¿Academias de Conductores o de Manejo, Autoescuelas o Centros de Educación y Formación Vial?….???????


Hacer comentarios o hablar cómo debe ser la formación vial en las autoescuelas, para que pueda ser interesante en el “cambio de actitudes” de los alumnos, supone audacia y un atrevimiento, por lo que previamente quiero hacer unas aclaraciones o consideraciones.

En primer lugar, quiero dejar claro o matizar desde mi humildad que no es mi pretensión o deseo dar lecciones a nadie y menos a ningún profesor de formación vial, de los que, de “algunos“, tenemos mucho que aprender en esta vida, máxime en estos momentos que el “acuerdo ruin de las escaleras” entre unos “villanos” trata de destruir, enmierdar, degradar o echar por los suelos los estatutos de una digna Federación que fue ejemplo durante muchos años para toda España por su buen hacer, acciones, compañerismo y contribución al bien común de todos. ¿Del día a la noche, cambiaron las cosas? ¿qué motivo oculto existe?¿Toca obtener algún premio o botín, para tanto interés?. Realmente,…¡Qué pasa?

Dejando atrás estas “vanalidades”, “desagradecimientos” e “incomodidades” de la vida, solo pretendo o deseo aportar, insisto, con humildad, algunas ideas o reflexiones de un anciano incompetente y vacío de ideas, próximo a la demencia senil según unos “listillos”, eminentes  y jóvenes valores, por si sirven o pueden  contribuir o ayudar a mejorar la formación vial y, sobre todo, el “cambio de actitudes” de los alumnos que acuden a las autoescuelas con la intención o finalidad de aprender a conducir vehículos automóviles.

En segundo lugar, soy consciente de que algunas cosas que voy a enumerar sobre la formación vial son muy deseables, pero no son todas posibles o se acercan a la utopía en esos momentos. Pero las ideas y pensamientos se aportan para ver si con el tiempo y la razón se puede conseguir ponerlas en práctica, al menos algunas de ellas. Tenemos suerte de tener en estos momentos un buen Director de la DGT, inteligente, receptivo y un buen equipo en su entorno como colaboradores que le acompañan para el buen fin de la Educación/ Formación vial.

Por otro lado, tengo el convencimiento que todos coincidimos en que trabajar solo las “aptitudes“, las capacidades y no hacerlo en las “actitudes” no es suficiente si se quiere consolidar un buen modelo de formación vial

Por todo ello, no voy a tener la pretensión, atrevimiento,arrojo u osadía de hacer con tan pocas palabras un programa completo de formación vial en el “cambio de las actitudes“. Si no tratar conceptos con humildad, de forma sencilla, lógica y razonable.

Incidir en “actitudes” y mejorar  el sistema de formación vial en las autoescuelas no es  baladí ni nada fácil. Son muchos y muy complejas las cuestiones a considerar, por lo que  se puede dividir el el tema y considerar en varias dimensiones  o ámbitos. que deberían tenerse en cuenta si se desea trabajar las actitudes en la formación vial.

Todo esto puede parecer algo teórico, de demencia senil de un soñador, o que carezca de interés, pero puedo asegurar que no se trata de eso. Según la concepción que tengamos del siniestro en el tránsito o de la seguridad vial, se desprende una forma u otra del sistema de enseñanza o aprendizaje de los conductores en las Autoescuelas o Centros de Formación Vial.

Durante muchos años se pensó que el problema del siniestro en el tránsito solo estaba  en la ejecución incorrecta de las maniobras o manejo del vehículo, por lo que las estrategias formativas se dirigían exclusivamente en potenciar las “aptitudes“, mediante el sistema tradicional y clásico de enseñanza de destrezas y habilidades del manejo del volante, algo que ha estado en uso siempre en las viejas concepciones de las autoescuelas, que en algunas aún se mantienen, no solo en los países hermanos iberoamericanos, también en España, con una parte teórica apps de algunas autoescuelas mercantilistas que para practicar el “low cost”, tan bendecido por la CNMC, solo enseñan a sus alumnos trucos o a memorizar preguntas y respuestas para superar la prueba exigida para “sacar” el Permiso de Conducir.

