LA AMISTAD Y SUS ANUENCIAS…


No hace mucho tiempo, un entrañable amigo y compañero de la bella y alegre capital  andaluza donde vivió y se estableció Alfonso X el Sabio, Rey de Castilla y León, autor  de las “Cantigas a Santa María” escrita en la armoniosa y cantarina lengua gallega, me preguntó ¿Tienes buenos amigos? Yo le dije que sí, que tenía “amigos” y “conocidos“. Me insistió ¿Amigos de verdad, de los que no traicionan nunca? Ante su insistencia, no tuve más remedio que recurrir a la sorna gallega y le contesté: Bueno….”algunos” ainos…

Hay un proverbio africano  que dice: Si quieres llegar pronto,vete solo, pero si quieres llegar lejos, busca compañía. Es posible que tengamos deseos de llegar muy lejos y por tanto busquemos compañía sin encontrarla. Dentro de lo posible, sintamos que no tenemos amigos de verdad o que nos quedan pocos, ya que muchos y muy buenos se han ido a aquel lugar donde ya no está el cuerpo y ,según dicen,  se encuentra el alma. Y que a veces pensemos que no llegaremos muy lejos sin encontrarlos. Seguramente que acertaremos.

En nuestro siglo, en sus inicios, no da señales de ser un siglo propicio para la amistad, al menos para la amistad en grandes cantidades. En estos tiempos la amistad se ha vuelto tan superficial como el resto de las relaciones personales.Nos puede dar la impresión, si somos observadores,sensibles e inteligentes, o las tres cosas a la vez, de que las relaciones que mantenemos con los que acostumbramos a llamar “amigos” son más bien relaciones con “conocidos” o “compañeros de profesión“. O, puede ser, que sean nuestros amigos y no lo sepamos.

Por eso, es muy interesante descubrir o saber  si tenemos o no amigos de verdad. Hagamos nuestras evaluaciones y análisis de las relaciones personales y lleguemos a conclusiones. Si el resultado es que tenemos amigos, hemos de tratarlos mejor que si fueren “compañeros“. Seamos amables y generosos con ellos ya que merecen toda nuestra estima , alta consideración y cariño. Especialmente  manifestada en el tiempo y la atención que les prestemos. Si, por el contrario,hemos descubierto que carecemos de amigos, bueno será saber que en estos tiempos, desvirtuadas muchas relaciones personales por la infección y contaminación del interés, la conveniencia y el utilitarismo, que nos hacen estar como en el medio de un desierto de afectos infinitos, son unos tiempos en los que quizá convenga sobrevivir con pocos amigos  o, mejor con ninguno. Recordemos el viejo refrán de :Más vale solo que mal acompañado-. Sin duda, muy acertado.

Desde nuestra infancia y durante la adolescencia, los seres humanos nos vemos obligados a caminar con la máxima precaución y en estado de continua alerta contra los ataques de otros seres humanos. No existen verdaderos amigos hasta que llega un compromiso, y no hay deber u obligación hasta que llega la madurez. Motivo por el cual los amigos verdaderos tardan en llegar, a veces, mucho. Otros se difuminan por momentos o permanecen opacos.

Lo importante es saber apreciar y reconocer la verdadera amistad, conocer lo que es, no contaminarla ni adulterarla y esperar a que llegue para disfrutar de su excelencia cuando surja o aparezca. Mejor que conformarse con lo que hay y confundir lo que se llama “compañerismo” en la profesión con la “amistad” de verdad. Porque si llegamos a este instante extraño, no la descubriremos ni disfrutaremos de ella nunca. Por otro lado, si exigimos mucho a un buen amigo y entregamos mucho cuando se reúnan las condiciones, podremos disfrutar del hermoso y raro tesoro de la amistad, sin condiciones, clara y verdadera.

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LA ENVIDIA: LA ENFERMEDAD DE NUESTROS DÍAS..,


Siempre la envidia fue perniciosa y nefasta en la humanidad desde los más remotos tiempos. Recordemos que Caín mató a Abel por la puñetera envidia. Es una de nuestras falsas amigas que se arrima a nuestros oídos y sentimientos como canto de sirenas, pero su consecuencia es dañina y traidora. Lo malo es que se presenta como una amiga fiel. Nos viene a susurrar lo que valemos, difícil de ponderar, pero, lo peor, es que nos incita a comparar y decir:¿ Cómo otro que vale menos y es menos inteligente logra llegar al éxito y nosotros no lo conseguimos?. Eso es frecuente en algún compañero nuestro, que lo vemos y reconocemos muchas veces, que engaña con patrañas de precios a otro compañero, animándole a entrar en una espiral de competencias despiadadas y a conseguir la destrucción de su propia empresa, tan sólo para lograr después la hegemonía de su zona.

