemos la guardia.

Por ello, los expertos recomiendan que nos lavemos frecuentemente las manos y, sobre todo, prestemos mucha atención durante las paradas. Es aquí donde el riesgo de contagio aumenta, ya que podemos tener relación con otras personas o descansar en un espacio cerrado mientras comemos o tomamos un café o refresco.

Es decir, el riesgo de contagio más alto cuando vamos en coche es, sí, fuera de nuestro propio coche. Por tanto, si realizas una parada en un área de descanso, intenta consumir en una terraza o al aire libre, junto al coche, y utiliza la mascarilla el mayor tiempo posible. Mantén siempre la distancia social con vendedores y camareros y, no lo olvides, lávate las manos con frecuencia.

La edad de los neumáticos y su caducidad: mitos y realidades


Los neumáticos son el calzado de nuestro coche, y muchas veces les prestamos demasiado poca atención, algo que nos puede costar bien caro en cuanto a nuestra seguridad personal, pero que se evita de forma sencilla si sabemos interpretar la salud de nuestros neumáticos correctamente. Sobre los neumáticos influyen muchos factores, como por ejemplo las presiones de inflado o el deslizamiento sobre el asfalto (por ejemplo al acelerar muy fuertemente, o al frenar y bloquear alguna rueda) que son fácilmente detectables. Pero el paso del tiempo también es determinante para la salud del neumático.

Los neumáticos tienen una fecha de fabricación, y también un límite de tiempo tras el cual no se garantiza la calidad del material. Por decirlo de otro modo, el material se degrada con el tiempo, y a partir de una cierta edad, no sirven para circular con seguridad por la pérdida de propiedades que sufre el neumático.

Pérdida de elasticidad y propiedades de la goma

Con el tiempo, los neumáticos pierden las propiedades que los hicieron buenos. Cuando compramos un neumático nuevo, hemos de saber que a partir de su monta nos va a durar “n” años. Probablemente no nos dure tanto, pero a partir de los 5 años de la monta se considera que el neumático ya no sirve, y es cuando se dice que el neumático ha caducado. Ya no tiene la elasticidad de antes, y eso se va a traducir en una menor seguridad.

El neumático puede agrietarse, puede romperse con facilidad, podemos tener un reventón y no nos sujetará igual en los desplazamientos laterales. En resumen, se convierte en un peligro para todos: conductor, ocupantes, terceros que pasaban por allí… Es el momento de cambiar los neumáticos y seguir circulando seguros.

Las condiciones de almacenamiento y de conservación ¡son clave!

Un neumático nuevo, cuando lo montamos en las ruedas, comienza a perder propiedades paulatinamente (de forma inadvertida, claro, salvo que sea defectuoso): con el paso de los meses, de soportar las inclemencias del tiempo como el sol, la lluvia, el frío… Por otro lado, con el paso de los kilómetros, se desgasta y va perdiendo grosor en la banda de rodadura, hasta que llegamos al límite legal de los 1,6 mm de profundidad en el surco, momento en el que debemos cambiarlos.

Hemos de cambiar los neumáticos motivados por lo que suceda antes: gastar los neumáticos hasta los testigos de medición, o que cumplan 5 años desde la monta. Lo normal es que los neumáticos se desgasten antes, a menos que no lleguemos a los 3.000 km al año: en ese caso caducarán antes de desgastarse. Un neumático de más de cinco años desde la monta no es seguro, toma nota.

¿Qué pasa con la fecha de fabricación?

Los cinco años de los que hablamos no se computan desde la fecha de fabricación, porque si no podríamos estar comprando hoy, en 2020, unos neumáticos de 2017, 2018 o 2019 a los que les quedarían tan solo tres, dos, un ¡años de “vida”! Falso. La fecha de fabricación nos indica cuándo se fabricó el neumático), pero si la conservación del mismo es la correcta en cuanto a temperatura, humedad, y muchos otros factores, el neumático está en perfectas condiciones.

Un neumático con más de 5 años desde la fecha de fabricación ¡no tiene por qué haber caducado! Son 5 años desde la monta, 10 años desde su fabricación.

Sin embargo, al montar el neumático lo sacamos de su medio de conservación ideal, así que empieza la degradación seria. No obstante, los neumáticos siempre van a caducar, estén muy bien conservados, o muy mal conservados. Un neumático con fecha de fabricación de diez años o más no está en condiciones de ser montado para circular con seguridad.

Ni que decir tiene que un neumático de segunda mano es todavía menos seguro (y nosotros recomendamos encarecidamente no comprar neumático de segunda mano) porque:

1) solo conoceremos seguro la fecha de fabricación;
2) no conocemos el historial del neumático;
3) no sabemos ni cómo se conservó en uso, ni cómo se conservó mientras esperaba a ser vendido.

Así que nos juntamos con varias cosas. Si la fecha de fabricación es de más de diez años, excusamos comprarlo; si lo montamos y se cumple su quinto aniversario desde esa monta, los podemos descartar, y debemos cambiar a otros neumáticos nuevos; y si el neumático deja los testigos al aire, debemos cambiarlos porque hemos rebasado el límite legal de profundidad mínima para el surco.

Los peligros de la cristalización de los neumáticos

Tal y como explican desde OPEN, la Organización Profesional de Especialistas del Neumático, con el paso del tiempo el neumático puede disminuir sus propiedades químicas perdiendo elasticidad y dando así paso a lo que se conoce como cristalización. En este estado se reduce drásticamente la adherencia, aumentando la distancia de frenado, aumentando la probabilidad de sufrir aquaplaning con precipitaciones y comprometiendo la seguridad del vehículo.