En la década de los años cincuenta se llega al resultado y conclusión definitiva de que los siniestros en el tránsito no son solo consecuencia del mal manejo o ejecuciones incorrectas de las maniobras en el volante. Se llega a conclusiones que un adelantamiento no se hizo mal, es que no se debería haber realizado. Que el problema del siniestro vial, normalmente y la mayoría de las veces, está en el momento previo a la maniobra, en lo que podríamos calificar o denominar como fase de “la toma de decisiones“. Ese preciso momento, los conocimientos, conceptos viales, la buena educación/formación vial y, sobre todo, las actitudes, valores, comportamientos y responsabilidad del conductor desempeñan un valor necesario y fundamental.

Según sean las “actitudes” de los conductores y su formación vial presencial en el aula de las autoescuelas en conocimientos claros de interpretación racional de las normas y reconocimiento de los valores de las señales, los factores de riesgo como: el consumo de drogas y alcohol, sus efectos dañinos y peligros sobre el cuerpo humano en el momento de la conducción, las distracciones al volante, el uso inadecuado de la velocidad, los medicamentos, etc.. , van a influir en las decisiones que se van a tomar y el estilo de conducción va a ser muy diferente. Es pues evidente,que en el proceso de enseñanza no basta que se memorice lo que dicen las normas ni se aprendan de memoria las señales, es ir mas lejos, generar en las autoescuelas un prestigio por buenos conocimientos  y preparación, para llegar a ser ser necesarias, imprescindibles e importantes para la sociedad, contribuir a la disminución de los siniestros en el tránsito formado buenos y responsables conductores y con ello mejorar la salud pública.

Tengo el convencimiento pleno, que estos “centros docentes” deberían ser los mejores lugares o sitios idóneos para la formación de “actitudes” en los futuros conductores o para la renovación de conocimientos de los ya existentes. El nombre que se les da, no es el adecuado. Ese nombre Autoescuela o Academia de Conducir o de de Manejo, responde al viejo modelo “aptitudinal” (conseguir destrezas y habilidades de los conductores al volante) de lo que se creía era el tránsito o la conducción y la seguridad vial, aprender a manejar un automóvil. Si los educadores/formadores se llaman Profesores de Formación Vial no tiene sentido llamar a estos centros autoescuelas o academias de conducción o de manejo.

Si hablamos de “actitudes“, un cambio de nombre de las autoescuelas no estaría mal visto y sería más lógico llamarles a estos centros de “Educación y Formación Vial“, y una mejor imagen para los alumnos que accedieran a los mismos que irían para ser bien formados y aprender algo más que el manejo o manipulación de un vehículo automóvil y memorizar unas normas elementales.

También, podemos creer y pensar,que este “cambio” de nombre generaría una imagen social de “cambio”, renovación del sector y profesión, con mayor acoplamiento y adaptación a los nuevos tiempos y adelantada sociedad, así como las nuevas concepciones  en materia de seguridad vial y movilidad sostenible. Los alumnos entrarían en estos centros con una “actitud” diferente de lo que allí pretenden aprender.

                                                  José Manuel López Marín

 

El “factor humano”, importante y determinante en la mayoría de los siniestros en el tránsito. Formación informal en las Autoescuelas


Como ya he comentado en otras ocasiones, el “factor humano” es muy importante y determinante en la mayoría de los siniestros en el tránsito en las vías públicas. Es fundamental y necesario para resolver todos los conflictos en el tránsito actual, para dotarlo no solo de conceptos, conocimientos, destrezas y habilidades para enfrentarse al nuevo fenómeno circulatorio, sino que también debe intervenir, de forma constructiva, en el comportamiento y la responsabilidad en el uso de las vías públicas que deben asumir los futuros conductores y la renovación de conocimientos de los ya existentes; todo ello, mediante una eficaz y reglada “educación/formación” presencial en las aulas de las autoescuelas, tanto en valores como en actitudes adecuadas para mejorar las relaciones sociales y aprender a convivir en una sociedad avanzada y en continua evolución.

Esta educación/formación vial debería tener un marcado carácter sistémico y permanente, desde el ámbito familiar, desde la educación formal a la informal, a lo largo de todo el ciclo vital de los individuos, dado que la conducta del ser humano es definida desde su infancia, ya que es tomada, generada o recibida del entorno en que vive o le rodea.