La envidia es temor o miedo a no conseguir algo o no lograr a ser más capaz o competente en una profesión. Es como un gusanillo que nos carcome y corroe en nuestro interior. Nos enferma y debilita  llegando a hacernos peores e incapaces, porque nuestro esfuerzo se centra en considerar o admitir que por injusticia no sobresalimos más y, por tanto, resulta baldío e insensato intentarlo.  Como resultado criticaremos más a los demás y cada vez intentaremos menos lograr un objetivo nosotros mismos, excusándonos en lo injusto de que otros prosperen. La e”envidia” debilita y enferma al sujeto envidioso. La “envidia” devora  o engulle el poco optimismo, esperanza o capacidad regeneradora que nos queda en el cuerpo, tan necesarios  para afrontar una meta hasta lograrla. Nos hace esclavos y prisioneros de los demás y de sus triunfos. Nos paraliza, entristece y a la vez nos humilla.

Es preciso aprender a canalizar esos sentimientos naturales de deseo del éxito que vemos en nuestros competidores o compañeros. Si reconocemos y acostumbramos a reconocer y convertir en positivo la razón de nuestra envidia, mejoraremos nuestras sensibilidades y sentimientos,  y nos irá mucho mejor. Nos superaremos y llegaremos a ser mejores personas.

El problema, es soportar la envidia de los demás, a sabiendas de lo que hemos comentado antes.Porque en realidad los humanos no progresamos de forma natural en competencia, sino en líneas paralelas a los demás. Porque no existe un cambio de las vidas vencidas por las victoriosas, sino que el transitar por la vida es paralelo, cada uno por su propio rumbo.

El mejor logro o conquista del que envidia a otro, es que ese otro caiga en el agujero o precipicio del rencor, del odio, de la propia envidia, y pierda su propio resplandor,brillo, esperanza, optimismo, fuerza y seguridad, no consiguiendo continuar protagonizando las proezas que el envidioso desea. No existe nada más inteligente, fecundo, valioso y eficaz que responder con perdón y buenos sentimientos a la envidia venenosa, venga de quien venga: Nos fortificará y nos hará más útiles y ,a la par, felices.

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¿Cambio?…¿Revolución?…¿Parasitismo?..


Cuando las personas no se abren a modificar sus hábitos y costumbres, o sea, cambiar o hacer una revolución, mejor dicho, no cambian con el cambio, están cohabitadas y se hunden. Todo cambio que no cambie la mente, no es cambio. Los cambios, sin duda, fortalecen y vigorizan. Te hacen fuerte para lograr y culminar tus deseos.

Metámonos, en estos momentos precarios de las autoescuelas, con el cambio o, de lo contrario, este se meterá con nosotros cuando lo hagan otros. El éxito sería la mejor razón para cambiar las cosas. Ha de emplearse como un trampolín,  y no como una columna de adorno. La columna es estática y se presenta como un gran objetivo estacionario que facilita el ser derribado. El trampolín permite moverse  y saltar continuamente para alcanzar mayores alturas según el impulso a que sea sometido. La estabilidad y la permanencia absoluta en una profesión no son conceptos útiles en estos tiempos de tantos cambios. Miremos hacia nuestros ombligos. Si estamos ,en estos momentos, subidos al éxito, es la mejor razón, mientras se pueda, para cambiar las cosas.

Proponer ideas es la parte más fácil en cual quier proyecto, pero llevarlas a buen fin es lo más difícil. Llevamo cantidad de años sin ideas y siempre en lo mismo, que se lo digan a mi compañera y amiga de Baleares. cada vez a peor…

Nuestro profesionales de la formación vial deberían ser los encargados de transformar estas ideas en verdaderas acciones. La mayoría de nuestra gente le va mejor la rutina y se resiste al cambio, porque este proceso les moviliza , les desconcierta  e incluso les cabrea. Esta es una gran tarea, de por si arriesgada, que raya con la incomodidad, que muchos prefieren obviar para seguir en la zona de aparente confort y comodidad a que están acostumbrados.

Las personas exitosas siempre cambian,porque a menudo buscan mejorarse y llegar a la meta que culmine sus deseos y ambiciones. Si no te superas y perfeccionas continuamente otro u otros tomarán tu lugar y lo harán por ti.

Cuenta que en una ocasión Einstein puso un examen a sus alumnos ,estos alarmados le dijeron: –Profesor, las preguntas son las mismas del año pasado-, el respondió: –Pero las respuestas son distintas-. sin duda hay que alimentar la mente y el espíritu para avanzar. para lograr una mejora continua y permanente. Tenemos la obligación de invertir en nosotros. La calidad debe presidir siempre nuestro estilo de vida.

A nuestros alumnos, ante esas ofertas estrafalarias, embaucadoras y engañosas de ciertas autoescuelas, les recomendaría esta máxima: NO TE FIJES EN EL PRECIO,SINO EN LA CALIDAD DE LA ENSEÑANZA A RECIBIR, porque la “calidad de la enseñanza”  tendrá mayor impacto y beneficios que el precio. Donde ahora estás no es todo lo lejano que puedes llegar, solo es tu punto de partida. Cierto es que: si te resistes , no vives,  ni cambias, solo serás un “mueble” y te convertirás en un fòsil.

                                                                JMLM NW