La cristalización, en contra de lo que muchos conductores puedan pensar, no es fruto exclusivamente del kilometraje realizado sino que puede producirse cuando nuestro vehículo pasa mucho tiempo a la intemperie, con altas temperaturas y radiación solar, con humedades bajas y por el envejecimiento del neumático. No obstante, la utilización y el almacenamiento son factores que afectan significativamente al mayor o menor deterioro.

Por ello, aunque las ‘gomas’ no tengan fecha de caducidad exacta, se recomienda que la rueda que supere los cinco años de uso sea revisada por un especialista y se sostiene que transcurridos diez años desde su fecha de fabricación irán perdiendo propiedades y dejarán de ofrecer la misma seguridad.

¿Cómo detectar si los neumáticos están cristalizados?

A golpe de vista, no es sencillo identificar este desgaste puesto que el aspecto no cambia a pesar de haber perdido agarre tras aumentar su rigidez. Si bien, un ‘truco’ sencillo y simple para comprobar su estado es hundir la uña del dedo en el dibujo del neumático, la cual nos indicará el grado de cristalización. Si la goma está blanda y podemos hundir la uña, no está cristalizado. En el caso de que no consigamos hundirla, nuestros neumáticos habrán sufrido este peligroso proceso de cristalización, debiendo cambiarlos de inmediato.

En cualquier caso, desde la asociación aconsejan que en caso de duda acuda a un taller para cerciorarse de si ha llegado el momento de sustituirlos por unos nuevos. Revise la presión y la alineación para ahorrar dinero.

Por último, a fin de tratar de prevenir la cristalización, OPEN recomienda evitar que los neumáticos reciban mucha radiación solar, se expongan a temperaturas extremas y se reemplacen antes de sobrepasar los diez años de vida.

 

La música al volante ¿facilita la conducción o estresa?


Desde el silencio absoluto al apabullante ritmo del reguetón (a veces perceptible desde fuera del vehículo, incluso llevando este las ventanillas subidas). En el interior de los habitáculos de los coches, hay tantos ambientes sonoros como conductores existen. Pero ¿es seguro escuchar música mientras se conduce? Y, de serlo, ¿qué tipo de música es más recomendable? 

Como explica la neuróloga Mónika Curtis, pese a lo cotidiano y común de la cuestión, hay pocos estudios que la hayan abordado. «Es un tema complejo y difícil de investigar, debido a la cantidad de variables que se barajan. La mayoría de los estudios utilizan simuladores de conducción para controlar todas las situaciones posibles: recorrido sencillo, con muchas curvas, más o menos luz, escuchando música… Música rápida, música lenta, prácticamente inaudible, a tope…», explica Curtis.

Una de las más recientes investigaciones al respecto fue la realizada, a pequeña escala, el pasado año en la Universidad Estatal de São Paulo, en colaboración con la Universidad Oxford Brookes y la Universidad de Parma. Su principal conclusión reveló que escuchar música clásica o instrumental mientras se conduce reduce el nivel de estrés del conductor.

El estudio se basó en un experimento realizado con la colaboración de cinco conductoras brasileñas de edades, condiciones físicas y experiencias al volante similares. Todas ellas tuvieron que circular, en dos ocasiones, con un coche que no era de su propiedad por una carretera con bastante densidad de tráfico.

Primero, condujeron en silencio. Después con música clásica de fondo. Durante ambas pruebas, todas ellas estuvieron monitorizadas. El resultado concluía que conducir con música propiciaba que la variabilidad de la frecuencia cardíaca aumentara entre las conductoras, lo que supone un mayor nivel de actividad del sistema nervioso parasimpático y una reducción de la actividad del sistema nervioso simpático.

En definitiva, la música, en este caso instrumental o clásica, «atenúa la sobrecarga de estrés moderada que experimentaron los voluntarios mientras conducen», en palabras de uno de los investigadores.

Pero ¿qué ocurre con otro tipo de música? ¿Por ejemplo, el rock? ¿O el heavy metal? En estos caso, la cosa cambia. Según un estudio de la universidad St. John’s de Newfoundland (Canadá), realizado entre varios voluntarios que escucharon distintos tipos de música entre 53 y 95 decibelios, el riesgo de sufrir un accidente de circulación era de hasta un 20% entre aquellos que se exponían a música con ritmos más acelerados. La razón: cuanto más alto es el ritmo, más lento es el tiempo de reacción del oyente.

En Neomotor se hacen eco de otro estudio, esta vez de la empresa Populus, que recoge otro aspecto de la relación rock y conducción: hasta un 76% de los que suelen escuchar este tipo de música en el coche reconoce haber insultado o gritado en alguna ocasión a otros conductores y un 31% había sufrido algún percance vial leve.

Tampoco el jazz es muy recomendable puesto que, según la misma investigación, su complejidad hace que el conductor se centre más en la música que en la conducción. Lo contrario ocurre con el pop que, según la psicóloga Vicky Williamson, al ser un tipo de música «simple y repetitiva», de la que solemos conocer la letra y ritmo de memoria, esto hace que «ocupe menos espacio en la mente del oyente».

Ninguno de estos estudios dice nada respecto de quienes aprovechan sus desplazamientos en coche para escuchar un partido de fútbol, ponerse al día sobre la actualidad a través de las tertulias radiofónicas o mejorar su listening con un podcast en inglés. Pero ya lo decimos nosotros: lo importante, se escuche lo que se escuche, es que lo que centre la atención del conductor sea lo que ocurre en la carretera.  

Difusión: Club Autoescuela