En este sentido, España y muchos países iberoamericanos, han ido por el camino del progreso a lo largo de estos últimos años. Desde el año 1926, en el que se publica el Primer Reglamento para Vehículos a Motor, se ha avanzo mucho  en el campo de la Seguridad Vial y la Movilidad Sostenible, pero a nivel educativo debemos admitir y reconocer que nos hemos quedado atrasados u obsoletos y, prácticamente  en un cúmulo de rutinas, querer hacer y buenas intenciones.

Con la ayuda de la Pedagogía, la Didáctica, la Psicología y otros conocimientos que faciliten una buena comunicación, las autoescuelas pueden ser unos excelentes auxiliares para potenciar la Seguridad Vial, Transporte y la Movilidad Sostenible y conseguir buenos resultados, dado que: La “Educación Vial”, es una educación formal en actitudes y comportamientos dentro del sistema educativo, desarrollada oficialmente  por maestros y profesores de EGB. y la “Formación Vial“, es una educación no formal, más bien instruccional, llevada a cabo por otros colectivos, como las Academias Particulares de Conductores, de carácter extraescolar 

Como en toda reforma educativa, lo primero en modificarse ha de ser la “legislación“, que ha de ser mesurada, lógica y racional, pero, a la vez, debemos reconocer que una revolución o cambio en los estamentos superiores de un sistema educativo no es un indicativo claro de que se haga bien o complete en el resto de ese sistema y, no asegura que ese cambio se implante en el último, pero no menos importante, eslabón de esta cadena que son los alumnos.

En cuanto a la Educación Vial dentro del sistema educativo, se ha mejorado en ese cambio de forma progresiva. Después de cantidad de reformas educativas de diferentes gobiernos, asistimos a la llegada de la LOGSE (Ley  de Ordenación General  del Sistema Educativo) al contemplar la Seguridad Vial dentro de los “currículum educativos” de los centros. Pero, desgraciadamente, su presencia se ve limitada por tratarse de un “tema transversal“, al no estar asociada a ninguna asignatura, ni ser un área independiente. Su función tiene carácter interdisciplinar y globalizador.

Por tanto, aunque se observa como legalmente está implantada en los centros educativos, se constata y comprueba que sobre un 72% de los centros dedican poca o casi ninguna atención o consideración a estas tareas educativas en las vías.. Un porcentaje muy bajo no las tiene en consideración o estiman que carece de importancia y pasan de ella.

Sin duda alguna, que todo es debido a que la formación de la mayoría del profesorado en cuanto a Seguridad Vial es prácticamente inexistente o nula. Por lo tanto, el profesorado solo puede recurrir a echar mano y coordinar a otros colectivos implicados en el tránsito: Policías locales especializados en este tema, parques infantiles de la DGT y Profesores de Formación Vial con una formación específica y cualificada para ejercer estas tareas educativas.

                                                            José Manuel López Marín

Las autoescuelas y su labor importante y necesaria en el cambio de actitudes y comportamientos de los futuros conductores de vehículos automóviles


No existe la menor duda que la velocidad es uno de los factores de riesgo más importantes y para tener muy en cuenta. Hablar o tratar algo sobre la importante labor que realizan en la sociedad las autoescuelas o centros de formación vial, creo es un atrevimiento hacerlo en tan breve tiempo y con pequeños comentarios. No digamos del cambio de actitudes, sería casi una osadía o una acción temeraria. Por lo que, con serenidad, seriedad y la humildad de mis conocimientos,  trataré de definirme en el problema, realizar algunas reflexiones y hacer, con atrevimiento, un inventario de posibles líneas de actuación en este tema, siempre muy alejado de las “purgas Stalinianas” o “cosas raras o extrañas” que están sucediendo en nuestra organización de Madrid o los recuerdos de la guillotina en la época de Luís XVI y su bella esposa María Antonieta o de las intrigas oscuras, ambiciosas, usurpadoras del nuevo “vividor” y “medrador“: el Fouché orensano, ya no digamos, de alguna “rata” sureña, que si se volviese a reencarnarse Jesucristo, no dudaría en volver a venderlo por un plato de lentejas o menos.

Todos hemos oído muchas veces, que para acabar con los siniestros en el tránsito es necesario un cambio de las actitudes de los conductores. Pues bien, según los entendidos y expertos en esta materia.<<Las actitudes, son una predisposición aprendida, relativamente estable, de valorar y actuar, ante determinadas situaciones de riesgo>>, estos estudiosos del tema, descubrieron que las actitudes ante el cinturón de seguridad, la velocidad, el casco, las drogas, el alcohol,  las distracciones por el teléfono móvil, el poco respeto a las normas y las señales, etc…. modulan en gran valor y cantidad la “toma de decisiones” en el tránsito y la proclividad al siniestro en las vías.

Todo, nos hace pensar…¿Cuáles deberían ser las principales estrategias o actuaciones para conseguir el cambio de actitudes?

Una muy importante es, la educación vial en los colegios o campañas puntuales al respeto, hechas de tal forma para consolidar actitudes positivas en una etapa del niño muy sensible y especialmente muy receptiva y a la vez vulnerable.

Si embargo, en esta etapa de educación, se está observando con preocupación como algunas instituciones privadas, están cometiendo graves errores, al no tener claro un modelo de educación  vial, ya que están confundiendo “educación vial” con “formación vial“, adelantamiento en este periodo de enseñanza a los niños lo que es más propio de la formación en las autoescuelas por profesores de formación  vial de calidad y bien preparados para estas funciones o tareas.

Lo ideal sería que antes de recurrir a estrategias para el cambio de actitudes negativas, Sería lógico evitar que estas se produjeran. Esto es lo verdaderamente grave y a evitar o prevenir, ya que, como todos sabemos, cuando los adolescentes llegan a los dieciocho años y utilizan un potente vehículo con motor, en cantidad de ocasiones, ya han pasado previamente por una serie de fases de creación de actitudes negativas, que van a tener una fuerte influencia, arraigo o peso en sus conductas viales.

Por otra parte, las campañas de formación de los medios de comunicación o redes sociales, no pueden ni deben  ser solo de dirección generalizada como ocurre en algunos países, sino que también deben estar diseñadas en grupos de riesgo concretos, abordando especialmente y de forma específica en su contenido los motivos de una conducta de riesgo, si pretendemos o deseamos lograr un verdadero “cambio de actitudes“.

Si pensamos en el vehículo, también disponemos de una gran variedad de estrategias para el cambio de actitudes, especialmente pensando en el diseño ergonómico. Todos sabemos que la “actitud” hacia el uso del casco, se modificó severamente o radicalmente  cuando se descubrió la posibilidad de guardarlo bajo el asiento  como hacían muchos usuarios, ya que una  de las causas de no llevarlo  era el no saber dónde dejarlo tras realizar una parada.

En lo referente a las vías, la posibilidad de introducir modificaciones para cambiar o facilitar el cambio de actitudes son extraordinarias y variadas que algunas veces olvidamos. Existen determinados diseños de vías urbanas y marcas viales que cambian considerablemente la percepción y la actitud hacia la velocidad. Un caso es la iluminación del paso de peatones, con ello es potencia el respeto de los conductores hacia estas personas vulnerables y potencia su uso por los mismos con lo que se consigue una disminución de la siniestralidad en cifras considerables, próximas al 30%.

Por último, la sanción como elemento del cambio de actitudes ante las normas y las señales. Sin duda, la sanción más eficaz es la que se aplica y se comunica de manera inmediata  a la realización de la infracción. Por otro lado, la sanción económica inhibe pero, en la mayoría de las veces, no modifica el comportamiento. Que el efecto económico de la sanción debe ser proporcional al nivel de ingresos del conductor.Que “sancionar a un ignorante es un pecado” por parte de la Administración, ya que no modificará la conducta del conductor si no conoce los peligros reales de su infracción, si antes no le han enseñado o no se lo han comunicado. Las dudas ,que pueda tener el conductor infractor, que al resto de los conductores se les aplique con el mismo rigor la sanción. Que el conductor vea una proporcionalidad entre la sanción económica y la gravedad del precepto infringido.

                                                  José Manuel López Marín

¿Están en periodo de evolución las autoescuelas o centros de formación vial, o están lastradas por intereses económicos de determinados grupos?


Son centros que se encuentran en un momento peligroso, crítico y decisivo, con muchas posibilidades de desaparecer en estos momentos de grandes evoluciones o cambios en los sistemas educativos/formativos, con un creciente y desmesurado aumento de los siniestros en el tránsito por el desconocimiento o ignorancia de las normativas, señales viales y muchos de los factores de riesgo en el uso de las vías públicas.

Como profesionales desarrollamos nuestra actividad en un mundo en el que las nuevas tecnologías están revolucionando todos los sectores de la vida y, entre otros, el tránsito de los vehículos automóviles por las vías públicas. Por tanto, asistimos y somos participes de un aumento constante y progresivo de los factores de riesgo que intervienen en el fenómeno de la movilidad sostenible y la seguridad vial en la circulación no contaminante de los vehículos automóviles por las vías.

Debemos sentir una obligación y una necesidad, no solo de asistir a un poderoso avance de las nuevas tecnologías, sino que exista una revolución moral y social de todos los partícipes en e el tránsito, puesto que, como es sabido de todos, el factor humano es al que se le atribuye la nada respetable cifra del 94% de los siniestros viales. factor en el que debemos poner interés y esforzarnos los profesionales que nos dedicamos a la formación vial y seguridad vial, hasta tal punto de ser observados y tenidos en cuenta por la sociedad civil como “importantes y necesarios” para colaborar en una mejora de la salud pública.

Todo ello, nos lleva a la obligación a crear dentro de esta sociedad moderna y avanzada una nueva”filosofía  y conciencia vial” de este gran problema social. Y, después de nuestra larga experiencia profesional en la formación de conductores que nos da el tiempo, los estudios científicos de diversas universidades, expertos de alto nivel de la DGT y de otras instituciones u organizaciones involucradas en esta materia, la solución se centra en el cambio pedagógico, de la necesidad de una enseñanza obligatoria mediante “programas” lógicos, racionales y efectivos de los factores de riesgo que intervienen en la circulación, bien vigilados y controlados por la Administración, desarrollados por profesores de formación vial altamente cualificados y en el aula de la autoescuela; se precisa urgentemente un cambio educativo/formativo de los futuros conductores. Dejémonos de considerar las chorradas y recomendaciones de la Comisión Nacional de Mercados y Competencia (CNMC), que pueden hablar de la competencia del los precios de las patatas en un mercado de abastos, pero nunca del la formación de calidad para prevenir la muertes de las personas  en las carreteras y su forma de hacerla ,que ahí sí que no se deben discutir precios ya que hablamos de vidas humanas. Esa tarea es más recomendable tener en cuenta los consejos, consideraciones y recomendaciones de los que han sufrido el dolor de las pérdidas de su seres queridos, las asociaciones que buscan el bien común, como son las de las víctimas en accidentes de tráfico u organizaciones con el mismo fin. A esa respetable CNMC, deberíamos recordarles el dicho: <<Zapatero a tus zapatos>> y a muchos políticos cautivos de los votos. Puesto que la modificación de las conductas de las personas debe ser un cambio o revolución  de valores, comportamientos y actitudes de los nuevos conductores, mediante un buen aprendizaje en el aula de las autoescuelas para conseguir unos buenos conductores, responsables y seguros ene el uso de las vías púbicas y, diestros y hábiles en el manejo de esas terribles máquinas que son los vehículos automóviles. Afrontar esta misión  u objetivo es una tarea ardua,  difícil y de sacrificio humano para los profesores de formación vial de bien, ya que no solo se trata de reeducar, sensibilizar y concienciar a los conductores como se hace en el Permiso por Puntos, donde su aplicación consiguió, en nuestro país, su objetivo de la disminución de la siniestralidad en el tránsito rodado. Se trata de ir a la base de “educar/formar” a toda una sociedad que tiene unas costumbres y arraigados unos conocimientos previos viciados, ya obsoletos y un pasotismo social profundo. Esa limitada sensibilización y conciencia social, que nos aletarga y nos hace permanecer en la indiferencia e impasibles ante el goteo permanente de víctimas en el tránsito, se olvida de cuantificar, ya que recuerda con más facilidad las doscientas personas que murieron por un atentado el 11M en la estación de Atocha (para nunca olvidar), pero se acostumbra y toma con indiferencia los mil doscientos ocho que hubo el año pasado como consecuencia de los accidentes de tráfico que se van sumando a los de años anteriores. Luego, ¿el factor humano hay que tomarlo en consideración en la formación de calidad de los conductores y es determinante?, entonces…??????????, Sres de la CNMC no hagan valoraciones  ni divagaciones absurdas que lo más importante es una formación de calidad de los conductores, y,  no es una cuestión de precios.

                                              José Manuel López Marín